EL MUNDO COMO LO VEMOS NOSOTROS: PUNTOS DE REFERENCIA

INTRODUCCIÓN

Desde su inicio, Perspectiva Internacionalista (PI), ha sostenido la importancia de la teoría revolucionaria porque, en nuestra opinión, la revolución comunista sólo puede ser un acto conciente de transformación social, no algo en lo que la clase obrera tropieza inconscientemente, conducida automáticamente por crisis y calamidades.  Pero nosotros también creemos que la teoría revolucionaria no es un producto acabado, que no es un programa preexistente que simplemente debe ser asimilado y aplicado.  Ambas ideas erróneas estaban y están presentes en la Izquierda Comunista tradicional, la corriente política dentro de la cual nuestro grupo tiene su origen.  Nosotros nos seguimos identificando con la Izquierda Comunista, con su lucha contra la degeneración de la Segunda y Tercera Internacionales, con su defensa inquebrantable de las posiciones revolucionarias incluso en el peor de los tiempos.  Ahora bien, algunos de ellos llegaron a creer que la teoría es irrelevante porque la clase trabajadora simplemente va a estar obligada por las condiciones económicas, a abolir el capitalismo, mientras que otros afirmaban que la teoría revolucionaria esta´esencialmente acabada y simplemente necesita ser absorbida por la clase. Es esta última visión la que condujo a una escisión en 1985 entre quienes formarían PI y la organización de la cual éramos parte entonces, la Corriente Comunista Internacional (CCI).

En ese año, la CCI adoptó la posición según la cual la ”conciencia de clase” es diferente de la ”conciencia de la clase”, que la teoría marxista encarna a la primera y que se requiere un ejército de militantes cada vez mayor para difundir la primera en la segunda. Este dogma no podía ser cuestionado, y a quienes lo hicieron se les mostró literalmente la puerta.

Así que, fue en primer lugar nuestra visión de la teoría revolucionaria lo que nos diferenció del grupo del cual nos separamos.  De hecho, en un principio nosotros seguíamos llamándonos la ”Fracción Externa de la CCI” (FECCI) para indicar que no nos distanciábamos de la plataforma de la CCI, sino de su visión de la teoría revolucionaria y de las consecuencias que implicaba. Efectivamente, como esa teoría, para la CCI, estaba lista, su centro de atención era, y sigue siendo, como expandirse como organización para cumplir mejor con la tarea de propagar la teoría.  Tuvieron lugar discusiones sobre la base de ese objetivo supremo, pero no hubo paciencia para quienes consideraban que la teoría tenía faltas, para quienes veían la necesidad de cuestionarla, de criticarla y desarrollarla. La evolución posterior de la CCI ilustra ampliamente las tristes consecuencias de esa visón calcificada de la teoría.[1]

Por el contrario, lo primero que nosotros dijimos acerca de nuestro proyecto, en el resumen de nuestras posiciones en la contraportada de nuestra revista, fue que nos basamos en el marxismo, pero como una ”teoría viviente, en la que se puede volver a sus fuentes, criticarlas, y desarrollarla mano a mano con la trayectoria histórico-social.” Y también: ”PI no pretende darle a la clase un programa político acabado, sino participar en el proceso general de clarificación que se desarrolla dentro de la clase trabajadora.”

Para nosotros, ese proceso de clarificación requiere el desarrollo de la teoría que sólo puede darse a travez de discusión, confrontación de posiciones divergentes, cuestionando lo que se ha dado por sentado, estando abierto a nuevas ideas, profundizando nuestro análisis de las siempre cambiantes condiciones económicas y sociales.  Desde el comienzo estaba claro para nosotros que esa no era exclusivamente nuestra tarea y por lo tanto nos orientamos hacia otros grupos e individuos pro-revolucionarios, invitándolos al debate, impulsándolos a abandonar prácticas sectarias y competitivas. Nosotros ponemos énfasis en que, para que ese debate sea fructífero, cualquier forma de intimidación debe ser rechazada, argumentos basados en la autoridad (de Marx ó de quien sea) no cuentan, y por supuesto, la violencia ó amenazas son totalmente inaceptables. El desarrollo de la teoría significa profundización de nuestra comprensión de la realidad.  Por lo tanto, debe estar basado en el estudio de la realidad, de la historia así como de las condiciones actuales. Pero también debe estar basado en la intuición y la experiencia, en la participación en las luchas de la vida diaria. Cuestiones teóricas son siempre cuestiones políticas; teoría y praxis política están íntegramente conectadas. PI rechaza el enfoque de la teoría como algo exterior a la política, así como la visión que separa el trabajo teórico de la praxis de la vida propia.

Ese enfoque de nuestra tarea política nos alejaba de nuestro punto de partida, la plataforma de la CCI, cuyos defectos teóricos se hacían cada vez más claros para nosotros. Por eso nosotros abandonamos el nombre Fracción Externa de la CCI y adoptamos el nombre de nuestra publicación. En 1994, publicamos un texto denominado ”El mundo como lo vemos nosotros: Puntos de referencia”[2] en el cual sintetizábamos nuestros análisis general, basado en los cambios actuales de la sociedad y en el trabajo crítico-teórico que habíamos hecho hasta entonces.  Pero ese trabajo aún no había llegado a profundizarse lo suficiente para deshacernos de los vestigios mecanicistas, deterministas, del marco de referencia del Marxismo tradicional, y todavía estábamos por descubrir algunas de las ideas cruciales de Marx, tales como su comprensión del fetichismo de la mercancía, lo cual, para el ”Marxismo tradicional,” [3] son meramente nociones abstractas e inconsecuentes. La mayor parte del trabajo teórico de PI ha sido hecho después de que escribimos el Texto de Referencia de 1994.  Además de nuestros propios esfuerzos (en el estudio y desarrollo de la teoría de la crisis, el análisis de la reestructuración del capital y la recomposición de las clases, capitalismo de Estado, la trayectoria del capital, la historia de la lucha de clases, etc.) nos han ayudado mucho: el conocer los textos que Marx escribió al final de su vida y que, hasta bastante recientemente, no habían sido publicados;  el desarrollo de la teoría pro-revolucionaria Marxista fuera de la Izquierda Comunista tradicional ( como Wertkritik y los Communisateurs ); la investigación y el análisis de no-Marxistas, y los medios brindados por Internet para el debate y la comunicación.

Nosotros pensamos que nuestra comprensión de la realidad se ha profundizado. El texto que escribimos en 1994 ya no es una presentación adecuada de ”El mundo como lo vemos nosotros”. Por eso hemos escrito un nuevo texto de referencia. Todos los miembros de PI han contribuido y lo hemos discutido a fondo. Aunque no lo vemos como un texto acabado. Somos conscientes de que aún queda mucho trabajo por hacer, especialmente en lo que respecta a los procesos de la conciencia, en la búsqueda de los puntos débiles de la reificación. Pero aquí está. El mundo como lo vemos nosotros. Anno 2016.

  1. El Capitalismo está destruyendo nuestro mundo

 

 

  A pesar de los crecientes desastres, a pesar de las advertencias de sus propios científicos, el Capitalismo continúa saqueando el medio ambiente y causando cambios climáticos catastróficos porque la necesidad de buscar la ganancia y acumular valor supera toda otra preocupación.

A pesar de lo evidente de que restringir la demanda empeora su exceso de capacidad, el Capitalismo no puede actuar de otra manera que imponer austeridad, atacar los sueldos y especialmente el sueldo social ( jubilaciones, cuidado de la salud, subsidios de desocupación, etc.) porque la fuente de su ganancia es la explotación.  Forzado por su propia crisis, el Capital tiene que tratar de intensificar la explotación y reducir los costos que no generan ganancias, sin importar las consecuencias sociales.

 

A pesar de la presencia del conocimiento social y los medios de producción que harían enteramente posible la erradicación de la pobreza, el Capitalismo crea cada día más hambre, más falta de vivienda, más barrios marginales, más enfermedad, inseguridad y ansiedad, más depresión y suicidios.

A pesar del hecho de que la nueva tecnología de información tiene el potencial de crear tiempo libre para todos, es manejada por el Capitalismo para la búsqueda de la ganancia, y es usada para incrementar la intensidad de trabajo para algunos y para hacer superfluos a otros.  El Capitalismo utiliza la tecnología de información para integrar a todo el mundo, pero también para expulsar a más y más gente de su línea de montaje, y de este modo destruye sus condiciones de supervivencia. Incluso en los países más desarrollados, esa es la dirección que el Capitalismo está tomando inevitablemente.  La precariedad, la inseguridad con respecto a ni siquiera tener un trabajo, está siendo una característica permanente y omnipresente de la existencia del proletario en la época actual. Pero en los países más pobres donde la crisis ha generado un desempleo masivo y guerra, la tendencia es más grave. Nunca han habido tantos migrantes – 59 millones – como en este momento. Desesperadamente, ellos tratan de escapar, como los pasajeros debajo de la cubierta del Titanic hundiéndose trataban de correr hacia arriba, donde una orquesta estaba tocando y todavía nadie se estaba ahogando.

A pesar de la evidencia de que los peligros que enfrenta la humanidad requieren soluciones globales, el Capitalismo, con su fundamento en la competición, es incapaz de proveerlas. En lugar de ello, su crisis intensifica la competencia por todos los medios posibles. Incita a la corrupción, el crimen y las guerras.  Religión, etnicidad, nacionalismo y otras ideologías son usadas para enmascarar el hecho de que esas guerras son, esencialmente, luchas por la posesión de capital.

Vivimos en una época de crisis: Crisis de la relación entre la humanidad con la naturaleza;  crisis de la reproducción social de una parte cada vez mayor de la población mundial;  crisis económica;  crisis financiera;  crisis de la salud mental;  crisis existencial y así… Sus causas son complejas y diversas y de hecho lo son, pero todas tienen lugar ante un fondo común, la conquista del mundo por el Capitalismo. El Capitalismo ha penetrado, ha desarrollado y unificado a la sociedad humana[4] en su totalidad. Al hacerlo, ha creado un mundo en el cual ya no encaja. Como resultado, la contradicción entre las necesidades humanas y las necesidades del Capital se hace cada vez más marcada.  Esto es lo que alimenta y unifica todas esas diferentes formas de crisis.

El Capitalismo nos conduce hacia la auto-destrucción.  La única manera de detener esto es destruir al Capitalismo. El conflicto fundamental de nuestro tiempo está entre la lógica del Capitalismo y la voluntad de la humanidad de sobrevivir, expresada en la resistencia del proletariado.  Pero ? qué implica esa lógica del Capital? ?Qué es exactamente el Capitalismo?

  1. ?Qué es el Capitalismo?

