LA CRISIS DEL VALOR

 

Un texto de 2009, aún relevante

No hay necesidad de repetir que nos encontramos en el medio de la peor crisis del capitalismo desde 1930: inclusive en los medios de comunicación masivos esto se ha convertido en un mantra. Pero ¿por qué estamos en este lío? Las medidas a tomar (o a no tomar) que son recomendadas dependen de la respuesta a esta pregunta. En si, la forma en la que la crisis es representada implica una respuesta. Los medios de comunicación nos han inundado con historias de avaricia, historias de mala administración y sobre la falta de regulación. El modelo “Anglosajón”, “neo-liberal” de mercados libres desenfrenados ha sido rigurosamente desacreditado, los héroes económicos de la derecha han caído de sus pedestales, y el buen viejo Keynes está de moda nuevamente. El nuevo consenso favorece más regulación, más intervención del Estado, y más creación de endeudamiento por parte del Estado para contrarrestar el arrastre deflacionario que esta comprimiendo la economía. El debate es solo acerca de cuanto. Ese es un debate que, por su naturaleza, es asumido dentro de la izquierda del espectro político capitalista. Enfrenta a quienes creen que afinando la simbiosis entre el Estado y el capital privado se llegará al mejor de los mundos posibles, contra quienes alucinan que, a través de la estatificación gradual de la economía, se introducirá la sociedad capitalista al socialismo. Pero estos últimos apoyan a los primeros en su discurso sobre la crisis como resultado de la avaricia, mala gestión y desregulación. Ambos critican al capitalismo, en varios sentidos, pero su crítica es una crítica positiva. Ellos comparten y propagan la idea de que el capitalismo puede ser mejorado. Eso los hace los defensores más cruciales del capitalismo de hoy.

Hay otra respuesta a la pregunta de “?Por qué estamos en este lío?” Una respuesta que estuvo implícita en las recientes protestas griegas, en el rechazo de los trabajadores en Francia a compartir la responsabilidad de la crisis, en el rechazo de los trabajadores en China a obedecer la ley, en la determinación de los trabajadores desempleados de la construcción en EEUU a organizarse espontáneamente para devolver la propiedad desocupada a las personas sin hogar… una respuesta que dice: el capitalismo es obsoleto. Es hora de algo nuevo.

Si el tiempo llega para que esta respuesta madure en luchas de masa, habrá necesidad de un fuerte movimiento político pro-revolucionario que articule claramente lo que es sentido intuitivamente en ese momento y, a través de su claridad, ayude a sacar el polvo del tiempo, la pérdida de la memoria y todas las telarañas ideológicas del espejo, con el fin de que el trabajador colectivo pueda reconocerse así mismo. Hoy en día, lo que estos pro-revolucionarios tienen que decir no es tan popular. Una y otra vez, ellos echan agua fría a las propuestas de la izquierda (o de la derecha) de hacer mejoras en el actual sistema. Al reproche: “Pero entonces, ¿qué propones concretamente?” ellos sólo pueden responder: resistencia intransigente contra la miseria que el capitalismo en crisis está infligiendo sobre la clase trabajadora. Solo pueden ofrecer la esperanza de que, en esta resistencia, la clase trabajadora se transformará en clase para sí, y por lo tanto humanidad liberada; que en su auto-organización, la sociedad post-capitalista comenzará a tomar forma. A raíz de esto, los pro-revolucionarios son denominados utopistas por quienes no se atreven a mirar de frente a la realidad, y se enganchan a ilusiones en nombre del “realismo.”

En contraste a la izquierda, la crítica pro-revolucionaria al capitalismo es una crítica negativa. Afirma que la actual crisis empeorará, sean cuales fueren las medidas tomadas. A lo mucho, estas medidas frenarán su aceleración, pero cualquier reflación será una reflación de la burbuja; porque la burbuja no sólo se haya en inmobiliarias y en las finanzas. La economía mundial como un todo es una burbuja que debe explotar o desinflarse, con terribles consecuencias para la gran mayoría de la humanidad, sin importar como y por quien está siendo manejada. En su primera fase, esta presión deflacionaria se manifiesta logicamente en una crisis de confianza en el sistema bancario, la cual, por ahora, puede ser frenada por la intervención estatal. La fuerza de la tendencia deflacionaria, y el grado hasta el cual el Estado la puede resistir, determinará que tan rápidamente esto se convertirá en una crisis de confianza en el Estado, el dólar, el euro, etc. Cuando se llegue a ese punto, no habrá otro poder superior que pueda ir en su rescate. El capitalismo se vuelve más peligroso cuando la huida hacia adelante es la única alternativa que queda.

La crítica negativa del capitalismo afirma que no puede ser reparado porque la crisis es el resultado directo del anacronismo histórico de su propia base: la forma del valor.

Un mundo del valor

El valor es el dios más poderoso de la tierra, adorado y obedecido como ningún otro. Nosotros los humanos lo inventamos, pero servimos sus necesidades y no a la inversa. Nosotros sufrimos y morimos, para que su acumulación continúe. A pesar de ser una construcción humana, se ha autonomizado y nos parece una fuerza externa como el clima, que podemos tratar de manipular, pero al cual finalmente debemos adaptarnos y sufrir sus consecuencias, aunque sean terribles.

Aún a pesar de que se ha convertido en un hecho completamente irracional el que la sociedad continúe basando sus interacciones en la forma del valor, el valor no puede existir sin el pensar racional y es totalmente lógico. Su lógica se ha vuelto cada vez más compleja con el desarrollo de la sociedad capitalista e implica ahora, la necesidad de dinero, bancos, estados, fronteras , ejércitos, policías, sindicatos, iglesias, pornografía y muchas, muchas prisiones, algunas denominadas “prisiones”, otras “escuelas”, “fábricas”, “oficinas” o “cuarteles”. De acuerdo a la lógica del valor, nada de eso puede ser prescindible. Aunque esto comienza en una forma simple.

Es muy lógico que las sociedades que producen un excedente, más allá de sus propias necesidades de reproducción, se dediquen al intercambio. Es lógico que tal intercambio cree un mercado, donde todos quieren vender lo más caro posible y todos quieren comprar lo más barato posible. Es lógico entonces que el intercambio de mercancías ocurra en base a la cantidad de tiempo promedio de trabajo necesario para producirlos. Si una mercancía obtiene un precio más alto que otras requiriendo la misma cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario (ttsn), la fuerza de trabajo fluirá a su producción para aprovecharse del alto rendimiento, hasta que la sobreproducción lo haga disminuir para que su valor (ttsn) sea intercambiado por una cantidad igual de valor (ttsn). De esta manera, cuanto más orientada esté hacia el mercado la producción de una sociedad, más determinará la ley del valor donde será situada su fuerza de trabajo. El valor es el arquitecto de la sociedad capitalista.

Mercado, dinero y por lo tanto el valor existían antes del modo de producción capitalista. Pero la ley de valor sólo puede operar al grado en que el trabajo concreto, específico, se vuelva abstracto, trabajo indiferenciado. Esto supone una igualdad de trabajo de diferentes tipos con el fin de que sea intercambiable y de que constantemente haya posibilidad de cambiar la fuerza de trabajo de un área de producción a otra. Por lo tanto, la expansión del Mercado condujo lógicamente a la siguiente etapa: la misma fuerza de trabajo se convirtió en una mercancía, libremente comprada y vendida. Ese fue el nacimiento del capitalismo, el cual está basado en el hecho de que esta mercancía crea valor, mientras que su propio valor, al igual que el de otras mercancías, es determinado por el ttsn requerido para su producción. El trabajador trabaja 10 horas, pero la producción de bienes y servicios que él necesita para poder seguir vendiendo su fuerza de trabajo requiere sólo 5 horas de ttsn. 5 horas son el equivalente de la fuerza de trabajo que el vendió pero él trabaja 10 horas. El valor de las otras 5 horas va al capitalista que es dueño del producto de su trabajo.