 

Históricamente, el Capitalismo aparece como una forma específica de organización social, un sistema singular que se mantiene a sí mismo sólo sobre la base de su implacable expansión económica. Por supuesto, todas las formas sociales deben reproducirse a sí mismas, pero sólo el Capitalismo se sitúa a sí mismo en y por su propio crecimiento económico.  En otras formaciones sociales, la producción está al servicio de la vida social.  En el Capitalismo, por el contrario, la vida social está enteramente al servicio de la producción y la ganancia es su único objetivo. La consecuencia de ese imperativo a la expansión ha resultado en la monetarización de todos los aspectos de la vida así como la monetarización de todos los recursos del medio natural. Al final, todo va a tener su precio.  Esa cuantificación de la vida, via el nexo del dinero, ha erosionado los vínculos humanos más esenciales que forman la base de la comunidad humana.  A veces, esa erosión ocurre gradualmente e incluso imperceptiblemente; otras veces, violentamente como lo fue durante la colonización o la actual transformación de la tierra en una fábrica global.  Los ideólogos del Capitalismo nos quieren hacer creer que el Capitalismo es el resultado de ” la tendencia natural humana al trueque y el intercambio”, a su ventaja personal, como bien lo escribió Adam Smith; es simplemente la expresión social de la naturaleza humana. Pero la historia del Capitalismo nos relata algo muy diferente.  Desde su comienzo, hasta todo lo que vemos ante nosotros hoy en día, el Capitalismo tiene una historia escrita con sangre e inmundicias.  Esa historia incluye: la privatización forzada de la tierra comunal (el cercado), el trabajo forzado mediante las leyes contra el vagabundeo (la falta de vivienda), colonización, la trata de esclavos, el trabajo infantil, las zonas de comercio económico militarizadas, la apertura y el cierre forzados de mercados, y las guerras interminables de competencia económica; todo esto directamente atribuible a las necesidades expansivas del Capitalismo.  Los ideólogos nos quieren hacer creer que el Capitalismo es un sistema estable descrito como un equilibrio dinámico que continuamente se renueva para mejorar la vida de la multitud.  A veces el Capitalismo tiene la apariencia de estabilidad en los países céntricos, pero, en su margen de expansión, el Capitalismo siempre ha presentado un salvajismo que excede la imaginación.  Como el Capitalismo compite dentro de sí mismo para acelerar el imperativo de producir – -entrando en una face que hoy podríamos llamar de ”hiper-industrialización”[5] – – simultáneamente deja atrás, incluso en los países centrales, un resto colosal de recursos humanos y naturales. Detroit es sólo un ejemplo de esos páramos modernos.  Así como produce una riqueza espectacular a mayor velocidad, el Capitalismo produce aún más rápidamente una degradante y demoledora pobreza global lo que ha generado la mayor migración humana de los tiempos modernos.

Dada su tendencia histórica a expandirse por expandirse – devorando implacablemente nuestro futuro, dada la miseria que acompaña su producción de riqueza y dada la profundidad de la crisis actual, ?cómo se mantiene el Capitalismo a sí mismo?  En última instancia, se defiende contra toda oposición con la policía y la fuerza militar, pero infinitamente más efectiva es la incorporación directa de la subjetividad social dentro de los mecanismos productivos de la vida diaria.  Es el sujeto monetarizado que reproduce las relaciones sociales capitalistas incluso en las más mínimas actividades.

En términos básicos, el Capitalismo es el resultado de una convergencia única entre 1) una fuente abundante de trabajo ”libre”, 2) una acumulación de capital en su forma de dinero y 3) el surgimiento de un aparato estatal capaz de regular un nuevo régimen productivo/distributivo.  Trabajo ”libre” en este caso significa trabajo proletarizado ó una masa de trabajadores que no poseen medios propios para reproducir sus vidas en forma autónoma y están por esto obligados a vender su fuerza de trabajo como unidad de tiempo por un sueldo ofrecido por el capitalista.  Los trabajadores son ”libres” en el sentido de que pueden elegir vender su fuerza de trabajo al mejor postor ó no venderla; muy diferente a los sistemas pre-capitalistas donde el trabajo era una obligación política, social ó incluso espiritual.  En las formas de sociedad pre-capitalistas, la riqueza excedente creada por el trabajo era expropiada del trabajador/ campesino directamente y en forma visible.  El Capitalismo, sin embargo, plantea una nueva forma de expropiación enterrándola profundamente en el proceso de producción mismo, en lugar de en la esfera de la circulación, donde puede ser vista por todos.  Esta nueva relación económica absuelve al capitalista de toda obligación social, política y espiritual con la sociedad.  De hecho, el intercambio entre el trabajador y el capitalista – – tiempo de trabajo por un sueldo – – aparece como un intercambio igualitario acordado sin coerción social ó política.  Los trabajadores acuerdan que su tiempo de trabajo vale el sueldo ofrecido y así todas las obligaciones recíprocas están plenamente cumplidas al final del día de trabajo. Esto es, al menos, la apariencia.

 

Para mediar en esta nueva relación, el Capitalismo además requiere que la riqueza sea expresada y circule en forma de dinero.  Es mediante la forma de dinero como se oculta la expropiación. La característica esencial del dinero es que hace posible la apariencia de una forma universal de valor mediante su intercambio continuo, no equiparando una mercancía con otra sino equiparando a todas las mercancías entre sí, mediadas por el intercambio monetario.  Así el dinero se transforma en la expresión universal del valor.  Pero ?de qué es expresión el valor? El Capitalismo ha situado al valor no en la mercancía misma como objeto particular sino más bien como medida del promedio de tiempo de trabajo requerido para producir el objeto.  De ese modo el capital hace que todas las mercancías existentes sean conmensurables en base al trabajo y puede así afirmar que las mercancías se intercambian por su valor real, es decir el costo total de producción. El valor mismo acecha sobre un continuo estado de transformación: el dinero se convierte en maquinarias, materias primas y trabajo; las materias primas, maquinarias y trabajo se convierten en mercancías; las mercancías se convierten en dinero otra vez y el ciclo continua indefinidamente en un espiral cada vez más amplio.  Toda la sociedad, ahora medida en valor, se convierte en una apariencia fugaz. Ganancia y acumulación de capital son derivados de una porción no pagada del día de trabajo, la fuente oculta de la expropiación. (Ver Marx, Capital vol.1)

El Capitalismo aparece entonces como una amplia red de intercambios donde todos los bienes circulan a través del flujo infinito de dinero.  En la superficie, el dinero parece ser el garante último de la libertad y la igualdad.  En el campo de la circulación, el punto en el cual los bienes son distribuidos, todos son iguales, sin privilegios especiales, gobernados por una total simetría social.  El dólar de una criada tiene el mismo valor que el dólar que está en el bolsillo del barón del petróleo.  Cada uno es igualmente libre de disponer de ese dólar como corresponde.  Ciertamente, ese es finalmente el sentido de la libertad y la igualdad dentro del contexto del Capitalismo y la fuente del poder extraordinario que el capital tiene sobre sus sujetos.  Sin embargo, en el campo de la producción existe una relación de poder asimétrica entre el comprador y el vendedor, una falta de libertad que no aparece directamente en el intercambio. El hecho de que el trabajo es cambiado por dinero significa esencialmente que esa falta de igualdad y coerción se ocultan tras la fachada de igualdad e intercambio libre.  Y ese es ciertamente el rol histórico del Estado en el Capitalismo, garantizar la permanente asimetría entre el trabajo y el capital, garantizar que el trabajo sea siempre sujeto a coacción, es decir, necesidad. Esta es la historia de todo el sistema legal y político y de la ”legislación sangrienta” impuesta sobre la sociedad por el Estado capitalista. El Estado no es ahora, ni nunca ha sido, un vehículo para la liberación humana; su función esencial, más allá de su requisito militar, es mantener la estabilidad de la moneda, garantizar la santidad del contrato de intercambio y asegurar el suministro adecuado de trabajo barato.  Esto es decir que el Estado, en todas sus formas modernas, es la expresión política del Capitalismo.  Toda definición del Capitalismo que no incorpore al Estado como un elemento necesario para su definición, nunca va a entender el modo de dominación creado por el Capitalismo.

El universo propuesto por el capital es un universo total con el poder de ingerir, absorber, y transformar todo lo que se alimenta en él.  El impulso a acumular reduce todo a una sola moneda negociable. Toda existencia es concebida como un conjunto de intercambios. Cada ser es conmensurable con cualquier otro en el campo de visón capitalista.  Lo que no puede ser reducido a eso es, en el mejor de los casos considerado impotente e irrelevante, y en el peor de los casos, violentamente reprimido. Al final, en el Capitalismo no se trata de la concentración de riquezas en manos de unos pocos.  Así sea el 1%, el 10%, ó el 50%, la redistribución de la riqueza no desafía a la esencia del Capitalismo, una esencia que está enterrada en el proceso de producción, fundada sobre la proletarización del trabajo, con un imperativo implacable a expandirse sin consideración por el costo humano.

  1. La trayectoria histórica del Capitalismo.

La historia humana no es teleológica; no tiene una meta inherente hacia la cual se mueve inexorablemente.  Sin embargo una formación social específica ó modo de producción puede tener una lógica direccional, tendencias históricas y contradicciones que dan forma y caracterizan su propio desarrollo.  La trayectoria histórica del Capitalismo está caracterizada por esa lógica direccional.

La confluencia específica de procesos socio-enconómicos que llevaron al desarrollo del Capitalismo industrial en Inglaterra en los siglos XVII y XVIII, estaba basada en: La separación de los trabajadores del campo de sus medios de producción y subsistencia, un proceso que implicaba la libertad legal del productor directo, y era resultado de luchas de clase, frecuentemente violentas, que constituyeron las bases de la apropiación del trabajo excedente por medios económicos y legales no coercitivos; las fuerzas del mercado, el desarrollo del trabajo asalariado, y la formación de una clase proletaria.  Este desarrollo puso en marcha, en el curso de los siglos XVIII y XIX, un movimiento masivo dentro de Inglaterra hacia los nuevos centros industriales, lo que condujo a un rápido desarrollo de un proletariado industrial.  Tales procesos también estaban en marcha en otras partes de Europa, como los Países Bajos y el norte de Italia.  Una vez que entró en vigor en un lugar, el Capitalismo industrial, casi inmediatamente, afectó a todos los países involucrados en las relaciones comerciales establecidas durante el mercantilismo temprano.  Así, todos los capitales que aparecieron después de Inglaterra se desarrollaron en un mundo en el cual el Capitalismo industrial ya existía; en consecuencia, el contexto de la lógica del desarrollo del capitalismo fue, desde una etapa muy temprana – el desarrollo global.  El Capitalismo industrial fue el producto de una matriz político-social e histórica la cual, en el curso del los siglos XIX y XX, impuso sus relaciones sociales y de producción, a todo el mundo, primero en Europa Occidental, después en América del Norte y posteriormente en el resto del mundo.

El Capitalismo está propulsado por la búsqueda de una acumulación interminable de valor, una compulsión literal, bajo pena de ”muerte” de cada entidad de capital – capitalista individual, corporación, monopolio ó Estado – a extraer cada vez más plusvalía del trabajo viviente.  El capital, así, está valorizando el valor, en un proceso sin fin, en lo que Marx denominó su face de dominación formal ( ó subsunción formal) del trabajo, explotando el trabajo vivo en base a técnicas de producción existentes y tecnologías, y extrayendo del trabajador ”plusvalía absoluta”, el incremento de la cual tiene su orígen en la prolongación del día de trabajo. Lo que Marx denominó la dominación real del trabajo, por el contrario, extrae aún más plusvalía del proletariado revolucionando constantemente los procesos técnicos de trabajo, con la introducción de nueva tecnología más eficiente, en otras palabras, mediante el desarrollo de las fuerzas productivas.  Más plusvalía es extraída, no alargando el día de trabajo del trabajador (plusvalía absoluta) sino intensificando el proceso laboral y abaratando los productos que los trabajadores compran con sus sueldos, para que el valor de la fuerza de trabajo disminuya en relación al valor que ella crea, lo que proporciona ”plusvalía relativa” para el comprador de fuerza de trabajo.  La dominación real del capital, ahora establecida a una escala global está, cada vez más, basada en la extracción de plusvalía relativa.

La transición de dominación formal a dominación real no fue el resultado de una ”revolución industrial” particular sino de una ”revolución, constantemente repetida, del modo de producción, de la productividad de los trabajadores y de la relación entre trabajadores y capitalistas”[6] y de la cual, la actual tecnología de la información, que conduce a la economía global post-Fordista, es su última manifestación.