El valor de una mercancía en el capitalismo se vuelve: c + v + p, en el cual c (capital constante) es el valor del trabajo anterior (maquinaria, infraestructura, materias primas) que es consumido en su producción, v (capital variable) es el valor de la nueva fuerza de trabajo que es usada en su producción, y p (plusvalía) es el ttsn que la fuerza de trabajo gastó en su producción menos el ttsn necesario para reproducir su propio valor (v).

El dinero hacer girar el mundo

Mientras que las clases dominantes previas habían exprimido a la sociedad para acumular riqueza y poder, con el advenimiento del capitalismo, la acumulación del valor abstracto a través de la producción de p se volvió la meta de la sociedad, la fuerza motriz de la economía. Eso requería otro invento precapitalista sin el cual el capitalismo no puede existir: dinero. El valor de esa mercancía muy peculiar, con su habilidad excepcional de representar el valor abstracto y por ende de ser intercambiable por cualquier otra mercancía, y por lo tanto haciendo su intercambio posible, era originalmente, como las otras mercancías, el ttsn necesario para producirlo. El dinero ya existía como una mercancía particular antes de que se convirtiese en la mercancía universal que hace posible el intercambio de todas las demás. Lo que lo hacía dinero, era el hecho de que las características de esta mercancía particular (usualmente metales preciosos), lo convertían en lo más adecuado para medir el valor (ttsn) de las otras mercancías y, de esta manera dando la posibilidad de expresar sus valores en precios (en una cantidad de dinero). Pero tan pronto como el Mercado surgió, hubo una necesidad de un intermediario en el intercambio de mercancías. Para que intercambios complejos pudieran tener lugar, tenía que ser posible el vender sin tener que comprar y el comprar sin tener que vender, para intercambiar mercancías por un medio general de intercambio, representando el valor de cambio en general.

Mientras que esta segunda función del dinero es hecha posible gracias a la primera, también está en contradicción con ella. Como medida del valor (como mercancía particular) no importaba cuanto de este estaba presente (el dinero no necesitaba estar ahí para que los valores de otras mercancías estén expresadas en él, como lo decía Marx, solo tenían que ser “idealmente transformadas” en dinero para ser comparadas), pero el valor de su sustancia material, por supuesto que importaba mucho. Como un medio de cambio (como la mercancía general), la sustancia material del dinero no importaba: ya que sólo es un símbolo del valor de cambio en general, cualquier símbolo aceptado como tal lo haría. Pero puesto que representa valor de cambio ante todas las mercancías, su cantidad ahora tiene gran importancia y debe crecer (o decrecer) en proporción a la cantidad de mercancías cuya circulación el dinero hace posible. Como medio de cambio, a primera vista no altera mucho al proceso de intercambio, sino que simplemente lo hace más complejo: en vez del intercambio directo de mercancías (M-M), ahora tenemos el intercambio de una mercancía particular por la mercancía universal dinero (M-D) y otro intercambio de dinero por mercancía particular (D-M). Pero el proceso es fundamentalmente alterado porque ahora: “las acciones de compra y venta… aparecen como dos actos mutualmente indiferentes, separados en el tiempo y espacio… Su indiferencia puede desarrollarse en la fortificación y aparente independencia del uno al otro. Pero en la medida en que ambos son momentos esenciales de un todo único, debe haber un momento en que la forma independiente es violentamente quebrada y cuando la unidad interna es establecida externamente a través de una explosión violenta. De esta manera ya… en la ruptura del intercambio en dos actos, ahí residen los gérmenes de las crisis, o al menos su posibilidad.”1

La ruptura del intercambio en dos actos es lo que permitió al dinero adquirir también una tercera función, esencial para el capitalismo. Presupone las dos primeras funciones y las une.

Desde que el dinero es una mercancía particular que mide el valor de cambio y una mercancía general que media, y por lo tanto separa al intercambio, se vuelve el material universal representativo de la riqueza, una mercancía en la cual el valor de cambio puede ser almacenado y acumulado. De esta manera la acumulación del dinero se convirtió en el alfa y omega de la reproducción de la sociedad. “El dinero hace girar al mundo”, como dice la canción: es anticipo para comprar capital constante y fuerza de trabajo (c+v), cuyo consumo productivo crea más valor (c+v+s) y así más dinero. Y así sucesivamente, hasta el infinito. La ganancia muestra el camino. Como el deseo de más dinero es interminable, la capacidad de expansión del capitalismo también parece interminable.

Parece casi un sistema perfecto, con excepción de una cosa: el valor no es estable. No es permanente. Eso está lo suficientemente claro para la mayoría de las mercancías: si se mantienen sin ser vendidas, pierden su valor. Pero el dinero parece ser diferente. Otras mercancías son “dinero perecedero” como Marx escribió, deben ser transformadas en dinero o perderán su valor. Pero el dinero “la mercancía imperecedera”, puede almacenar su valor y no necesita ser transformado.

Pero sólo parece que es así. El dinero es el representante universal de la riqueza sólo porque es intercambiable. Esto significa que su capacidad de almacenar valor sigue siendo real en la medida en que su intercambiabilidad sigue siendo real, en la medida en que “el valor de cambio real se halla constantemente en el lugar de su representativo, constantemente cambia de lugar con él, constantemente se intercambia a sí mismo por él.” 2 Esto no significa que el valor del dinero es igual al valor de los bienes que circulan. La acumulación requiere ahorro; el valor debe tener la capacidad de salir del ciclo reproductivo y regresar a él. Debe haber una “reserva” de dinero-capital que funciona como capital productivo latente que fluye a la esfera de la producción cuando la acumulación lo requiere, que mientras no funciona como medio de circulación, mantiene un potencial de medio de pago. Pero el grado en que esta reserva, este dinero capital, representa el valor real y no sólo capital ficticio, no es simplemente determinado por el valor que representaba cuando fue retraído del ciclo reproductivo. Todo el dinero es por definición un reclamo sobre el valor futuro y, por lo tanto, sólo puede expandirse al grado en que la creación de valor se expande. El dinero capital es sólo una afirmación de la posesión de una parte del valor total. Si ese valor total se reduce, o se expande más lentamente que el dinero capital, este último representa menos valor y por esto debe ser desvalorizado.

La inestabilidad del valor también explica porque la acumulación es una necesidad en el capitalismo. Sólo poniendo en movimiento la fuerzas productivas y, de ese modo, produciendo plusvalía, y así expandiendo el valor (o robándolo de quienes lo hacen), los capitales existentes pueden prevenir su propia desvalorización.

La doble naturaleza de la mercancía

Antes de que los productos del trabajo humano fueran mercancías, hechas para un mercado, también tenían por supuesto un valor. El valor del pan por ejemplo, era el ser nutritivo y tener buen gusto. Las personas lo querían. Tenía un valor de uso.

Para tener valor de cambio, una mercancía necesita tener valor de uso. Esto no significa que tiene que ser objetivamente útil, sólo que tiene que tomar una forma concreta que la haga deseable para alguien que tenga el dinero para comprarla. Este es el elemento que evita que la acumulación de valor se convierta en algo completamente autónomo de las necesidades reales de la sociedad. Esta acumulación necesita tomar la forma de una expansión de valores de uso, aunque esto sólo sea una manera de expandir el valor de cambio abstracto, lo cual es la verdadera meta y función del capitalista.

Entonces la expansión de los valores de uso y del valor de cambio deben desarrollarse en tándem, como un proceso unificado. Pero son muy diferentes. Como valor de uso, una mercancía tiene características específicas que la definen. Pero su valor de cambio no es una cualidad inherente del objeto. Mejor dicho, es el valor del capital adelantado para su producción más la plusvalía. Es una relación social, capital – trabajo. Mientras que, conquistando el mundo y eliminando o marginalizando todos los otros modos de producción, la producción capitalista de mercancías reproduce y extiende esta relación social continuamente.

La naturaleza dual de la mercancía, valor de cambio y valor de uso, explica su éxito en llevarlo a cabo. La búsqueda de plusvalía dió lugar a un continuo crecimiento del producto excedente, y esta productividad superior fue “la artillería pesada con la que derrumbó todas la murallas chinas” (El Manifiesto Comunista). Si vemos a la historia como una lucha incesante para superar las condiciones de escasez en las cuales surgió la humanidad, y a esta lucha, como una progresión de productividad laboral, el capitalismo aparece como una fase necesaria e inevitable. El que sea una fase transitoria se debe también a la naturaleza dual de la mercancía.

La crisis reside en la misma mercancía, en su naturaleza dual. Hoy en día es bastante obvio que el valor de uso y el valor de cambio están trastornados. Nunca la productividad, y por lo tanto la capacidad de expandir valores de uso, ha sido tan grande. Al mismo tiempo, la creciente incapacidad de expandir el valor de cambio nunca se ha manifestado tan claramente como en el mundo de hoy, ahogándose en la sobrecapacidad, mientras que más y más necesidades humanas permanecen insatisfechas. La expansión de valores de uso y del valor de cambio ya no funciona en tándem. La ganancia determina donde y cuando la fuerza de trabajo es situada. Dos billones de personas están desempleadas porque el capital no los puede emplear para expandir el valor de cambio. La expansión del valor de cambio tiene problemas y es la expansión de la capacidad para producir valores de uso, la que cavó la fosa de la cual no puede salir sin causar una destrucción masiva.

El valor de cambio se ha vuelto una ridícula vara de medir en una sociedad cuya verdadera riqueza ya no está basada en el tiempo de trabajo.

Como Marx señalaba: “La creación de riqueza real pasa a depender menos del tiempo de trabajo y de la cantidad de trabajo empleado, que del poder de las agencias puestas en movimiento durante el tiempo de trabajo, cuya “poderosa efectividad” es a su vez , en sí misma, totalmente desproporcionada al tiempo de trabajo directo gastado en su producción, pero depende más bien del estado general de la ciencia y del progreso de la tecnología… El ser humano pasa a relacionarse como vigilante y regulador del proceso de producción en sí… Se hace a un lado del proceso de producción en lugar de ser su protagonista. En esta transformación, no es ni el tiempo de trabajo directo que él mismo realiza, ni el tiempo durante el cual él trabaja, sino la apropiación de su misma fuerza productiva, su entendimiento de la naturaleza y su dominio de ella en virtud de su presencia como un cuerpo social – es, en una palabra, el desarrollo del individuo social lo que aparece como la gran piedra fundamental de la producción y de la riqueza”. 3

Pero durante la mayor parte del período ascendente del capitalismo, este conflicto entre la verdadera riqueza y la riqueza capitalista todavía no surgía. Los valores de uso y el valor de cambio se expandieron en tándem. Gradualmente, el capitalismo tomó a su cargo todas las formas de producción de mercancías, y extendió la producción de mercancías a ámbitos donde nunca había existido anteriormente. Esta reorganización de la producción significó una socialización del proceso laboral. Uniendo a los trabajadores en un lugar de trabajo colectivo, dándoles tareas especializadas, haciendo su trabajo intercambiable, todo esto trajo grandes ahorros en costos y crecimiento en la productividad. Esta creciente productividad significó que la diferencia entre el ttsn que realizaban los trabajadores y el ttsn necesario para producir para sus necesidades aumentó, aunque este último se expandió también como resultado de la lucha de los trabajadores y de los cambios sociales. Cuanto más proletarios eran contratados, más tiempo estaban obligados a trabajar y menos era el valor de su reproducción, cuanto más se acumulaba el tiempo de trabajo no remunerado, más plusvalía se creaba. El empleo, la productividad y la ganancia, crecían mano a mano. Cuanto más proletarios surgían por el desarrollo de las fuerzas productivas, más se incrementaba la productividad y la creación de valor. Por lo tanto parecían tener sinonimia. Cuanto más riqueza material, más ganancia. Había un equilibrio entre el crecimiento del valor de cambio y el de los valores de uso. La fuente de ambos era la misma: la plusvalía. La ley del valor estaba en armonía con las fuerzas productivas en ese período.

La transición a la dominación real del capital

Hay dos maneras de producir plusvalía. Por siglos, el foco del capitalismo se hallaba en la más obvia: el alargamiento de la jornada de trabajo. El capitalismo aún no desarrollaba un nuevo método de producción intrínsecamente capitalista. El tejedor hacía telas como siempre, pero ahora lo hacía en una fábrica por un salario. Obviamente, cuanto más trabajaba por ese salario, más plusvalía obtenía el dueño del producto de su trabajo.

Hay otra manera de producir plusvalía. En vez de incrementar la duración absoluta de la jornada de trabajo (la cual tiene sus límites naturales), se incrementa la parte relativa de la jornada en la cual el trabajador realiza el trabajo sin costo para el capitalista, disminuyendo la otra parte, el ttsn que es equivalente a lo que él compra con su salario. En otras palabras, cuanto más disminuya el valor del salario del trabajador, en relación al valor de lo que él produce, más plusvalía generará.

Pero el valor del salario de sus trabajadores es algo sobre lo cual el capitalista no tiene control directo, no más que tratando de intensificar el proceso laboral sobre la norma social. Por supuesto que siempre trata de presionar el salario para que sea más bajo que el valor de la fuerza de trabajo y frecuentemente lo consigue, gracias a una sobreoferta de trabajadores o al fructuoso uso de la violencia y la ideología en contra de ellos. Sin embargo, en condiciones normales, la ley del valor regula el mercado laboral como cualquier otro, lo cual significa que al menos hay una tendencia a que la fuerza de trabajo sea comprada por su valor. Generalmente, la disminución del valor relativo de los salarios, no es el resultado de lo que haga algún capitalista en particular, sino del aumento de la productividad general de la sociedad, lo que hace que las mercancías que necesita el trabajador sean cada vez más baratas.

Lo que el trabajador necesita es una cantidad limitada de valores de uso, que le permiten estar sano, formar una familia, tener un hogar y suficiente alimento para el cuerpo y la mente… valores de uso que se extienden con los cambios de la sociedad pero que siguen siendo reflejo de lo que, en una sociedad dada, es necesario para la reproducción de fuerza de trabajo. Cuanto más productiva sea una sociedad, menos será el ttsn requerido para producir esos valores de uso y, en consecuencia, la plusvalía relativa para el capitalista será mayor.

Marx vió que la fuente principal de ganancia del capitalismo estaba cambiando de plusvalía absoluta a relativa. Pero incrementando la productividad del trabajo, el capitalista no obtiene directamente más valor. “Una jornada laboral de cierta duración crea la misma cantidad de valor de cambio, sin importar como puede variar la productividad “4. El incremento en la productividad sólo significa que este “valor dado es extendido a una mayor cantidad de productos.” Su mayor productividad no reduce el valor de los salarios de los trabajadores, al menos que el capitalista venda mercancías destinadas a ellos. Entonces ¿cuál es su motivación para invertir en esto?

Su incentivo proviene no tanto de la oportunidad de crear más valor como de la oportunidad de arrebatar más valor generado en otro lugar. De la posibilidad de una ganancia excedente. Surge “tan pronto como el valor individual de su producto cae por debajo su valor social y puede ser vendido, en consecuencia, por encima de su valor individual”. 5 El valor social es la cantidad de ttsn que, en una economía dada, es requerido para la producción de una mercancía específica y por lo tanto tiende a ser determinado por el promedio, los métodos predominantes de producción. Entonces quienes necesitan más ttsn para producir esa mercancía hacen una ganancia menor que la ganancia media y los que necesitan menos ttsn, obtienen una ganancia excedente . Es importante notar que esa ganancia excedente, resultado de un incremento de la productividad laboral, no es necesariamente una ganancia extra para el capital como un todo. El valor total, y por ende el poder adquisitivo total, no aumenta con este. Partiendo del supuesto de que la duración de la jornada laboral, el valor de la fuerza trabajo y la intensidad del proceso laboral se mantengan iguales, la tasa de producción de plusvalía se mantiene igual también. Como Marx lo veía, partiendo del supuesto de un sistema capitalista cerrado, toda pv = ttsn no remunerado y la ganancia total = la pv total. Por lo tanto, si el capitalista con la más alta productividad laboral no produce más pv pero recibe una ganancia mayor, ¿cuál es la fuente de su ganancia excedente?