La ventaja de la dominación real para el Capitalismo como totalidad, aparte del hecho de que su superior productividad le permite conquistar y saquear al mundo, es el valor de la plusvalía relativa resultante de la continua intensificación del proceso laboral y de la constante disminución del valor de la fuerza de trabajo.  Cuanto menos tiempo de trabajo es necesario para producir las mercancías para la reproducción de la clase trabajadora, tanto más tiempo de trabajo va para los capitalistas. Pero este no es el mayor incentivo. La mayoría de los capitalistas no puede disminuir directamente el valor de la fuerza de trabajo que ellos emplean, a no ser que sus propias fábricas produzcan las mercancías que sus trabajadores consumen.

El incentivo es la ganancia excedente (plusvalía extra). Las mercancías son intercambiadas sobre la base de su valor social. Esto es, el tiempo de trabajo (pasado y viviente) que es consumido en su producción, en un promedio de condiciones sociales. La nueva tecnología que reduce el tiempo de trabajo por debajo del promedio, que disminuye el valor individual de la mercancía por debajo del valor social que determina su precio, rinde una ganancia excedente para el capitalista. Nueva tecnología y conocimiento pueden ser más rentables para el capitalista cuando conducen a la creación de nuevos productos sobre los que los dueños gozan de un monopolio temporario, y así su precio es sólo limitado por lo que el mercado este dispuesto a admitir. En períodos de aceleradas innovaciones tecnológicas, como hoy en día, las oportunidades de ese tipo de ganancia excedente son considerables. La crisis intensifica la cacería de esta ganancia y estimula a los capitales avanzados a buscar un escape de la disminución general de la rentabilidad. Pero las ganancias excedentes se obtienen en el mercado a expensas de los competidores. Por ello, necesariamente, no indican nada acerca de la rentabilidad del capital como totalidad.

Sea cual sea el nivel de productividad establecido en un momento dado, nuevas tecnologías pueden hacer posible que aumente cada vez más el excedente de tiempo de trabajo, así que el capital tiene que estar siempre buscando un mayor desarrollo de las fuerzas productivas. Es por esto que la historia ha refutado las teorías de la decadencia del Capitalismo que están basadas en  el supuesto de que el Capitalismo ha llegado a un punto en el que no puede seguir desarrollando las fuerzas productivas. El Capitalismo sigue siendo capaz de desarrollarlas, pero a un terrible costo para la humanidad.

Para los trabajadores, la dominación real significa, en primer lugar, que ellos no están más en el centro de la producción: ellos se han convertido en apéndices de las máquinas y de los procesos automatizados. El desarrollo de la tecnología específicamente capitalista, que comenzó a tomar forma a principios del siglo XIX, evolucionó hacia la producción masiva del Fordismo[7] en el siglo XX y, más aún, en el lugar de trabajo que funciona con la tecnología informática del siglo XXI, es la historia de una penetración cada vez más profunda de la forma de valor en los procesos de producción, en los cuales cada aspecto de la actividad productiva es medida y reformada con el fin de exprimir de ella más tiempo de trabajo excedente.

Es además, la historia de un crecimiento explosivo de la productividad del trabajo, comparado con el cual, todos los esfuerzos previos de la humanidad se ven pequeños.  El abaratamiento resultante de los bienes de consumo mejoró algunas de las condiciones de vida de la clase trabajadora. La continua mejora del nivel de la producción capitalista, de la cual es tanto causa como resultado, ha llevado a la conquista del mundo por el Capitalismo; lo que significa que la relación capital-trabajo ha aniquilado y ha reemplazado a todas las relaciones preexistentes.

La conquista no ha sido solamente hacia afuera sino también hacia adentro. La forma de valor y las relaciones sociales que la iniciaron, invadieron cada ”poro” de la sociedad civil, de la existencia socio-cultural y política, sujetándolas a sus imperativos. No sólo la producción y la circulación de mercancías, sino también la ciencia y la tecnología, de las cuales depende cada vez más, tan centrales para la lógica direccional del Capitalismo, están ahora sujetas a los imperativos de la forma de valor. Es aquí donde el rol del fetichismo de la mercancía, no simplemente como ideología, sino como la forma en que, en el Capitalismo, las relaciones sociales entre las personas están construidas y se experimentan subjetivamente como relaciones entre mercancías, entre cosas; esto se convierte en un tremendo obstáculo para el desarrollo de la conciencia. Las relaciones sociales entre seres humanos aparecen, en la sociedad capitalista, como relaciones entre cosas. Esto hace que esas relaciones sociales se opaquen y aparentemente sean autónomas de sus bases en la propia actividad de producción y reproducción, realizadas por el proletariado mismo. Para Marx, la objetividad del valor no es ni material (fisiológica) ni metafísica; es puramente social. Es una relación social históricamente desarrollada, producida y reproducida por las acciones de los seres humanos, por los proletarios. El fetichismo de la mercancía oscurece, distorsiona, ”encubre”, las actuales relaciones sociales que están congeladas en la mercancía, y aparentemente, las convierte en una característica natural de la mercancía misma. Ese fetichismo no es simplemente una falsa conciencia impuesta por la clase dominante; también es el resultado de la actual realidad vivida por el proletariado. Las propias estructuras del ser social de la existencia proletaria generan su conciencia cosificada y, de este modo, su subyugación a la forma de valor. Si en algún sentido, como lo señaló Adorno, la forma de valor es una ”ilusión”, es en términos del ser social ”…la cosa más real de todas, la formula mágica que ha embrujado al mundo.”[8] La tarea de los pro-revolucionarios es exponer y refutar el fetiche de la mercancía en todas sus dimensiones.

La dominación real ha causado un desarrollo vertiginoso de la sociedad capitalista, pero también ha desarrollado sus contradicciones inherentes. El capital, la riqueza, no puede tomar otra forma que la de la mercancía, intercambiable por otras mercancías. Eso significa que tiene que tener un valor de uso (para alguien con dinero para comprarla) y un valor de cambio, el contenido del cual es tiempo de trabajo abstracto, valor. No puede existir sin alguno de ellos: si no tiene valor de uso, no puede ser vendida, y si su producción no requiere tiempo de trabajo, este no puede ser robado, entonces no puede haber plusvalía o ganancia. Valor de uso y valor, son las dos caras de la mercancía, por lo tanto deben desarrollarse mano a mano. Pero durante la dominación real, se trastornan cada vez más. El valor de uso crece exponencialmente mediante la tecnificación, un proceso en el cual el trabajo vivo es substraído, reemplazado por la tecnología. Pero el crecimiento del valor requiere que fuerza de trabajo vivo sea adicionada.  La sociedad capitalista funciona más y más con trabajo pasado (hardware y software). El conjunto de trabajo vivo del cual la plusvalía puede ser extraída, disminuye tendencialmente, a pesar de las técnicas cada vez más eficientes. Tendencialmente, esto conduce a una disminución relativa de la producción de nuevo valor mientras que el aumento exponencial de los valores de uso (de la capacidad de producirlos) se enfrenta con las estrechas bases sobre las que se apoyan las condiciones del consumo en el Capitalismo, e impide la realización del valor.

La dominación real hace avanzar la tendencia a la crisis del Capitalismo. Es una crisis de ganancia, una crisis de sobreproducción, una crisis financiera, pero sus raíces están en la mercancía, en la ruptura de su unidad. Ante esta tendencia, hay contra-tendencias: La creciente tasa de extracción de plusvalía relativa, la expansión global tecnológicamente inducida, la cual también expande el conjunto de trabajo vivo, y otras.  De todas formas, el Capitalismo no puede deshacerse de sus tendencias a la crisis. Sólo las puede superar mediante una desvalorización masiva del capital existente. Necesita violentas faces de destrucción, sea por depresión ó por guerra, para restaurar las condiciones de un nuevo crecimiento. La historia parece indicar que la destrucción requerida se hace cada vez mayor, cuanto más domina la dominación real.

”La destrucción violenta del capital, no por relaciones externas a él mismo,  sino más bien como una condición de su auto-conservación, es la forma más llamativa en la que se le presenta como aconsejable el irse y dar lugar a un estado superior de producción social.”[9]

Además, la dominación real agudiza la contradicción fundamental del Capitalismo: la contradicción entre las clases sociales. La dominación real desarrolla la tecnología, pero con el objetivo de incrementar la explotación, de ampliar la porción del tiempo del trabajo de los trabajadores que crea plusvalía, opuesto a la porción del tiempo de trabajo de los trabajadores durante el cual se produce el equivalente a sus medios de subsistencia (reproducción). Su lógica direccional demanda que el tiempo de trabajo excedente siempre aumente, a expensas del tiempo de trabajo necesario, y que la fuerza de trabajo superflua sea descartada; que la misma reproducción del trabajo vivo sea permanentemente sacrificada para la extracción de plusvalía.

”El proceso de trabajo en sí mismo no es más que el instrumento del proceso de valorización, tal como el valor de uso del producto no es nada más que un depósito de su valor de cambio. La auto-valorización del capital- la creación de plusvalía- es por lo tanto el propósito determinante, dominante y primordial del capitalista; es el motivo absoluto y el contenido de su actividad. Y de hecho, no es más que el motivo racionalizado y el objetivo del acaparador -un contenido altamente empobrecido y abstracto que deja claro que el capitalista está tan esclavizado por las relaciones del capitalismo como su polo opuesto, el trabajador, aunque sea de una manera bien diferente.”[10]

Bien diferente porque los capitalistas no pueden romper esas cadenas pero el trabajador colectivo sí lo puede hacer. Hoy en día, nada menos que el derrocamiento revolucionario del capitalismo por el proletariado y la abolición de la forma de valor, pueden poner fin a la destrucción que el Capitalismo ”produce” inexorablemente, al servicio del imperativo de valorizar, de acumular valor. Nada menos. Cada propuesta de reformas, por muy ”radicales” que puedan parecer, puede solamente perpetuar el actual ciclo infernal de destrucción.

  1. Otro mundo es posible

Nunca ha habido un contraste tan deslumbrante entre lo que es y lo que podría ser: por un lado, el Capitalismo, que crea una sobreproducción absurda y al mismo tiempo un hambre masiva, causa cada vez más miseria e incluso amenaza la supervivencia de la especie humana. Por otro lado, el actual conocimiento social que, cuando esté libre de la camisa de fuerza capitalista, podría liberar a todos los humanos de la falta de comida, vivienda, salud y otras necesidades, y comenzar a reparar el planeta. La necesidad de poner fin al Capitalismo es clara. ?Pero existe también esa posibilidad? Para que la revolución sea posible tiene que haber un sujeto revolucionario, es decir, una fuerza social que tenga la capacidad de llevarla adelante.

Esa fuerza social es la clase trabajadora ó proletariado. Es la parte de la población que está obligada a vender su fuerza de trabajo para poder sobrevivir. Hoy en día es la gran mayoría de la humanidad.

Algunos trabajadores tienen trabajos fijos, otros trabajan medio-tiempo ó tienen trabajos temporarios, independientes ó a través de agencias. Algunos trabajan con alta tecnología, otros en la ”economía en negro” de las zonas marginales. Más y más trabajadores tienen trabajos precarios ó están desocupados, excluidos del proceso de producción, aunque siguen dependiendo de él. Algunos hacen trabajos manuales, otros, una parte creciente de la clase trabajadora, se encargan de la información (el cognitariado). Pero, al margen de esas diferencias y de las discrepancias en ingresos y condiciones de trabajo, la clase trabajadora está unificada en su separación de los medios de su propia reproducción, que son propiedad del capital y son usados para acumular. Po lo tanto, hay un antagonismo entre la clase capitalista y la clase trabajadora. Este, no existe solamente durante los períodos de lucha de clase abierta (huelgas, manifestaciones, bloqueos, tomas, levantamientos, etc.) sino también en la realidad cotidiana de la explotación, la extracción de plusvalía de la clase trabajadora.