Para Marx, por definición, ningún valor es creado fuera del proceso de producción6. Ninguna pv se origina en la fase de circulación, en la que las mercancías resultantes de la producción son compradas y vendidas, para ser improductivamente consumidas o empleadas como nuevas fuerzas productivas. Pero mientras que en la circulación no se crea pv, esta es redistribuida. El Mercado premia al capitalista que empuja el valor de la mercancía por debajo de la norma social. Pero lo premia con valor que proviene de otro lado, ya sea de competidores que están forzados a aceptar menos por el ttsn que usó para su propia producción, o de compradores que obtienen menos valor a cambio.

Esa recompensa era tan preciada que la búsqueda de ganancia excedente se volvió la fuerza motriz dominante de la acumulación capitalista. Como resultado, el capitalismo se convirtió en el terreno más fértil que haya habido para el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Cada capitalista no sólo tiene a las innovaciones tecnológicas (ganancia excedente) como un fuerte incentivo, también es forzado a adoptarlas. Los que fracasan en hacerlo, producen mercancías con un contenido de valor que es mayor al promedio social del valor de Mercado en el que son vendidas. Ellos por lo tanto hacen una ganancia menor al promedio y, cuando la diferencia crece, se van a la ruina. La ganancia excedente desaparece cuando la innovación tecnológica incrementadora de la productividad se generaliza y se vuelve norma social. Pero la búsqueda de la ganancia exedente continúa. Los capitalistas que consiguen mantener continuamente una tasa de crecimiento de la productividad más alta que la promedio, al igual que enteros sectores y países, obtienen continuamente ganancias excedentes, las cuales se originan como plusvalía producida en otro lugar.

El enfoque en la ganancia excedente a través de la innovación tecnológica, y su subproducto, el descenso resultante del valor de la fuerza de trabajo, y así, el incremento de la plusvalía relativa, cambiaron a la sociedad desde su raíz. Un nuevo, proceso específico de producción capitalista comenzó a tomar forma. Marx lo llamó “la transición a la supeditación real del trabajo” (o “dominación real del capital”) porque la tecnología permitió que la ley del valor penetrase profundamente en el proceso de trabajo. El capitalismo ahora no sólo dominaba los procesos de producción heredados del pasado sino que los reestructuró completamente. La ciencia y la tecnología lo hicieron posible pero su propio desarrollo, en consiguiente, fue más y más moldeado por la ley del valor, con el propósito de reducir el ttsn, para obtener ganancia excedente.

Gradualmente, el proceso de producción se volvió completamente diferente. El trabajador solía estar su centro, sus herramientas eran apéndices de sus brazos. Pero ahora la relación estaba invertida: el trabajador se volvió un apéndice de la máquina, que dictaba su ritmo de trabajo y todas sus acciones, que hacía a cada gesto medible como una cantidad de ttsn.

A primera vista, esta evolución sólo tiene beneficios para el capitalismo. Hace posible avances gigantescos en la productividad, en la capacidad de crear riqueza real. Esto a su vez permite reducir la parte de la jornada laboral empleada en trabajo necesario (para la reproducción de la fuerza de trabajo) y por lo tanto incrementa la parte que es el excedente de trabajo, que genera plusvalía. Además da al capitalismo el poder de extender su esfera, tanto internamente como externamente; para transformar a todo el mundo a su imagen.

Mientras que la transición a la dominación real es un largo proceso histórico que continúa hasta nuestros días, su punto final teórico se acerca escalofriantemente a lo que estamos viviendo, un mundo en el cual la ley del valor penetra todas las partes del planeta, todos los aspectos de sociedad civil, transforma cada objeto, cada actividad en una mercancía, absorbe cada emanación de la vida social, política y cultural en la tela del Mercado.

Aunque esta transición fue tan beneficiosa para la extensión de la ley del valor, también rompió la armonía dentro del valor mismo.

“Por un lado, despierta todos los poderes de la ciencia y de la naturaleza… con tal de realizar la creación de riqueza (relativamente) independiente del tiempo de trabajo empleado en ello. Por otro lado [la ley del valor dicta] usar el tiempo de trabajo como el medidor de las gigantes fuerzas creadas de ese modo, y de encerrarlas dentro de los límites requeridos para mantener el valor ya creado como valor.” 7

El valor de uso y valor de cambio, los dos aspectos de la mercancía, se trastornan. Los valores de uso crecen en forma exponencial a través de la tecnificación, proceso en el que el trabajo vivo es substraído, reemplazado por la tecnología. Pero el crecimiento del valor de cambio requiere que fuerza de trabajo viva sea adicionada. La tasa de crecimiento exponencial de los valores de uso también entró en colisión con la estrecha base sobre la que se apoyan las condiciones de consumo en el capitalismo.

El capitalismo surge de las condiciones de escasez y las presupone. La abundancia lo enferma, porque la abundancia en el capitalismo sólo puede significar sobreproducción. Sin escasez, no puede “mantener al valor ya creado como valor”.

La caída inevitable de la tasa de ganancia

Las semillas de la autodestrucción periódica del capital ya estaban contenidas en la misma forma del valor pero brotaron como resultado de la transición a la dominación real del capital. La productividad es ahora determinada, no por la cantidad de tiempo de trabajo empleado en la producción sino por la aplicación de la ciencia y la tecnología, puesta en movimiento y conducida por el trabajador colectivo. El crecimiento productivo crea una tensión en direcciones opuestas. Por un lado, incrementa la parte no remunerada de la jornada de trabajo (plusvalía relativa), y por otro lado, disminuye el trabajo vivo en la producción, del cual la plusvalía nunca puede ser más que una parte. Entonces, mientras que algunas veces la primera presión es más fuerte y la tasa de ganancia asciende, a la larga, la tendencia a la caída de la tasa de ganancia domina, porque no hay un límite inmanente con el grado hasta donde puede caer el valor de una mercancía, donde el proceso de producción puede continuar en base al trabajo pasado con cada vez menos trabajo vivo; mientras que para la plusvalía relativa, “su barrera siempre sigue siendo la relación entre la parte fraccional de la jornada que expresa el trabajo necesario y la jornada de trabajo entera. Sólo puede moverse dentro de esos límites.” 8

Por lo tanto a la larga, el aumento de la tasa de plusvalía no puede detener la tendencia a la caída de la tasa de ganancia. Lo que al capitalista le parece ser la cura, hace enfermar al capitalismo. Confrontado con una tasa de ganancia en descenso, el incentivo del capitalista para disminuir el valor individual de su producto debajo del valor social, se vuelve más grande. Al realizarlo, reduce aún más el trabajo vivo en la producción, del cual la pv no es más que una parte.

La disminución del trabajo vivo en la producción significa que cuanto menos trabajo vivo es puesto en movimiento, tanto más trabajo pasado. La mercancía contiene cada vez menos valor, y la parte de ese valor que representa el consumo de trabajo pasado continuamente tiende a aumentar en relación al nuevo, trabajo vivo. Eso también significa que más y más trabajo pasado es requerido para adicionar trabajo vivo, la fuente de la plusvalía. Cada vez más capital es necesario para poner en movimiento a las fuerzas productivas; el umbral para la formación de capital es continuamente elevado. Donde el umbral no es alcanzado, las fuerzas productivas que podían ser empleadas cuando este umbral era más bajo, permanecen paralizadas.

Pero mientras la tecnificación (o el alza en la “composición orgánica del capital”- coc -, la proporción entre trabajo pasado/ trabajo vivo) en la producción frena la creación de valor de cambio, también abarata las mercancías necesarias para el siguiente ciclo de producción, como todos los demás. Entonces este ciclo siguiente requerirá relativamente menos valor que el anterior. Ya hemos visto que el abaratamiento de los bienes de consumo disminuye el valor relativo de salarios (aunque compren más valores de uso) y así incrementa la plusvalía relativa. El abaratamiento de los bienes de producción (o capital constante) no crea directamente más valor para el capital pero, reduciendo la necesidad de valor también contrarresta el impacto de la creciente coc sobre la tasa ganancia. Sin embargo, el valor de cambio debe crecer, aunque los costos de producción caigan. El capitalismo es producción para ganancia y la ganancia “expresa el incremento de valor que el capital total recibe al final de los procesos de producción y circulación por encima del valor que poseía antes de ese proceso de producción, cuando entró en el” 9 El valor del capital adelantado debe aumentar, esa es la meta de todo el esfuerzo. La devaluación del capital constante es un ahorro de costos para los capitalistas que deben comprarlo, pero para quienes lo tienen que vender esto significa que la fuente de su ganancia se ha reducido, ya que esta devaluación expresa el hecho de que su producción requirió menos trabajo vivo.

El capital adelantado para su producción sufre una perdida, su tasa de ganancia cae y, por lógica del Mercado, la igualación tendencial de la tasa de ganancia extiende su perdida sobre toda la economía 10.

La dominación real significa crecimiento productivo basado en la reducción de ttsn en la producción, en una reducción relativa de la creación del nuevo valor. El mismo proceso explica porque, para poner en movimiento fuerza de trabajo adicional, más trabajo pasado es requerido; porque el umbral del capital es continuamente elevado. En el capitalismo actual, los “costos de empeine” no sólo implican costos de producción – en realidad, estos disminuyen tendencialmente en relación a los otros costos. Para los automóviles, estos han disminuido a menos del 60% del costo total del producto (comparado con el 85% en 1925), para los semi-conductores al 14%. Gastos enormes en márketing son necesarios para competir en el mundo de hoy. Una compañía como Nike paga sumas considerablemente mayores a las celebridades que aparecen en sus comerciales que a los trabajadores que hacen los zapatos. Estos costos de empeine improductivos también incluyen – mediante impuestos – una parte de los muchos costos imprevistos (faux frais) que el capitalismo tiene que cubrir para mantener el control de la sociedad. De esta manera el alza del umbral implica una tendencia al crecimiento de la concentración del capital.

La caída de la tasa de ganancia por un lado, y el alza del umbral para la formación de capital por el otro, hacen de las crisis una necesidad para la continuación de la acumulación capitalista. Las crisis hacen que los capitales existentes pierdan su valor y mientras que esto es desastroso para ellos, esta desvalorización también significa que el valor de las fuerzas productivas, especialmente el capital constante, cae en relación al valor creado por su consumo productivo. Las crisis por lo tanto restauran la tasa de ganancia y así, las condiciones para una nuevo ciclo de acumulación.

Es por eso que la tendencia a la caída de la tasa de ganancia toma una forma cíclica, en vez de ser una progresión lineal que lleva al capitalismo a un punto crítico x, donde la acumulación se vuelve imposible. Por eso, esto no explica porque la crisis en algún punto debe volverse un colapso mundial para la economía capitalista, tanto más cuanto que no afecta a todos los capitales por igual. La competencia en el Mercado afecta a la redistribución de la plusvalía, la cual premia a los competidores más fuertes, quienes tienen una mayor capacidad que el promedio para llevar al valor individual de su producto por debajo del valor del mercado, con ganancias excedentes. Las crisis por lo tanto afectan a los competidores débiles primero y su colapso fortalece a los más fuertes quienes los engullen a un bajo precio y se apoderan de su parte del mercado.

Pero el declive tendencial de la creación de plusvalía en la producción no es la única forma en la cual el conflicto dentro de la forma de valor, entre el valor de cambio y el valor de uso, crea obstáculos para la acumulación de capital.

Como la contradicción afecta la realización del valor

La acumulación del capital es un proceso de autoexpansión en el cual la plusvalía es producida, y por tanto realizada, de tal manera que produce más plusvalía. Marx analizó, principalmente en el segundo volumen del Capital, como funciona este ciclo de autoexpansión. No es sorprendente que sea la única parte de esta teoría que recibió elogio de los economistas burgueses 11 quienes vieron en ella una demostración de que un capitalismo bien administrado puede crecer para siempre. Pero no todos los Marxistas estuvieron de acuerdo con él. Rosa Luxemburgo afirmó que el capitalismo sólo podía expandirse si realizaba la plusvalía destinada a la expansión fuera del capitalismo, en un mercado extracapitalista. Su confusión básica era que transpuso el problema de la realización del capitalista individual al capital como un todo. Para poder utilizar su plusvalía para expandir su producción, el capitalista individual no puede consumirlo todo el mismo; debe venderlo para transformarlo en dinero para comprar nuevos bienes de producción y nueva fuerza de trabajo. Necesita un comprador externo. Ese no sería el caso sin embargo, si hubiera producido el mismo todos los bienes de producción y consumo que necesitó para su reproducción expandida. Ese es el caso para el capital total. Su plusvalía contiene todos los elementos que necesita para expandirse. Los posee desde un comienzo y por ende no necesita un comprador externo de por sí; lo que necesita es su circulación fluida dentro del capitalismo. Necesita dinero para crecer a un ritmo que lo mantenga en equilibrio con el crecimiento del valor que circula.

Sin embargo, el análisis de Marx de la reproducción expandida, en vez de comprobar que el capitalismo puede crecer indefinidamente, lleva a la conclusión de que esta expansión es dependiente del establecimiento de varios equilibrios, proporcionalidades en la producción y circulación, cuya interrupción impide la acumulación. Estos mantenimientos de equilibrio son obtenidos a través de la ejecución de la ley del valor, a través de la determinación mutua de la producción y del mercado 12. Su interrupción es una posibilidad constante aunque la tendencia al equilibrio es constante también, mientras que el desarrollo capitalista y la ley del valor estén en armonía, mientras que el valor de cambio y el valor de uso funcionen en tándem. Cuanto más se desarrolla la dominación real, menos se da ese caso. El crecimiento exponencial de valores de uso hace que la realización del valor de cambio que contienen sea cada vez más problemática. “La autorrealización del capital se vuelve más difícil en la medida en que ya ha sido realizado”. 13

Examinaré brevemente los tres equilibrios que son cruciales para la acumulación del capital:

  • entre sectores de producción

  • entre el consumo productivo e improductivo

  • entre el dinero y todas las otras mercancía

1.Entre sectores de producción

Hay un equilibrio necesario entre todo sector de la producción y el resto de la economía, pero el desarrollo simbiótico puede ser examinado con más claridad cuando dividimos la producción capitalista en un Departamento I (la producción de bienes de producción) y Departamento II (la producción de bienes de consumo ). Para el crecimiento del capital total, un equilibrio entre estos es necesario, no sólo en el valor de cambio, sino también en valores de uso: “La transformación de una porción del valor del producto de nuevo en capital, la entrada de otra parte en el consumo individual de las clases capitalista y trabajadora, forma un movimiento en el valor del producto, del que el capital total ha resultado, y este movimiento no es sólo una sustitución de valores, sino una sustitución de materiales, y por lo tanto está condicionado no sólo por las relaciones mutuas de los componentes de valor del producto social, sino también por sus valores de uso, su forma material “. 14
Si el Dep.I produce más capital constante de lo que este y el Dep.II necesitan para su reproducción extendida, queda atascado con un residuo invendible. El valor que entró en su producción se desperdicia, para el capitalista, así como para el capital total. Asimismo, la expansión del Dep. II está confinada por la demanda del Dep. I. Esto no quiere decir que deben crecer al mismo ritmo. Teniendo en cuenta la tecnificación (el crecimiento de la COC), en la dominación real, el Dep.I debe crecer más rápidamente que el Dep. II, y la parte relativa de su plusvalía que se realiza dentro de ese mismo departamento, crece así igualmente. El Mercado se hace cargo de este equilibrio dinámico, castigando la sobreproducción con desvalorización, y premiando la inversión en los mercados descapitalizados. Trasladando el capital, situando la fuerza de trabajo.