En el curso de su historia, el Capitalismo ha experimentado tremendos cambios, y así también la clase trabajadora. La cuestión de como esos cambios objetivos han afectado la subjetividad de la clase trabajadora, es compleja. Pero se puede ver que la forma más elemental de conciencia de clase, la sensación de pertenecer a una clase con intereses comunes, es menos evidente hoy en día de lo que era en periodos previos.

Inicialmente, en su face de ”dominación formal”, el capital tomó el control sobre la producción y la sociedad en general, pero era un control desde arriba, desde fuera del actual proceso de trabajo y de las interacciones sociales.  Estas últimas todavía no habían sido penetradas y moldeadas por la forma de valor. Esto permitía un espacio de relativa autonomía en el cual el proletariado podía desarrollar su propia cultura, sus propias organizaciones, que daban forma concreta a su conciencia de clase. Además, el capital aparecía abiertamente como el enemigo de clase ya que su medio principal de acumulación consistía en el alargamiento del día laboral (extracción de plusvalía absoluta). Además, sobre el joven proletariado yacía el enorme peso del pasado pre-capitalista. Del lado positivo, sus tradiciones comunales alimentaban su conciencia de clase. Con la transición a la dominación real del capital a comienzos del siglo XIX, y la evolución hacia el ”Fordismo” en el siglo siguiente, el espacio autónomo se contrae, pero la concentración de trabajadores en grandes fábricas y densos barrios de clase trabajadora también refuerzan la sensación de causa común.

La ola revolucionaria que se expandió al final de la Primera Guerra Mundial mostró que la conciencia de clase puede convertirse en conciencia revolucionaria, pero su fracaso mostró que la transición no estaba completa.

Hoy en día, la forma de valor no solamente ha penetrado profundamente en los procesos de trabajo mismo, quebrándolos en cantidades de tiempo que constantemente deben ser acortadas para exprimir más plusvalía de ellos, sino que también se ha reproducido a sí misma en todo el planeta y en todas las áreas de la sociedad civil. Todo y todos son reducidos a una cantidad de valor, de dinero ó de falta de dinero, a una parte del mercado global.

La producción masiva ha incrementado en gran medida la disponibilidad de bienes de consumo para la clase trabajadora, lo que ha afectado sus prácticas sociales. Moldeados como consumidores, los trabajadores han sido individualizados, atomizados, con no más poder de cambiar las cosas que las de un elector individual, un consumidor de productos del mercado político. En las décadas recientes en particular, el Capitalismo ha buscado aumentar más la dispersión en la clase trabajadora, descentralizando el alojamiento y la producción, atizando la competencia entre trabajadores individuales.

Hoy en día, no sigue habiendo un espacio libre de la forma de valor, en el cual la cultura proletaria pueda desarrollarse sin ser absorbida por el mercado. Hay menos evidencia de la conciencia de clase, pero eso no quiere decir que las clases han desaparecido.

Objetivamente, la clase trabajadora está más unificada que nunca. Con esto, queremos decir que el proceso de producción se ha hecho más socializado, más global e interdependiente que antes. La producción es menos la suma de los esfuerzos de los trabajadores individuales y más, una aplicación colectiva y colaborativa del conocimiento social. La clase trabajadora se convierte, como lo afirma Marx, en Gesamtarbeiter, el trabajador colectivo.[11]

Además, como lo demanda la creciente complejidad de los procesos de producción, el trabajador colectivo está más alfabetizado, está mejor informado, es más hábil, y tiene mayor inteligencia creativa que la que nunca antes haya tenido la clase trabajadora. Su mayor distancia del pasado pre-capitalista puede haberlo llevado lejos de sus tradiciones colectivas pero también del oscurantismo y del pensamiento mágico, del ”lodo de los siglos”, como lo llamó Marx.

Es a raíz de que el trabajador colectivo produce, tanto el valor del que depende el Capitalismo para sobrevivir, como la riqueza social de la que la sociedad depende para sobrevivir, por lo que él tiene la capacidad de liberar a la sociedad de su dependencia del Capitalismo, del valor.

No obstante, tiene esta capacidad sólo potencialmente. Aunque el Capitalismo fuera al colapso hoy mismo y abandonara su control sobre la sociedad, el trabajador colectivo no sabría que hacer ante esto por su falta de conciencia revolucionaria.

La clase trabajadora no nace con conciencia revolucionaria. Algunos piensan que lo único que separa a la clase de la conciencia revolucionaria son las mistificaciones burguesas, una niebla ideológica que le impide ver la realidad como es. Una vez que esa niebla se evapore como resultado de la experiencia de la lucha y la propaganda revolucionarias, la conciencia clara emergerá. Pero no es tan simple. La ideología no es, ó no es solamente, una substancia extraña inyectada por el Capitalismo en el cerebro proletario. También proviene del interior de la clase trabajadora la cual, en cuanto categoría del Capitalismo, reproduce la forma de valor, la sociedad existente en su práctica cotidiana, y por lo tanto, las ideologías que esta genera. La niebla que impide al trabajador colectivo ver la causa de su miseria y la posibilidad de darle fin, es la forma de valor. Esta ha ocupado el mundo de los trabajadores de la misma manera que al resto de la sociedad.

Esto no significa que la clase trabajadora esté integrada, si con esto se quiere decir que la contradicción entre las clases ha desaparecido. El antagonismo inherente persiste. Es cierto que las dos clases están ligadas. Cada una de ellas existe a causa la otra y, juntas, reproducen la sociedad. Pero hay una gran diferencia. El Capital, por sí mismo, no puede salir de esta relación. No importa cuanto lo quisiera poder hacer, no puede sobrevivir sin el trabajador colectivo, el creador de valor. Pero el trabajador colectivo puede autonomizarse de esta relación. No necesita el capital. Pero antes de que esto sea asumido, mucho tiene que pasar.

Considera esto. Si nuestro análisis es correcto, la crisis del Capitalismo se va a profundizar en los próximos años. Los ataques sobre la clase trabajadora van a acelerarse. Ellos van a encontrar resistencia. Los trabajadores no pueden defenderse a sí mismos individualmente. Necesitan unirse a fin de ganar un peso crítico, así que se buscará la unificación de las luchas, cuanto más los ataques del capital estén dirigidos a cada vez mayor cantidad de víctimas. Por supuesto esas luchas van a ser recuperadas muchas veces. Pero el tamaño total de la resistencia puede mover la línea de llegada. Junto con una conciencia creciente del poder de la clase, puede crecer una conciencia de lo que es posible. Mientras tanto, ataques directos a la forma de valor van a propagarse. Levantamientos y saqueos pero también tomas de viviendas y espacios públicos, clínicas gratuitas y otro tipo de producción para las necesidades en lugar del dinero, intercambio gratuito de bienes digitales…

La revolución es necesaria, pensaba Marx, ”no sólo porque la clase dominante no puede ser derrocada de otra manera” sino también porque el Comunismo requiere, ”la alteración del hombre  a nivel masivo, lo cual sólo puede tener lugar en un movimiento práctico” (La Ideología Alemana):  Una alteración del la conciencia que sólo puede darse en un contexto de lucha de clases. La profundización de la crisis implica que la resistencia del trabajador colectivo contra los ataques del capital a sus condiciones de vida y trabajo, está finalmente condenada, mientras siga siendo una lucha defensiva. A pesar de esto, las luchas defensivas van a ser importantes en este proceso de transformación de la conciencia, no solamente porque sus límites deben ser experimentados sino también porque estas pueden unificar a los trabajadores, reunirlos, lo cual a su vez afecta a la conciencia, aumenta la conciencia del poder potencial de la clase.

El Capitalismo es cada vez más incapaz de asegurar la reproducción social de la clase trabajadora, y los trabajadores encuentran maneras de hacerlo por ellos mismos. La lucha por la supervivencia diaria y la lucha contra el Capitalismo se unen cuando los trabajadores encuentran soluciones, que le Capitalismo les niega, para satisfacer las necesidades directas como la vivienda, la salud, y con la reorientación de la actividad productiva para crear riqueza real en lugar de valor, dentro del contexto de la lucha colectiva que desafía el control político del Capitalismo.

Es solamente a travez de la experiencia de la lucha que el trabajador colectivo puede sentir su fuerza, dar rienda suelta a su creatividad y establecer otras formas de producción y distribución, lo cual abrirá pasajes prácticos para el derrocamiento del Capitalismo.

El trabajador colectivo está ante una doble tarea, aparentemente contradictoria: por un lado, se tiene que unificar como clase, convertirse en el trabajador colectivo, tanto subjetiva como objetivamente, con el fin de ganar el poder para derrocar el Capitalismo. Por otro lado, además, tiene que abolirse a sí mismo. Una revolución que pone fin al Capitalismo es una revolución que pone fin al trabajo asalariado, y pone fin a las reglas de tiempo de trabajo. Esta es la raíz. Su erradicación no es un resultado futuro de la revolución, es la revolución misma.

No hay contradicción si la revolución es comprendida como un proceso en el cual, la fuerza generada por la unión de fuerzas en las luchas defensivas en los lugares de trabajo, interactúa dialécticamente con los ataques directos a la forma de valor, como fundamento de la interacción humana. Eventualmente, ambas pueden converger. No está predeterminado pero es una posibilidad real.

Mucho más debe ser comprendido acerca de como la conciencia revolucionaria se podría desarrollar. Nosotros lo vemos como una tarea política primordial en el momento histórico actual.

  1. Pero no es inevitable

 

  Si parece que los pro-revolucionarios continuamente están hablando acerca de la crisis del Capitalismo, es porque el Capitalismo no es sólo un sistema en crisis, sino también un sistema de crisis. Las crisis son parte de su desarrollo cíclico normal. Como Marx lo subrayó, una crisis no es solamente una manifestación del hecho de que la valorización del Capital ha encontrado obstáculos, sino que también es (temporariamente) una solución a ese problema, al causar la desvalorización del capital existente (incluído el capital variable, los trabajadores) y disminuyendo así los costos de producción, preparando el terreno de este modo para un nuevo período de crecimiento. La duración de este último puede variar pero siempre va a terminar otra vez en crisis. La duración y profundidad de la crisis varian también. La clase capitalista se ha vuelto inteligente para postponer y contener las crisis, mediante políticas financieras, fiscales u otras, pero esto sólo lleva a una crisis más profunda más adelante, la cual exige más desvalorización, más destrucción, más violencia y hambre, para que el valor pueda crecer nuevamente.

El costo humano ocasionado por las crisis ha aumentado exponencialmente: Repetidos colapsos a escala global; dos guerras mundiales; una serie de conflictos genocidas alrededor del mundo durante el medio siglo pasado y en los cuales ideologías atávicas basadas en el nacionalismo, tribialismo y sectarismo religioso, han echado ”leña al fuego” para asesinatos masivos; y los desastres ecológicos en los cuales la ciencia y la tecnología, ellas mismas históricamente basadas en los imperativos de valorización del valor y sirviendo a este mismo fin, están amenazando la existencia misma de la vida en el planeta.

Con todo, esta simple observación ha llevado a una peligrosa idea errónea acerca de la realidad capitalista.  Dada la naturaleza canibalística y autodestructiva del Capitalismo, muchos de quienes se autodenominan marxistas, y esto se remonta incluso al tiempo en que Marx vivía, han desarrollado una visión determinista y teleológica del Capitalismo según la cual se pronostica una crisis final inevitable, a través de la que una sociedad socialista va a emerger inevitablemente. En la escritura y práctica de la Segunda y Tercera Internacionales ha habido una gran propensión hacia la visión de que la victoria del ”Socialismo” sobre el ”Capitalismo” era una conclusión inevitable. Incluso en el análisis de la Izquierda Comunista, tanto en sus variantes Germano-Holandesa como Italiana, era fácilmente perceptible una visión determinista de la inevitabilidad del triunfo de la revolución.