Pero en la dominación real, con la búsqueda de la ganancia excedente a través de la tecnificación como conductor del proceso, se produce una distorsión. Los capitalistas comienzan a expandirse como si no hubiera ningún límite para su mercado. Es cierto que la tendencia a hacerlo ya existía bajo la dominación formal. “Hace su aparición tan pronto como el objetivo inmediato de la producción es producir tanta plusvalía como sea posible, tan pronto como el valor de cambio del producto se convierte en el factor decisivo. Sin embargo, esta tendencia inherente de la producción capitalista no se realiza en forma adecuada – no se convierte en algo indispensable, y esto también significa tecnológicamente indispensable, hasta que el modo específico de producción capitalista y por lo tanto, la subsunción real del trabajo al capital, se ha convertido en una realidad. ” Ahora, “en lugar de que el nivel de producción este controlado por las necesidades existentes, la cantidad de productos elaborados está determinada por el nivel de producción, en constante aumento, dictado por el modo de producción mismo.” 15

Cuanto más se desarrolla el capitalismo, más derrochador se vuelve. ¿Cómo y por qué los capitalistas pasan por alto lo que les indica el Mercado? Ellos sólo pueden hacer esto, por supuesto, dentro de los límites que están proscriptos por la cantidad de sus ganancias excedentes. Los capitalistas elevan su coc y con ello, su capacidad productiva, por la ganancia excedente que obtienen cuando reducen el valor individual de su producto por debajo del valor del Mercado. Ellos pueden absorber cierta sobreproducción y aún mantenerse al frente. Y sus competidores se ven obligados a hacer lo mismo por mera auto-consevación.

¿Cómo afecta esto el equilibrio entre los departamentos? Las ganancias excedentes son obtenidas mediante la tecnificación. Su mayor capacidad inherente para el cambio tecnológico ofrece una ventaja al Dep.I. Las innovaciones tienden a fluir del Dep.I al Dep.II. Ya este margen es una fuente de ganancia excedente y por lo tanto una causa de sobre-acumulación en el Dep. I. Pero la razón principal por la que el Dep.I es llevado a la sobre-acumulación durante el dominio real, es que la competencia obliga a los capitalistas a comprar nueva tecnología que aumenta la productividad, incluso si las máquinas que están utilizando están lejos de ser obsoletas. Estas máquinas han transferido sólo una parte de su valor a los nuevos productos pero pierden todo su valor restante. Marx llamó a esto “depreciación moral”. Para el capital como un todo, esto no es realmente diferente a la sobreproducción. Cuanto más avanzaba la transición a la dominación real, más se convertía esa depreciación moral en un fenómeno masivo, acelerado en tiempos de rápido cambio tecnológico.Por ejemplo, en las últimas décadas, la capacidad de los chips de las computadoras se ha cuadruplicado cada 3 años aproximadamente, lo que significa que las empresas, para mantener su competitividad, tienen que reemplazar sus sistemas informáticos regularmente, mucho antes de que estén desgastados. El equilibrio establecido por el Mercado entre los departamentos de producción viola cada vez más el equilibrio requerido para su sano desarrollo simbiótico.

2.Entre el consumo productivo e improductivo.

La demanda productiva tiene límites. No crece automáticamente porque aumenta la capacidad productiva. Si, por ejemplo, la capacidad productiva de un productor de cuchillos aumenta, mientras que todos los demás permanecen igual, el productor de cuchillos, o bien sobre-produce, o se hace de nuevos clientes a expensas de los otros productores, o encuentra nuevos mercados, pero ninguna de las dos últimas alternativas “depende de su buena voluntad, ni de la mera existencia de una mayor cantidad de cuchillos”. Y si todos los otros capitales acumulan en la misma proporción que el productor de cuchillos, “esto no tendrá como consecuencia que ellos necesiten ni un uno por ciento más de cuchillos, debido a que su demanda de cuchillos no está ligada en absoluto a la expansión de su propio producto, ni a su mayor capacidad para comprar cuchillos. “16

La demanda productiva es la demanda de bienes de producción (capital constante) y de bienes de consumo que los trabajadores necesitan para mantener su fuerza de trabajo. La finalidad de esta última es la más clara. La continua disminución del valor de los productos que definen el valor de la fuerza de trabajo ha permitido aumentar la masa de estos productos, y el modo en que la dominación real cambió la sociedad y por lo tanto las necesidades, hace que esto también sea necesario. Sin embargo, siguen teniendo una cantidad limitada, que no se define tanto por la capacidad productiva como por las que siguen siendo necesidades humanas básicas: vivienda, alimentación, cuidado de la salud, etc. No hay ninguna razón para el capitalista para que él pague al trabajador más que eso, mientras pueda encontrar otro trabajador dispuesto a trabajar por no más que el valor de la fuerza laboral. A los capitalistas que fabrican bienes de consumo les gustaría que la demanda de todos los trabajadores aumente por sobre el valor de su fuerza de trabajo, pero ninguno de ellos está dispuesto a dar el buen ejemplo a expensas de su propia ganancia. Todo lo contrario. Su impulso es disminuir el salario dejándolo por debajo del valor de la fuerza de trabajo. Su impulso es aumentar su productividad, hacer más con menos trabajo vivo,y de este modo, retringiendo el crecimiento de la demanda productiva de bienes de consumo.

Al mismo tiempo, esto aumenta el crecimiento de la demanda de capital constante. Esto implica también un creciente número de transacciones dentro del Dep.I, haciéndolo menos dependiente de la demanda del Dep.II para la realización de su plusvalía. Sin embargo, esto no significa que no hay límites para el crecimiento de la demanda de capital constante. El valor de cambio permanece vinculado al valor de uso, y por lo tanto al consumidor final, sin importar cuantos pasos se haya alejado de este, en un sistema de producción cada vez más complejo. “El capital constante no se produce nunca para sí mismo, sino sólo porque más de este es necesario en las esferas de producción cuyos productos entran en el consumo individual.” 17. Así, a pesar de la depreciación moral, el crecimiento exponencial de los valores de uso se convierte también en un obstáculo para la realización del valor de cambio producido en Dep.I. “Cuanto más se desarrolla la productividad, más queda reñido [el capitalismo] con la estrecha base sobre la que se apoyan las condiciones del consumo”. 18

Sin embargo, la demanda potencial de productos que son improductivamente consumidos, es infinita. Sólo la imaginación pone límites a la mercantilización de los deseos y siempre hay un deseo de más armas y más lujo, de más símbolos de estatus. Además, cuanto más se desarrolla la sociedad capitalista, más desarrolla esta una necesidad de todo tipo de trabajo improductivo y por lo tanto un mercado en expansión para el consumo improductivo. Pero nadie negaría que el capital desembolsado para producir los bienes para satisfacer las necesidades de los burócratas, policías y los pobres, que siguen sin ser empleados pero siguen exigiendo sobrevivir, proviene de la tributación del resto de la economía. Del total de la plusvalía. Por lo tanto, difícilmente puede ser visto como una contribución a la acumulación del capital total. Para la determinación del valor de cambio de una mercancía, las preguntas: ¿cuál es su valor de uso específico?, ¿por quién es consumido? y ¿con qué fin? son irrelevantes. Pero cuando se observa la acumulación del capital total, son cruciales. “Si la acumulación va a ser llevada a cabo, parte del producto excedente debe ser transformado en capital. Pero, a menos que se dé un milagro, sólo aquellas cosas que son utilizables en el proceso de trabajo, (es decir, los medios de producción), pueden ser transformadas en capital, y además los artículos que son adecuados para el mantenimiento del trabajador (es decir, los medios de subsistencia). (…) En una palabra, la plusvalía sólo es convertible en capital, porque el producto excedente, del cual es su valor, ya contiene los componentes del nuevo capital. “19

Sin embargo, el consumo improductivo es “absolutamente necesario para un modo de producción que genera riqueza para el no-productor y que, por lo tanto, debe suministrar esa riqueza en formas que permiten la adquisición, sólo para aquellos que disfrutan.”20 No todo el valor puede ser reinvertido , teniendo en cuenta la finalidad de la demanda productiva. La acumulación requiere que una porción del valor creado tome forma de valores de uso específicamente diseñados para el disfrute de los ricos. Con el aumento continuo de la productividad, el producto excedente crece continuamente, y la parte de ese producto excedente que es consumida improductivamente, también puede crecer. Y debe hacerlo, para que la plusvalía creada en su producción se realice y pueda volver a entrar, como dinero que puede ser productivamente invertido, en la corriente sanguínea del capital. Pero una vez más, se requiere un equilibrio, tanto en el valor de cambio como en valores de uso. El crecimiento del consumo improductivo está ligado al crecimiento de la producción de plusvalía y por lo tanto al crecimiento del consumo productivo. Por eso, no puede compensar una disminución de este último. Menor consumo productivo significa menor producción de plusvalía y por tanto menos plusvalía disponible para el consumo improductivo.