Una y otra vez, los pro-revolucionarios buscaban signos que señalaran la crisis ”final” o mortal del Capitalismo en el colapso económico y la guerra, sólo para ver pasar el ”momento” y comenzar nuevamente el ciclo de valorización, cuando la plusvalía había sido extraída de la clase trabajadora derrotada. Las crisis del Capitalismo son inevitables, pero la revolución proletaria y comunista no lo es!

Muchos ”marxistas” han señalado numerosos eventos en el siglo XX (la Revolución Rusa, la ”Gran Depresión” (1929), incluso la ”gran recesión del 2008”, como el comienzo del final, pero el Capitalismo se ha mostrado más resistente de lo que ellos anticiparon. Obstinadamente se ha negado a morir; debe ser matado.  Y esto requiere no simplemente una crisis devastadora ni tampoco una guerra mundial interimperialista, sino un sujeto revolucionario, armado de conciencia de clase, basado no sólo en odio de clases, sino más bien en una comprensión de la actual trayectoria del Capitalismo que necesariamente produce tanto crisis como guerras; una conciencia que pueda romper la opacidad de las relaciones sociales capitalistas.

Pero, en lugar de producir una rica comprensión teórica del Capitalismo y su trayectoria, los ”marxistas” tradicionales, desde la Socialdemocracia, hasta el Estalinismo y el Trotskismo, se han vuelto semejantes a los agoreros del fin del mundo, prediciendo interminablemente el final de los tiempos y la inevitabilidad del Comunismo, sólo para ser refutados por la realidad y, una vez más, reciclar sus errores teóricos y políticos .

Esta no es la visión de Perspectiva Internacionalista. Mientras que PI sostiene que el Comunismo, la creación de la comunidad humana, es la esperanza del género humano, PI rechaza la idea de que el resultado está asegurado, determinado por una pretendida ley de la historia.

El Capitalismo es una relación entre la gente, oculta tras una relación entre cosas. La forma de valor expresa la explotación del ser humano por el ser humano, pero también la encubre, haciendo parecer como si el mundo del valor, del trabajo asalariado y la sociedad de clases fueran algo natural y normal. Esto es falso; el Capitalismo y la sociedad de clases no son eternos. Son productos de la historia y las circunstancias, pero ninguna opción ha sido inevitable, ni lo es el curso futuro del Capitalismo. El Capitalismo provoca luchas, las cuales pueden llevar a un desarrollo de una nueva conciencia que vea al mundo sin trabajo asalariado, sin producción de valor, sin clases.

La conceptualización del mundo de una manera diferente, en la cual el trabajo no es más trabajo asalariado y es realizado para satisfacer necesidades en lugar de producir ganancias, en el cual la forma de valor es abolida, debe para ello crecer en la praxis del las luchas que son provocadas por la crisis del Capitalismo.

Es esta lucha, la lucha para desarrollar una práctica que cambiará al mundo, la que debe ser llevada a cabo, en lugar de estar esperando a un Godot proletario. La crisis final del Capitalismo va a ser su abolición por la clase trabajadora.

  1. El Estado nunca puede ser nuestro

 

Entre los mitos más perniciosos y obsesivos del movimiento revolucionario desde sus comienzos, está la ilusión de que el Estado moderno tiene algún grado de autonomía ó neutralidad en relación con el balance del poder social, específicamente en relación al Capitalismo. El que el Estado pueda ser capturado y dirigidos hacia fines revolucionarios, ó que sus  instituciones puedan ser presionadas para aliviar las peores condiciones del proletariado mientras que simultáneamente funciona como un pasaje hacia la conciencia revolucionaria y la auto-organización, está en el corazón de ese mito. Nosotros nos oponemos categóricamente a la idea de que cualquier institución del Estado pueda ser usada para propósitos revolucionarios anticapitalistas. Es decir, nos oponemos a todas las tendencias del ”reformismo”, que son estériles y peligrosos intentos engañosos de dirigir la acumulación de capital para el beneficio de la humanidad.

El Estado moderno tiene sus orígenes en el surgimiento del Capitalismo; no como un desarrollo paralelo a la formación económica de la sociedad, sino como un instrumento esencial que fue constitutivo de esas mismas relaciones sociales capitalistas. El Estado no es una máquina que puede ser usada para promover causas contradictorias; su propósito esencial es subordinar y regular la vida social – frecuentemente con medios extra-económicos – según las necesidades del la acumulación capitalista. En otras palabras, el objetivo del Estado es socializar los intereses privados antagónicos dentro de la sociedad civil dominada por la forma de valor, y de este modo asegurar su funcionamiento continuo.

El Estado moderno puede ser caracterizado por dos rasgos esenciales: 1) su separación política de la sociedad civil y 2) la fusión de todas las instituciones estatales con el mecanismo de la acumulación de capital y la formación de valor.

En la mayoría de las formaciones sociales per-capitalistas, la producción, la distribución y el consumo formaban parte de una totalidad orgánica, además, las jerarquías sociales en esas sociedades estaban formadas dentro de una unidad de relaciones políticas, sociales y económicas. La posición política de uno en ese tiempo estaba comúnmente  adecuada a la posición económica. El Capitalismo, sin embargo, comenzó un largo proceso de disolución de esas unidades, ”liberándolas” por así decir, y re-estableciéndolas en un entorno de mercado competitivo habilitado y mediado por la forma de dinero del valor. Pero esa disociación de la unidad precedente era peligrosamente insostenible en y por sí misma porque activaba fuerzas antagónicas poderosas que podían amenazar la existencia social. Fue entonces, en la formación de un campo político autónomo, donde el Estado moderno fue capaz de dar forma a las instituciones que pusieron por delante el interés del capital mientras contenían y regulaban sus tendencias centrífugas. Los ciudadanos del ”Estado libre”, como lo observa Marx, llevan una doble vida. En sus vidas reales en la sociedad civil, es decir la sociedad económica, ellos se sienten aislados y en guerra con todos los demás en la defensa de sus intereses privados. Y en sus vidas imaginarias como ciudadanos del Estado ellos están integrados dentro y en armonía con el mundo, en teoría pero no en la práctica. La separación entre lo político y lo económico fue y sigue siendo un componente esencial que permite a la lógica tendencia del capital desplegarse de acuerdo al imperativo del la formación de valor. El Estado no inscribe directamente en la ley el modo de producción. Este aparece como un místico sub-estrato  de la existencia social. Pero la autonomía de la economía esta garantizada por el Estado precisamente al hacer al modo de producción intocable.

A nivel subjetivo, los derechos soberanos que tiene ciudadano del Estado democrático tienen una relación muy próxima con el consumidor soberano en el mercado libre, y es la función del Estado proteger esa relación. A nivel social, todas las organizaciones institucionales del Estado moderno sirven esencialmente para asegurar la acumulación continua de capital en el campo de la producción, la circulación, y el abastecimiento de trabajo-libre. En la el área de la producción, el Estado garantiza el suministro de dinero junto con un sistema bancario y de crédito estables, protege al capital autóctono de la competencia a través de tarifas y acuerdos comerciales, sostiene un sistema legal que asegura la santidad de los contratos entre partes soberanas, invierte en investigación y desarrollo para la producción futura a través de las investigaciones militares, fondos universitarios y subvenciones a instituciones privadas de investigación, y regula el acceso a los recursos naturales. En el área de la circulación, el Estado provee una infraestructura diseñada para las necesidades específicas de la acumulación de capital, busca la expansión de los mercados internacionalmente mediante la intervención militar directa, mediante instrumentos financieros y políticas de comercio e impulsa el consumo mediante regulación del crédito etc. Finalmente, y lo más importante, garantiza el adecuado suministro de trabajo-libre, asegurando que la oferta siempre exceda la demanda para asegurar la dominación del capital sobre el trabajo. Esto es llevado a cabo mediante estrategias de corto y largo plazo como cambios en las políticas de inmigración, reglas para el control de la natalidad, apertura de vías para la producción en el exterior, leyes laborales para regular los salarios, jubilaciones, subsidios, etc. Pero, más allá del suministro de asalariados, el rol del Estado para disciplinar a los asalariados es crucial, y aquí vemos la penetración gradual del capital en el cuerpo social y la absorción del trabajador colectivo en el  mecanismo de producción mediante la vasta red de instituciones educacionales, cárceles, instituciones médicas, junto con la vasta red de vigilancia policial constante. Este control incluye además las políticas de drogas, de vivienda, acceso a la asistencia social y el control de la información.

Cuando se ve de esta manera, todas las formas institucionales del Estado moderno responden a las necesidades de acumulación del capital a través de medidas tanto económicas como extra-económicas. El objetivo fundamental de cada institución estatal es modular la vida social en beneficio del capital. Podríamos comparar cada institución del Estado con el acelerador de un auto. Un acelerador puede aumentar el nivel de la aceleración ó puede disminuirlo, pero no puede cambiar su función en el auto, ni puede alterar el uso del auto. Las leyes laborales pueden aumentar el salario mínimo o pueden hacerlo disminuir, pero no puede eliminar el trabajo asalariado. Sirven sólo para modificar temporalmente la taza de extracción de plusvalía a través de los salarios. Cada victoria a corto plazo a través del Estado – mediante sus leyes e instituciones – termina siendo una victoria ficticia en la cual, la confianza requerida en las instituciones promueve la subjetivación[12] del proletariado en una forma de acumulación de capital. Cada momento en que busca reformas mediante las instituciones estatales enclava al proletariado más profundamente en la maquinaria del Estado. Si no tiene la capacidad de liberarse de las vías ya establecidas anteriormente por el Estado y sus instituciones, el proletariado no va a tener éxito en activar sus propias capacidades para una auto-organización creativa.

El Estado moderno, independientemente de su forma de apariencia ( el Estado de Bismarck, el Estado liberal, el Estado socialdemócrata del bienestar, el Estado corporativo, el Estado racista, el Estado soviético, el Estado neo-liberal, etc.) estructura e impone una estrategia particular de acumulación. La apariencia de los diferente regímenes de acumulación es resultado de los desafíos que incluyen la lucha de clases, el posicionamiento geo-político, las innovaciones tecnológicas, la competencia entre capitales ó las crisis económicas, pero todos los Estados constituyen regímenes de acumulación de capital buscando diversos medios y estrategias para acumular capital sin entender que están en una carrera hacia la autodestrucción. La única posición revolucionaria viable y posible es anti-capitalista en sus raíces.  Todo esfuerzo para dirigir el movimiento de los trabajadores hacia un ”mejoramiento” del manejo del capital se apoya en la idea de que el Estado es un mecanismo autónomo que puede ser reorientado en contra de su raison d´être. Además, la ”democracia”, tanto como ideología como un complejo de instituciones políticas, otorga una arma formidable mediante la cual la población, incluido el proletariado, puede realmente quedar atada al Estado capitalista y movilizada en su defensa. La democracia está entonces íntimamente ligada al nacionalismo que sujeta al proletariado y a la masa de la población de cada país a su clase dominante y al capital.

Pero la clase trabajadora no puede simplemente aprovecharse del Estado capitalista y usarlo para sus propios objetivos, ?qué hay de la afirmación de los trotskistas, leninistas y otros, según la cual después de la revolución proletaria, la clase trabajadora debe primeramente establecer un Estado de los trabajadores, una denominada ”República del trabajo”? Y qué hay entonces de la democracia en ese Estado proletario? La cruel realidad del Estado bolchevique que surgió durante Lenin, y después Stalin, la dictadura sobre el proletariado;  ese paso histórico específico hacia la forma del capitalismo de Estado, de extracción de plusvalía del proletariado y la acumulación de capital constituye, no el triunfo del proletariado, sino el triunfo de la contrarrevolución. En efecto, incluso en la forma de Estado basada en la dictadura del los consejos de trabajadores, con delegados electos y revocables por los trabajadores que democráticamente los han elegido, el resultado no será la comunización mientras que los trabajadores estén sujetos a la contabilización del  tiempo de trabajo y la forma de valor.

  1. Riqueza real contra valor

 

El Capitalismo está basado en la explotación, en pagar a los trabajadores menos de lo que ellos producen, y guardarse la diferencia, la plusvalía. A primera vista parece que, para dar fin al Capitalismo, sería suficiente con devolver la plusvalía que quienes la han producido, para  que los trabajadores reciban, individual ó colectivamente, el valor total del tiempo de trabajo que ellos han realizado. Esto no daría fin a la forma de valor, el común entendimiento tácito del mundo, del trabajo y sus productos, de la gente y las cosas, como valor, cantidad de tiempo de trabajo abstracto. La gente seguiría produciendo propiedad ( privada ó estatal), para ser vendida y comprada con dinero de una forma u otra. Sólo una redistribución del valor podría ser conseguida, mientras que el fundamento de la sociedad capitalista permanecería intacto. Sobre esta base, el Capitalismo sobreviviría, aunque a través de crisis y caos.

La redistribución de la riqueza es el grito de guerra de la izquierda capitalista de hoy. Esta afirma que la crisis económica es un resultado de la falta de demanda que desaparecería si el dinero tomado de los ricos fuera usado para elevar el poder adquisitivo de la mayoría. Dado que la sobreproducción es un hecho, y que la brecha entre los ricos y los pobres ha crecido a niveles obsenos, este argumento es atractivo. Pero esta basado en un concepto erróneo de que es lo que es producido y acumulado, un concepto erróneo del valor.

Por empezar, valor y riqueza real no son lo mismo. La riqueza real no es el objetivo de la producción capitalista. Las mercancía tienen que tener un valor de uso concreto, pero este es sólo un vehículo para transmitir el valor abstracto, cuya acumulación todos los capitalistas están obligados a perseguir. Ese es el objetivo real. La riqueza real es creada solamente en tanto que sirve a este propósito, en tanto que crea nuevo valor, riqueza capitalista. Una redistribución de la riqueza no cambiaría esto. No eliminaría la obligación de que la producción sea lucrativa, no daría fin a la explotación. La riqueza real seguiría siendo producida sólo en tanto que encarna a la plusvalía, y sería sacrificada y gastada con el objetivo de la valorización del valor.

En segundo lugar, el valor y el dinero no son lo mismo. Con todo es el dinero, tomado de los ricos o recientemente creado, lo que la izquierda capitalista quiere usar para dar fin a la crisis, para salvar al Capitalismo de sí mismo. Es cierto que el dinero tiene poder sobre el mundo entero de las mercancías, que da acceso a toda la riqueza en la sociedad capitalista, porque puede ser transformado en cualquier otra forma de valor. En su totalidad, el dinero representa el valor como totalidad, las mercancías que están circulando tanto como el tesoro, el acopio de toda la riqueza acumulada. En este último, el valor es preservado y crece, pero sólo en tanto que permanece conectado, directa ó indirectamente, con la creación de nuevo valor. El tesoro total es el banco del capital, que envía valor a la esfera productiva cuando las ganancias lo indican, y retirándolo cuando caen las ganancias. El valor del tesoro crece, porque el valor que es producido y realizado crece, el tesoro se alimenta del valor producido. No puede crecer por sí mismo. Por eso una crisis de ganancia en la industria y el comercio conduce a la desvalorización del tesoro, de las posesiones en general.

Para evitar esto, especialmente en los últimos 60 años, el Capitalismo cada vez más ha buscado refugio en la creación de dinero, ya sea para estimular la producción y el consumo, ó para estimular el crecimiento del tesoro, apuntalando su ”valor” a pesar de la disminución de la creación de la taza de valor en la economía real. En otras palabras, se ha mezclado en la olla una creación masiva de capital ficticio, que no es resultante de nuevo valor sino que es creado de la nada. El dinero ha crecido a un ritmo cada vez más acelerado que ”la economía real”, esto es, que el valor de las mercancías que son realmente producidas y vendidas. Por eso, debe devaluar. Pero eso sólo pasa cuando la producción y el consumo son estimulados a pesar de la falta de rentabilidad. El resultado es una inflación alta, que pone en peligro el valor de la moneda como tal y de todo el tesoro.

Un segundo enfoque ha sido más eficiente: llevando el dinero recientemente creado directamente al capital ( mientras se demanda austeridad al resto de la sociedad), el tesoro ha sido defendido con éxito. La mayor parte de ese nuevo dinero nunca entra en la circulación excepto dentro del tesoro mismo. Por eso no causa inflación ( nuevamente, excepto en el tesoro). Al apuntalar la demanda de bienes financieros, el dinero es esterilizado en los cofres de los bancos centrales y de los bancos privados, en las fortunas de los super-ricos. Allí no hace ningún bien ( sólo una pequeña parte de esto vuelve a entrar en la esfera productiva) pero tampoco hace ningún daño. Precisamente al no volver a entrar en la circulación de mercancías, el tesoro oculta la naturaleza ficticia del dinero que es creado sin la creación de valor correspondiente. El programa de la izquierda capitalista podría conseguir lo opuesto y revelar la ficción. Y es sobre esa ficción donde se apoya el Capitalismo. La creencia en que dinero es valor y que el valor es riqueza real. Si esa creencia tambalea, el Capitalismo se viene abajo.

El tesoro debe ser defendido a toda costa porque la creencia en que riqueza/valor/dinero pueden ser acumulados interminablemente es esencial para el funcionamiento del Capitalismo. Sería incontrolable sin ella. Ante esto se enfrenta la izquierda capitalista cuando llega al poder. Tiene que tragarse sus promesas y actuar como un buen gestor del capital nacional, el protector de su Tesoro. Si se niega, el capital va a huir y su Tesoro va al colapso.

El crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, ó entre los ricos y todo el resto, es una consecuencia de la crisis, no su causa. Refleja la creciente necesidad de defender el valor del Tesoro, cuando la creación de nuevo valor queda atrás. Refleja la necesidad de aumentar la explotación, de disminuir costos. Refleja la tendencia del valor a retirarse de la producción no lucrativa y huir al Tesoro. Refleja como el valor busca refugios seguros y el miedo de todos los capitales de no serlo.

La lucha por un Capitalismo más justo lleva a un callejón sin salida, y es por esto una trampa. El valor tiene su lógica de hierro, que no puede ser doblegada a voluntad. La misma creencia en que riqueza=valor=dinero tiene que desaparecer en la práctica, para que la riqueza real pueda ser liberada y llegar a ser verdadera en su naturaleza social.

  1. El fin del trabajo

 

  Marx y Engels en  La Ideología alemana (1845) en la discusión sobre el Comunismo hablaron sobre las revoluciones previas que sólo implican una distribución diferente del trabajo (Arbeit) mientras que la revolución comunista ”suprime el trabajo”. [13]

En el Capital sin embargo, Marx describe el trabajo como ”la condición universal para la interacción metabólica (Stoffwechsel) entre el hombre y la naturaleza, la constante condición impuesta por la naturaleza a la existencia humana…” [14] Es el trabajo, para Marx, una condición trans-histórica del ser humano Ó el trabajo está ligado a formas sociales históricamente específicas basadas en la propiedad privada? Parece imposible concebir la existencia humana sin producción y por lo tanto, el Comunismo ó una comunidad humana conocerá la producción y la actividad ó praxis que la sostiene.

Pero la crítica del joven Marx a la actividad productiva como trabajo, ahora en la virtualmente universal forma social del trabajo abstracto, sigue constituyendo la base de toda visión del Comunismo. El trabajo abstracto que es la base del Capitalismo conlleva la reducción de diferentes modos de trabajo concreto que producen valor de uso ( cosas útiles) a trabajo homogéneo, indeterminado, medido solamente por tiempo, el tiempo de trabajo socialmente necesario que toma el producir los bienes. Es ese trabajo abstracto el que es la base de la producción de valor. El Comunismo es la abolición del trabajo abstracto como base del ser social. Significa el fin de la valuación de las cosas y las personas sobre la base del tiempo de trabajo abstracto que contienen ó producen. Significa el fin del trabajo asalariado, el fin de la monetarizacion de las relaciones sociales, el fin de la sociedad de clases. Significa la abolición de la separación entre los humanos y sus medios de producción y el producto de su trabajo.

Esto contrasta con la conceptualización del Comunismo como ”la república del trabajo” en la cual la clase trabajadora, después de haber derrocado la ley capitalista, se convierte en la clase dominante. En esa visión, apreciada por el Marxismo tradicional, el trabajo asalariado persiste, pero la clase trabajadora no es más explotada porque la remuneración del trabajador estará basada en el valor total que su trabajo haya producido. Lejos de abolir el trabajo abstracto y la dominación del valor, que es la base del Capitalismo, y de abolir la condición proletaria sobre la que el modo de producción está basado, tal visión en realidad universaliza la misma condición proletaria, dejando intacta la naturaleza misma del trabajo proletario, y de este modo deja que la forma de valor siga modelando la existencia humana.

Una posterior declaración de Marx, más detallada, sobre el Comunismo se encuentra en su ”Crítica al programa de Gotha” (1875) en la que esboza su concepción de un estadio inferior y superior del Comunismo. Para Marx, en el estadio inferior del Comunismo, ”tal como emerge de la sociedad capitalista”- todavía marcado por sus formas sociales – ”el productor individual recibe de vuelta de la sociedad…exactamente lo que él le ha dado (con su trabajo).”[15]  Como Marx lo admitió, ”Claramente, el mismo principio funciona aquí que el que regula el intercambio de mercancías en tanto que es un intercambio de valores equivalentes.” Otra vez, como Marx lo reconoció ”…una cierta cantidad de trabajo en una forma es intercambiada por la misma cantidad en otra forma.”[16] Par Marx, entonces, la forma de valor seguiría rigiendo tanto sobre la producción como la distribución en el estadio inferior del Comunismo, no obstante cuan diferentes sean sus instituciones políticas (por ejemplo, un estado proletario o de los trabajadores). Los trabajadores recibirían sólo el valor que su trabajo directo haya producido. Y, lo más significativo, el trabajador sería esclavo, sujeto al reloj. El tiempo de trabajo seguiría determinando la parte para el trabajador de la riqueza social – y con ello la perspectiva de que el Estado se concentre en la expansión del trabajo excedente incluso en detrimento del trabajo necesario (ese trabajo necesario para la reproducción – social y física – de los mismos trabajadores). Para el Marx de ”La Crítica del Programa de Gotha”, entonces, sería sólo en el estadio superior cuando la especie humana podría ”…cruzar el estrecho horizonte del derecho burgués e inscribir en sus banderas: De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades!” [17] Hasta entonces, la forma de valor, y su ”lógica” continuaría rigiendo sobre la existencia humana.