En teoría es posible alcanzar un equilibrio ideal entre el consumo productivo y el improductivo, así como entre el Dep.I y el Dep.II. Las fuerzas del Mercado lo establecen tendencialmente, pero en ambos casos, la dominación real conduce a un desequilibrio que tiende a ir en aumento. Hemos visto anteriormente como la búsqueda de la ganancia excedente crea una sobre-acumulación estructural de bienes de producción, una creciente pérdida de valor. Hoy en día, los cadáveres industriales a nuestro alrededor nos muestran la realidad de la depreciación moral, de la inestabilidad del valor.
La sobre-expansión del consumo improductivo es también un sello distintivo de la dominación real. Desde que comenzó la transición hacia la dominación real, hemos visto una expansión constante del “sector público” (no sólo en términos absolutos sino también como parte de la economía nacional), que es, no enteramente pero en gran medida, improductivo. Consume una parte creciente del valor total pero, en su mayor parte, no crea ninguno. Lo que también vemos es que los capitalistas deben dedicar una parte cada vez mayor de su presupuesto a gastos (márketing, seguros, etc), que no agregan valor al producto, pero que deben ser calculados en su precio. La dominación real requiere costos cada vez más improductivos, para manejar los obstáculos que esta misma crea.

La transición a la dominación real no es sólo una expansión, que extiende el campo del valor y absorbe a todo el mundo en el, es también un proceso de expulsión del trabajo vivo de la producción. A medida que integra, despide. Hoy se ha expulsado a más de dos billones de trabajadores potenciales del mercado de trabajo. El costo improductivo que surge para manejar este exceso de población, para prevenir explosiones sociales, pandemias etc, crece constantemente. Y eso es sólo una pequeña parte del costo improductivo total que el capitalismo debe dedicar para controlar, castigar, aislar, aletargar, engañar, vigilar, tirotear, destruir, etc. Cuanto más se agraba la contradicción entre valor de cambio y valor de uso, cuanto más pasa a primer plano la caída tendencial de la tasa de ganancia y la finalidad del consumo productivo, tanto más el capitalismo tiene que gastar improductivamente, para mantener su control sobre la sociedad.

3. Entre el dinero y todas las demás mercancías.

“Una mercancía oculta la contradicción entre el valor de uso y el valor de cambio. La contradicción se desarrolla más (..) y se manifiesta en la duplicación de la mercancía en mercancía y dinero. “21
Esta duplicación se inició cuando el dinero se convirtió en el intermediario de la circulación de bienes, cuando el intercambio de mercancías M-M se convirtió en M-D-M. El valor total de la producción tomó ahora la forma de mercancías y dinero, la mercancía general, universal, que representa el valor de cambio ante todos los otros productos. Esta duplicación no significa una duplicación del valor. El dinero no es una fuente de valor, sino su representación. El valor del dinero en circulación es idéntico al valor de las mercancías en circulación, como lo muestra el hecho de que, cuando su cantidad aumenta más rapidamente que el segundo, el dinero se devalúa y da lugar a la inflación.

La sociedad se reproduce a través de un ciclo de M-D-M, que también es, cuando tomamos otro punto de partida, un ciclo de D-M-D. De eso se trata la acumulación: el dinero es transformado en mercancías productivas, a fin de convertirse en (más) dinero nuevamente. En M-D-M el dinero sólo sirve de agente de cambio y permanece constantemente cercado por la circulación de mercancías, mientras que las mercancías han sido retiradas de la misma y son consumidas. Pero en D-M-D el dinero ya no es un medio sino un fin en sí mismo. Se hace evidente que es algo más que un instrumento de la circulación, que puede salir de ella y adquirir una existencia aparentemente independiente como reserva de valor. El dinero no es sólo una mercancía general, mediadora en el intercambio, sino también una mercancía particular que puede ser extraída de la circulación como cualquier otra.

Pero ¿por qué no pierde su valor cuando es desconectado de su circulación, ya que, como simple papel, y hoy por hoy ni siquiera eso, no tiene ningún valor en sí mismo? La respuesta es que el valor total de una economía capitalista no sólo consiste en el valor en circulación, sino también en el capital financiero que es, en esencia, el capital productivo latente que en algún momento posterior se transforma nuevamente en bienes productivos. Porque, visto a largo término, es formativo de nuevo valor, sigue representando un valor real a pesar de que ha dejado momentaneamente la circulación del valor. Este capital productivo latente es absolutamente necesario para la reproducción expandida – ¡imagina un capitalismo sin ahorro o sin crédito! – y su tamaño debe ser cada vez mayor bajo la dominación real, dado el incremento de la COC, del nivel de producción y del nivel del umbral de la formación de capital.

En teoría,nuevamente, hay un equilibrio ideal posible entre el dinero por un lado y, por otro lado, el valor en circulación más el valor del capital productivo latente. En la práctica, raramente se ha conseguido. Su forma original, el metal precioso, restringía el crecimiento desequilibrado del dinero, a pesar de que hacía que su cantidad dependiera del volumen de producción de las minas de oro y plata, en lugar de depender de las necesidades de circulación del valor. El dinero-autorizado, con un “valor” establecido por el Estado, eliminó esta disciplina externa impuesta sobre la creación de dinero, pero también hizo casi inevitable que creciera en forma desequilibrada, que el Estado tratase de resolver sus problemas tirándoles dinero . Pero, el Mercado castiga esto desvalorizando el dinero. El potencial de la inflación para arruinar una economía ya ha sido experimentado tantas veces que casi no necesita ser explicado en detalle.

Pero el desequilibrio no sólo es creado por un crecimiento excesivo del dinero en circulación. El dinero en el Tesoro también puede crecer mucho más allá del valor real de la capacidad productiva latente de la economía. Eso es lo que sucede cuando la caída de la tasa de ganancia, la sobreproducción estructural de tecnología, el agotamiento de la demanda productiva y el peso creciente del consumo improductivo, establecen las condiciones para ‘una perfecta tormenta’.
La primera fase de la tormenta es una creación masiva de capital ficticio. En el ciclo del capital, la fase M-D, la transformación de mercancía en dinero, siempre debe continuar. El propietario de las mercancías, ya sea la tecnología, los bienes de consumo o la fuerza de trabajo, no puede optar por no vender este año. Pero en ese mismo ciclo, la fase D-M, la transformación de dinero en mercancía, no tiene que continuar. El dinero puede seguir siendo dinero. Estacionando su valor en el Tesoro. Parece que “la mercancía imperecedera”, y más aún los otros productos, muestra cuan perecedero es su valor, cuanto más deseable se vuelve.

Como mercancía particular, en competencia con todas las demás por la demanda total, el dinero tiene una ventaja inherente, ya que “satisface todas las necesidades, en la medida en que puede ser cambiado por el objeto deseado de cada una de las necesidades, independientemente de cualquier particularidad. La mercancía posee esta propiedad sólo a través de la mediación del dinero. El dinero la posee directamente en relación con todas las otras mercancías, por lo tanto, en relación con todo el mundo de la riqueza, la riqueza como tal. ” 22


Cuanto más se combina una caída de la tasa general de ganancia con un agotamiento de la demanda productiva, menos son las posibilidades de transformar el dinero en mercancías y el resultado es más dinero. Por lo tanto cae el incentivo para llevar a cabo D-M. Más D permanece D. El incentivo para convertir mercancías en puro valor de cambio es más fuerte que el incentivo para reconvertir el valor de cambio en valores de uso, y de este modo, deprime además la demanda productiva. La creciente demanda de activos financieros eleva sus precios, lo que parece confirmar no sólo que el dinero es un bien imperecedero, sino también que su valor puede crecer por sí mismo, lo que aumenta su demanda.