?Cómo funcionaría este ”estadio inferior del Comunismo”? A finales de los años 1920, habiendo enfrentado la derrota de la Revolución Rusa y ante el inicio de los horrores de la contrarrevolución Estalinista, la izquierda Germano-Holandesa abordó esta cuestión. En sus ”Principios Fundamentales de la Producción y Distribución Comunistas” ellos trataron de explicar como se llevaría a cabo la producción y distribución, en una sociedad post-revolucionaria, después de que la revolución hubiese triunfado. La fórmula para la remuneración de los trabajadores tendría que ser un sistema de ”bonos de trabajo”, que cada trabajador recibiría, basado en el tiempo de trabajo contabilizado: bonos equivalentes al número de horas trabajadas basados en el nivel de trabajo socialmente necesario para la producción de un ”artículo” dado.[18] Pero esa visión sigue implicando la reducción de todo trabajo a trabajo abstracto (tiempo de trabajo socialmente necesario) y por lo tanto no elimina la forma de valor y la sujeción de la humanidad a sus imperativos. En efecto, esa visión, aparentemente tan radical, arriesga a perpetuar las leyes de funcionamiento del Capitalismo, y sus relaciones sociales, aunque en nuevas formas – potencialmente no menos viciosas. Ni el contenido del trabajo realizado, ni su medida (tiempo de trabajo) van a haber cambiados. Sigue siendo precisamente ese contenido lo que debe ser transformado, tanto como el modo en que es estimada su contribución o satisfacción de las necesidades sociales y deseos, si es que vamos a escapar de la subordinación de la humanidad a los imperativos del valor y del trabajo. Si la clase capitalista es expropiada, pero la producción y el consumo continúan siendo regulados por el intercambio de equivalentes, la forma de valor persiste y va a crear vías de acumulación y la emergencia de una clase separada para dirigir el sistema de valor. Una revolución que sólo realice el ”estadio inferior del Comunismo” estaría cavando su propia tumba. Lo que debe ser inmediatamente abolido es el modo histórico específico en el que el trabajo ha existido en la sociedad capitalista, trabajo abstracto ligado a la contabilización del tiempo de trabajo, medido por el tiempo de trabajo socialmente necesario, sujeto a los dictados del reloj.

La Comunización no es el resultado de un período de transición, al final del cual el Comunismo puede entonces ser establecido. El mismo proceso revolucionario implica la abolición del trabajo y de la contabilización del tiempo de trabajo. Incluso en medio de los levantamientos revolucionarios, cuando la escasez y el hambre podrían prevalecer, modos de racionamiento basados en una distribución equitativa de los bienes de acuerdo a la necesidad serían preferibles al modo de distribución basado en el tiempo de trabajo, el cual institucionalizaría la forma de valor y sus imperativos. Sólo sobre esas bases los horrores del Capitalismo pueden ser llevados sin peligro al basurero de la historia.

Además del trabajo habrá producción, actividad productiva, seguramente, pero no más producción extorsionada por una clase explotadora de una clase trabajadora. Hay una diferencia fundamental entre los modos históricos específicos de trabajo del esclavo, del trabajador forzado en la China del período Ming ó en el antiguo Egipto, de las encomiendas en Latinoamérica del período colonial y de la esclavitud en las plantaciones de América, tanto como el trabajo asalariado del proletario, por un lado, y, por otro lado, la actividad, el trabajo, del cazador, del pescador, del recolector primitivos, del habitante de una comuna de campesinos, del artesano medieval, por muy diferentes que cada uno sea, y lo más importante, que Marx denominó el ”individuo social” de una futura Gemeinwesen humana. Esas no son sólo distinciones terminológicas entre modos de actividad humana, sino más bien diferencias entre modos, histórica y cualitativamente muy diferentes, de metabolismo entre la humanidad y la naturaleza. La Comunización, entonces, implica producción y formas de trabajo más allá del trabajo abstracto.

  1. Por un Renacimiento del Marxismo

Muchas corrientes políticas e intelectuales – revolucionarias y reaccionarias – han afirmado ser marxistas. Algunos dicen que el Marxismo es una filosofía, el método dialéctico, ó una ciencia, un conjunto de instrumentos, incluso un sistema. Entonces ?Qué vamos a hacer de él nosotros, casi un siglo y medio después de que Marx publicó el Capital ?

El cuerpo de la obra de Marx – la realidad social en la evolución del sistema socioeconómico capitalista, vista desde la perspectiva del proletariado – estuvo y está en continuo proceso de desarrollo. Marx comenzó su vida revolucionaria con una crítica a la filosofía y no desarrollo ningún sistema filosófico propio; eso hubiera sido un sin-sentido para él. Su centro de atención cambia ante las circunstancias del desarrollo histórico-social: siendo lo más significativo los levantamientos de 1848 en Europa, la Guerra de Secesión en Estados Unidos, la guerra Franco-Prusiana en 1870 y la Comuna de Paris. Su trabajo más sistemático – su crítica a la economía política burguesa – nos ha dejado un legado importante especialmente con su esclarecimiento de la naturaleza específica de la explotación capitalista, el hambre voraz del capital hacia la reproducción expandida y las raíces de las crisis económicas. Al margen de la enormidad de esos aspectos de su trabajo, ”mierda económica” como él la describe, son solamente una parte de su contribución.

Quienes vinieron después tomaron de él y desarrollaron aspectos de su trabajo. Todo lo que siguió en su senda fue afectado, en mayor ó menor medida, por el hecho de que muchos de sus escritos eran desconocidos y no habían sido publicados, lo que aún sigue siendo el caso. Las interpretaciones de lo que era accesible estaban teñidas por lo incompleto y por los intereses de los intérpretes, quienes pertenecían a varias escuelas filosóficas y que adoptaban diferentes posturas con respecto a los eventos mundiales, a las instituciones que apoyan la dominación real del capital y lo más importante, a las luchas del proletariado. En sus manos, el ”Marxismo” se divide en una multitud de afluentes teóricos e ideológicos. No se le puede hacer rendir cuentas a Marx de lo que otros desarrollaron a partir de sus escritos después de su muerte.

Sin embargo, Marx fue responsable de sus teorías y las acciones que estas guiaron durante su vida. Así, su determinismo temprano y las teorías de los estadios lo llevaron a felicitar a Lincoln por su reelección incluso mientras la primera guerra industrializada estaba en curso de matar a mas de un millón de proletarios [19] En la guerra Franco-Prusiana el cambió de posición, en línea con su apreciación en cuanto a que el resultado aceleraría el desarrollo del Capitalismo, y por lo tanto la posibilidad de una revolución proletaria. En sus trabajos tempranos sobre Asia, él sólo veía el progreso siendo llevado adelante por el desarrollo del comercio con Europa y la apertura del mercado mundial, sólo posteriormente condenó las atrocidades de la penetración colonial en China, India y en otras partes. Él también cambió su visión de que el único motor de los levantamientos sociales era la penetración del capital europeo, por una perspectiva que reconocía el papel de las dinámicas sociales indígenas ó nativas (incluso en el ”fósil viviente” de China). Así en el transcurso de su vida, su temprana visión uni-linear del desarrollo social maduró hacia una perspectiva mucho más multi-linear, pero en el camino podemos identificar muchos errores de criterio.

El legado teórico de Marx es, por lo tanto, no más de lo que podría haber sido: estudios sistemáticos cruciales, valiosas ideas, y algunos errores entre ellos. Esto no es un empequeñecimiento sino un reconocimiento de que gran parte de su valioso legado está en su incesante búsqueda de comprensión, en la concretización de la totalidad de su enfoque y en su punto de vista revolucionario. Para sacar provecho de su trabajo se requiere que nosotros hoy consideremos la totalidad de su legado en forma crítica y en su contexto histórico.

Marx nos ha dado el arma esencial, la crítica apta para desarrollar la teoría revolucionaria adecuada a las circunstancias del mundo actual en el siglo XXI, al margen del hecho de que él no vivió en el siglo XX para ver la trayectoria histórica actual de una centuria y para ver más la dominación real del capital, para ver el infierno que esto ha creado para la humanidad: las orgías de guerras, la amenaza de aniquilación, los asombrosos niveles de explotación y un sujeto revolucionario que ha atravesado tales cambios que lo hacen irreconocible para el observador del siglo XIX. Hasta el momento ha habido sólo una ola revolucionaria – y esta no ha ocurrido en las condiciones en que Marx había previsto. Si bien hay mucho por ganar en volver sobre sus pasos a través del territorio teórico del siglo XIX en el que él vivió, hay mucho más por ganar observando el desarrollo de su trabajo desde la perspectiva aventajada de nuestro siglo XXI.

Ese aventajado punto de observación incluye perspectivas que nos han llegado, no sólo a través de la experiencia y el conocimiento transmitidos por los pro-revolucionarios, sino también a través de las investigaciones de los estudiosos de humanidades y científicos  que pueden contribuir a una mayor comprensión de la sociedad y su sujeto revolucionario, el proletariado. La gran cuestión – como puede el proletariado, nuestro sujeto revolucionario, ante una crisis económica, asumir la tarea de destruir el Capitalismo y construir el Comunismo – sigue estando sin respuesta. Si no se avanza en esta cuestión, la perspectiva de un futuro comunista para la humanidad – en la medida en que se expresa en la teoría revolucionaria – va a estar basada en una pía esperanza, con nuestra salvación dependiente de una clase de autómatas impulsados por la historia.

Las ideas de Marx ofrecen el único camino a seguir para responder a la gran cuestión – pero sólo será fructuoso si nosotros desarrollamos un enfoque marxiano revitalizado, el cual tiene por objetivo aclarar la interacción entre la naturaleza del sujeto revolucionario y la dinámica del Capitalismo; un enfoque Marxiano que pueda explicar tanto las posibilidades de auto-actividad del proletariado como sujeto revolucionario, como los enormes obstáculos que enfrenta, el fetichismo de la mercancía y la forma de valor, a los que está sujeto por las relaciones sociales capitalistas. Es por eso que necesitamos un renacimiento del Marxismo.

En sus últimos años Marx estaba concentrado en profundizar sobre los nuevos hallazgos de los estudios antropológicos que se fueron ampliando enormemente a finales del siglo XIX y que echan luz sobre las dinámicas sociales en diferentes culturas, creyendo evidentemente que esto podría contribuir a hacer avanzar el desarrollo de su teoría revolucionaria. En su introducción a ”Los Cuadernos Etnológicos de Karl Marx”, Lawrence Krader concluye diciendo: ” Respecto a la sociedad futura, y las lecciones que se pueden sacar del pasado, no obtenemos ninguna guía salvo la que nosotros podamos elaborar por nosotros mismos”. Aunque los comentarios de Krader estaban dirigidos hacia un aspecto de la obra de Marx, bien podrían estar dirigidos al corpus como totalidad, teniendo como leitmotif para un renacimiento del Marxismo: ” No obtendremos ninguna guía salvo la que podamos elaborar por nosotros mismos.”

  1. Para la organización política

El termino ”organización política del proletariado” fácilmente evoca más a imágenes del pasado que a un cuadro del presente y del futuro. Y esas imágenes del pasado son claramente obsoletas y frecuentemente muy negativas. Entonces ?Porqué siquiera hablar de ”organización política”?  ?Le podemos dar otro contenido positivo a ese término hoy en día?

En el pasado…

Marxistas de diferentes tipos han apoyado diferentes modelos de organización. El término ”organización política proletaria” evoca inevitablemente a los partidos socialdemócratas y los sindicatos que en el siglo XIX organizaban y educaban a la clase trabajadora, y dirigían la lucha por reformas, por una jornada de trabajo más corta, limitando el trabajo infantil y de la mujer, etc. El partido era un lugar donde la clase trabajadora estaba organizada, unificada y asumía su identidad. Si bien eso era posible cuando el Capitalismo tenía solamente un control formal de la sociedad, durante la dominación real, cuando ya ha penetrado en todos los poros de la sociedad y absorbe todas las instituciones en la fábrica de su mercado, este modelo es claramente obsoleto. Los partidos de masas y los sindicatos se han convertido en parte integral del funcionamiento del Capitalismo. Cuando viene la embestida, ellos siempre defienden al capital nacional, su posición competitiva, su necesidad de valorización, su necesidad de hacer la guerra.

Otra imagen del pasado es la del Partido Bolchevique, líder de la Revolución Rusa. La concepción bolchevique era que el partido, basado en una disciplina de cuadros de pro-revolucionarios profesionales podría tomar el poder y dirigir el Estado en nombre de los intereses proletarios. Pero ese Estado rápidamente se puso en contra de los consejos de trabajadores y soldados y reprimió a la clase trabajadora. Los Partidos Comunistas, agrupados en la Tercera Internacional, apoyaron, no el movimiento de emancipación del proletariado, sino los intereses el Estado ruso. Ese modelo de ”Estado dominante”, que substituye al proletariado, que toma el control del engranaje mismo del Estado capitalista, obviamente nosotros lo rechazamos.

Tanto ”comunistas” (leninistas) como ”socialistas” (socialdemócratas) aspiran a conquistar el Estado, ya sea gradual y legalmente o violentamente, pero en todo caso bajo la dirección del partido, el cual no va a destruir al Estado sino que lo va a conducir mejor. La mentira del ”socialismo en un solo país” reemplazaba al ”los proletarios no tienen patria” del Manifiesto Comunista. Dentro de la Tercera Internacional surgió una oposición sólo por parte de fracciones minoritarias de izquierda que continuaban defendiendo una perspectiva revolucionaria y, en consecuencia, internacionalista, y estas fueron consecuentemente expulsadas de la Tercera Internacional.

Si bien ellos tenían ese fundamento pro-revolucionario en común, la Izquierda Comunista tenía muchos desacuerdos, especialmente sobre la organización política. La división fue particularmente grande entre la Izquierda Italiana y la Izquierda Germano-Holandesa. La primera sostenía, como Lenin, que la revolución requiere la conducción del Partido. Aunque la mayoría sacó la lección de la derrotada Revolución Rusa de que el partido no debe manejar el Estado, ellos insistían en la necesidad de formar el Partido para que conduzca la lucha. Por otro lado la Izquierda Germano-Holandesa sostenía que los partidos y los sindicatos eran organizaciones obsoletas del pasado; que el nuevo movimiento de los trabajadores estaba basado en acciones autónomas espontáneas y deberían ser conducidas, no por partidos ó sindicatos, sino por consejos de trabajadores.

Hoy en día, quienes reclaman la herencia de la Izquierda Italiana siguen formando su Partido. Así como quienes se identifican con la tradición de la Izquierda Germano-Holandesa, en su mayoría han llegado a la conclusión de que, ya que los trabajadores, de todas maneras, se van a ver forzados por las condiciones objetivas a derrocar al Capitalismo, las organizaciones políticas son, en el mejor de los casos, superfluas. Esa posición, que no era defendida por la Izquierda Germano-Holandesa original, pero que no es inconsecuente con su marco de referencia determinista, es conocida como ”consejismo”.

Nosotros rechazamos tanto la formación de un partido como el consejismo. Las raíces de esos errores son teóricas. Ambos están basados en una comprensión esquemática, fatalmente simplista, del los cambios históricos.

Y hoy?

En el período de dominación real del Capitalismo, no sólo sobre la economía del planeta, sino también sobre la vida física, social e intelectual del proletariado, ? Qué contenido le podemos dar al término ”organización política”? Está claro para nosotros que su rol no es educar a los trabajadores, ni conducir sus movimientos, ó formular sus demandas ó consignas. Tampoco es ser  animadores ni activistas tratando de avivar cada llama, ó académicos purificando teorías porque sí.

Entonces ? Qué es lo que vemos como nuestro rol? En pocas palabras: Desarrollar la teoría marxista ligada a las perspectivas para una praxis revolucionaria. Una teoría que rechaza todo tipo de determinismo (”la revolución es inevitable”), que rechaza toda visión teleológica (”el proletariado tiene la misión histórica de llevar a cabo el Comunismo”), una teoría que revela las condiciones para el cambio revolucionario, es decir, que identifica las pre-condiciones materiales de una posibilidad objetiva ( el derrocamiento del Capitalismo, Comunismo), y las liga al proceso de transformación del sujeto revolucionario, de la fuerza social que lo puede hacer. Ese proceso no está predeterminado, lo cual es la razón por la que tiene sentido el desarrollo y la propagación de la teoría revolucionaria, de otro modo sería como echar arena al viento. Sin ese proceso, la posibilidad objetiva de revolución no significa nada. La conciencia es el factor clave.

Están quienes sostienen que la dura realidad de los horrores del Capitalismo harán que la opción por la revolución sea auto-evidente. Que va a estar claro como el cristal que el Capitalismo está condenado y el Comunismo es la única solución. Desafortunadamente, no es tan simple. Aunque esos horrores son visibles para todos, la forma en que se conectan con la relación social capital-trabajo, la forma de valor que transforma a todo y a todos en mercancía, está oculta en una miríada de maneras. Estas están encubiertas por ideologías, pero también por prácticas sociales arraigadas, estas mismas moldeadas por la forma de valor, lo cual impide que la imaginación colectiva pueda ver más allá de la normalidad capitalista. El disipar esta opacidad debería ser el objetivo de todas las organizaciones políticas pro-revolucionarias.

Justamente porque el proletariado hoy en día está más fragmentado y es más diverso de lo que nunca ha sido, así también lo son las organizaciones pro-revolucionarias. Provienen de diversas bases teóricas: El Marxismo, el Anarquismo, la teoría de la Comunización, etc. PI reconoce esa diversidad y trabaja para establecer contactos entre los grupos. Ningún individuo ó grupo es dueño de la verdad.  La organización política permite la confrontación de ideas, las redes de contactos, debates y discusiones de las que podrían surgir nuevas clarificaciones sobre el Capitalismo y su posible derrocamiento. Organizaciones efímeras y organizaciones estructuradas a largo plazo, reuniones ocasionales y debates con regularidad, todas estas expresiones pueden ser valiosas para el desarrollo de una conciencia más clara ante los desafíos de la actualidad. No buscamos la fusión en una gran organización, pero alentamos la comunicación y la colaboración entre ellas, y los reagrupamientos cuando tienen sentido.

”Hasta ahora los filósofos sólo han tratado de entender al mundo de varias maneras, la cuestión es cambiarlo.” (Tesis sobre Feuerbach) El comentario de Marx, frecuentemente citado, no significa que la filosofía está completa y que los trabajadores deben ahora simplemente aplicarla para cambiar el mundo. Significa que la teoría no es un fin en sí mismo, que no tiene sentido si no está ligada a la acción que desafía al mundo capitalista. La teoría debe estar allí donde está la lucha. Por esto, la organización política debe tener como objetivo la participación activa en las luchas del trabajador colectivo. ”Participar” mejor que ”intervenir”: en lugar de hacer intervenciones unilaterales, buscamos la participación en el diálogo de resistencia, en el que la teoría inspira y desarrolla la acción, y es a su vez, inspirada y desarrollada por la acción.

Esas luchas pueden aparecer como huelgas, ocupaciones y levantamientos. Pueden ser movilizaciones masivas ó pueden ser cuestiones pequeñas en surgimiento. El cuestionamiento del capital y el rechazo de su lógica son aún incipientes. Sólo en la lucha colectiva, ese cuestionamiento puede conducir a un rechazo del capital, de la forma de valor, de la sociedad de clases, y su reemplazo por una nueva sociedad.

Es en esta lucha en la que PI está comprometida.

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[1] Véase, entre otros textos, este folleto de los camaradas de Círculo de París que dejaron la CCI en el año 2000 http://cercledeparis.free.fr/indexORIGINAL.html y nuestra reseña en  Internationalist Perspective 38.

[2] . http://internationalist-perspective.org/IP/ip-archive/ip_27_reference_points.html

[3] Marxismo Tradicional, frecuentemente presentado como ”Socialismo Científico,” constituye la base teórica de quienes se designan a sí mismos como ”Marxistas”, primeramente en los partidos Socialdemócratas, luego en la Tercera Internacional y posteriormente en la Cuarta Internacional, así como también en el Estalinismo, por muy diferentes que hayan sido las posiciones políticas de esas corrientes. Sus bases han sido un crudo materialismo  filosófico, como el propuesto por Engels, base para una explicación de todos los fenómenos físicos y sociales, un economisismo en el cual ideas y posiciones políticas son reducidas a una expresión directa de intereses económicos, una visión teleológica y determinista de la historia, en la cual el Comunismo es visto como el sucesor del Capitalismo, el resultado inevitable y el fin de una sucesión necesaria de modos de producción. El Marxismo tradicional y la teoría de Marx son dos cosas diferentes. El primero es usado para controlar y subyugar a la clase trabajadora, el segundo es un instrumento esencial para su liberación. También hay que señalar que la histórica Izquierda Comunista también conservaba elementos de ese Marxismo tradicional en su propia teoría.

[4] El Capitalismo ciertamente ha creado una unidad, pero es una unidad en separación. Ha reemplazado los lazos comunitarios por relaciones sociales en las cuales todos somos individuos separados persiguiendo el valor. Aunque el proceso de producción continuamente se hace más social, seguimos siendo competitivos vendedores de nuestra fuerza de trabajo, separados de los medios de producción y de los productos de nuestro trabajo, ante los cuales nos relacionamos como consumidores individuales.

[5] Hiper-industrialiación es la tendencia a transformar toda actividad humana en producción de valor, caracterizada por los mercados globales interdependientes y la continua aceleración del circuito total del capital.

[6] Marx, “Results of the Immediate Process of Production,” Capital, vol. 1, p. 1035 (Penguin edition)

[7]  Con Fordismo, nos referimos a la producción masiva basada en la estandarización y la cadena de montaje, trabajando en grandes fábricas verticalmente integradas. Esta forma de producción comenzó a fines del siglo XIX y tuvo su apogeo en las tres décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial.

[8] “Sociology and Empirical Research” en The Positivist Dispute in German Sociology, p. 8o

[9] Marx, Grundrisse, Penguin, 1973, pp. 749-750.

[10] Marx, “Results…”, op.cit990., p.

[11] Marx, “Results …” ibid., p. 1040

[12] Subjetivación, una palabra traducida del francés assujetissement, usada por Althusser y Foucault para referirse simultáneamente a la formación y regulación del sujeto. El sujeto humano no está pre-formado, como un ser natural, que posee una esencia a-histórica, sino más bien, es un ser moldeado históricamente, un ser sociocultural, cuyas características – aparte de las biológicas – son una emanación de las relaciones sociales a las cuales está ligado, y sobre cuyas bases ha sido formado o producido, características que son modificables, transformables por la acción humana ó praxis.

[13] Marx y Engels, La Ideología Alemana en Karl Marx y Frederick Engels en Collected Works, vol. 5 (New York: International Publishers, 1976), p.52. En una crítica al economista alemán Friedrich List, el joven Marx dijo ”El trabajo asalariado en su naturaleza misma no es libre, es inhumano, es una actividad no-social, determinada por la propiedad privada y para crear propiedad privada. Por lo tanto la abolición de la propiedad privada va a ser realidad sólo cuando sea concebida como abolición del ”trabajo asalariado”…” ”Borrador de un artículo sobre el libro de Friedrich List Das nationale System der politischen Oekonomieen Marx and Engels Collected Works, vol 4 (New York: International Publishers, 1965),  pp.278-279).

[14] Karl Marx, Capital: A Critique of Political Economy, vol. 1 (Penguin), p.290.

[15] Karl Marx, “Critique of the Gotha Programme” en Karl Marx, The First International and After (Penguin), p. 346.

[16] Ibid.

[17] Ibid. p. 347.

[18] Group of International Communists: “Fundamental Principles of Communist Production and Distribution” (1930) http://www.marists.org/subject/left-wing/gik/1930

[19] Sumándose las políticas del gobierno federal de los Estados Unidos tales como se expresan en la Ley de Traslado Forzoso de los Indígenas, de 1830, que legitima la ”limpieza étnica” como medio para crear un ”lebensraum” para el desarrollo del capital y la importación de millones de proletarios de Europa, y que fue forzada por el ejercito de Estados Unidos.

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