Los primeros en ser afectados por esto son los competidores más débiles, por lo tanto, el dinero fluye de ellos hacia el centro del sistema económico. La creciente naturaleza global de este último acelera esta tendencia. Stephen Roach, el economista-jefe de Morgan Stanley estimó en el 2004 que el 80% de los ahorros netos del mundo fluyeron a los EE.UU. 23. Donde fueron más que bienvenidos. La forma en que el sector financiero estadounidense y británico en particular, inventaron nuevas ‘mercancías’ financieras e inflaron sus precios, acomodando así la demanda de refugio del capital global, ha sido suficientemente documentada en otros sitios24. Esto ha sido muy rentable para ellos. Pero uno no tiene que ser marxista para observar que el crecimiento vertiginoso del “valor” del capital financiero, a un ritmo muy por encima de la expansión de la economía real, se debió a una verificación de la realidad.

Así comienza la segunda fase de la tormenta, la implosión de la burbuja. El valor en el Tesoro parece no ser tan imperecedero, después de todo. La falta de producción y realización de nuevo valor expone su disfuncionalidad como capital productivo latente.Cuanto más se desarrolla la contradicción, tanto más debe devalorizarse. El valor existente “estacionado” en el Tesoro, no puede mantenerse a sí mismo como valor. La clase capitalista de hoy está teniendo el mismo tipo de debates que en la década de 1930. “Tenemos que nadar contra la corriente deflacionaria y apuntalar la demanda para que el crecimiento de la economía real restaure la confianza en el Tesoro! Pero sólo podemos hacer esto mediante la creación de deudas que van a aplastarnos! “Ambos aspectos de ese argumento son verdaderos. Y no hay solución. Debido a que el incentivo para llevar a cabo D-M no puede ser forzado. El gasto del gobierno no puede hacer aumentar la tasa de ganancia, no puede inventar la demanda productiva. El incentivo para buscar refugio de la inversión productiva en el Tesoro, no puede ser detenido. Cualquier reflación económica, en la medida que tiene éxito, es una reflación de la burbuja.
Esto nos lleva a la tercera fase de la tormenta.


El metabolismo entre el capitalismo desarrollado y su entorno


El capitalismo no ha crecido en un laboratorio. Ninguna imagen clara de su desarrollo y su estado actual puede ser extraída sin tener en cuenta el metabolismo del capitalismo con el mundo no-capitalista en el cual surgió, así como el metabolismo entre el capitalismo desarrollado y las regiones subdesarrolladas del mundo.

La relación inicial puede resumirse en una palabra: la expropiación. Con el fin de producir plusvalía, el capital necesitaba recursos. Para tener libre acceso a ellos, estos tuvieron que ser mercantilizados, tuvieron que ser convertidos en capital constante y capital variable. La matriz feudal de la que proviene el capitalismo, tuvo que ser destruida. Este proceso fue muy brutal. Las materias primas fueron saqueadas. Los productores independientes fueron despojados de sus medios de producción para obligarlos a convertirse en proletarios. La historia de este proceso, señaló Marx, “está escrita en los anales de la humanidad con letras de sangre y fuego” 25. Él la llamó “la acumulación primitiva”, porque, lógicamente, y más o menos también históricamente, precede a la acumulación capitalista real, basada en la producción de plusvalía, y hace que esta última sea posible. La vió como una muleta que el capitalismo necesitaba para poder ponerse en pie, tras lo cual podría prescindir de ella.

Sin embargo, la acumulación primitiva, en el sentido de obtener valor a partir de otras fuentes distintas de la plusvalía, nunca terminó. El saqueo no pasó de moda por la autoexpansión del capitalismo, ya que es un excelente tónico contra la caída tendencial de la tasa de ganancia. La moral del capitalismo no ha cambiado. Se ha estimado que el saqueo de caucho y de recursos humanos en el Congo, organizado por el rey Leopoldo II de Bélgica a fines del siglo XIX, costó la vida de 10 millones de personas. Hoy en día, no se extrae más caucho en el Congo, pero sigue habiendo importantes recursos minerales, cuyo saqueo y las guerras que engendra, otra vez cobra la vida de millones de personas.
El capitalismo interactuó con el mundo no-capitalista, no sólo a través de expropiación, sino también a través del intercambio. Debido a su mayor productividad, el intercambio fue siempre a su favor. Esto también es válido para el intercambio entre el capitalismo desarrollado y sus partes subdesarrolladas, entre el capital con una alta COC y de alto crecimiento de la productuvidad y el capital con una baja COC y de bajo crecimiento de la productividad. El intercambio rinde una ganancia excedente para el primero porque “hay competencia con las mercancías producidas en los países con menos facilidades de producción, por lo que el país más avanzado vende sus mercancías por encima de su valor (..) Al igual que un fabricante que cuenta con un nuevo invento antes de que se generalice su utilización, vende más barato que sus competidores y, a pesar de esto, vende su mercancía por encima de su valor individual (..). Se asegura así una ganancia excedente “. 
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Pero la dominación real, y la tecnificación de la sociedad que conlleva, inevitablemente crea una tendencia al aumento del intercambio entre los capitales desarrollados. Cuanto más tecnificada se vuelve la sociedad, más tecnificados se vuelven los valores de uso que esta necesita, los productos de un complejo proceso de producción, y en consecuencia, en este mercado encajan menos los productos, de los productores no-capitalistas en primer lugar, y posteriormente, de la producción capitalista con baja COC.

Así que bajo la dominación real, el metabolismo entre el capitalismo desarrollado y la producción no-capitalista/de baja COC, cae tendencialmente y, por tanto, se vuelve menos eficaz para contrarestar la caída de la tasa de ganancia, mientras que también pierde importancia como fuente de demanda.
Pero la dominación real, también causa otra tendencia ineludible que tiene el efecto contrario. Esto implica una extensión cada vez mayor del nivel de producción que trae consigo un alcance cada vez mayor de la ley del valor. El alcance fue hacia el interior, mercantilizándolo todo, encontrando una fuente de producción de valor en todo tipo de prácticas sociales, y fue hacia el exterior, a los rincones más alejados del mundo. Este movimiento de extensión contraresta, en sí mismo, las contradicciones del capitalismo, porque el esfuerzo compromete al capitalismo desarrollado con su entorno, incrementando el metabolismo.

Pero aunque ineluctable como tendencia, la extensión del nivel del capitalismo se encontró con varios obstáculos. En primer lugar, lógica e históricamente, fue la falta de desarrollo de la producción capitalista misma y, en particular, de sus medios de transporte y comunicación (MTC). El desarrollo de estos últimos (del ferrocarril a Internet) siempre ha sido un factor decisivo en las fases extensión de nivel aceleradas y, por tanto, de un incremento del metabolismo. En segundo lugar, está la intervención del poder del Estado, obstruyendo la ley del valor. Mientras que el nivel de extensión era tal que la gran mayoría de la producción era destinada al mercado interno, el proteccionismo tenía mucho sentido en aquellos países donde las condiciones para un despegue industrial estaban dadas. Sin duda, ayuda a entender como los EE.UU. y Alemania pudieron convertirse en los principales países industriales a finales del siglo XIX. Pero una vez que el nivel de la mejora ha alcanzado el punto en que el mercado interno es insuficiente para el capital nacional , el punto en el que las empresas llegan a ser tan grandes y productivas que necesitan un mercado internacional más amplio para realizar su plusvalía, el proteccionismo se vuelve contraproductivo (aún así, después de toda su experiencia negativa con este, el capitalismo no está inmunizado contra su sigiloso retorno. Cuando este se lleva acabo, señalara una huida, un paso hacia la guerra). En tercer lugar, el nivel de extensión requiere dinero para expanderse con el, que sea capaz de funcionar a escala internacional: una moneda internacional. En varios puntos de la historia del capitalismo, la estrecha base del dinero (los metales preciosos) o su crecimiento arbitrario y por lo tanto su inestabilidad (moneda fiduciaria) impidieron que fuera realizado el potencial tecnológico del nivel de extensión. En cuarto lugar, están los límites físicos del planeta. Estos límites no son completamente rígidos: el progreso tecnológico permite el uso más eficiente de los recursos finitos existentes. Pero cuanto más se expanden, más difícil se hace ampliarlos aún más, su expansión es más marginal en relación con las necesidades del sistema. Cuando todo el mundo funciona sobre la base de la ley del valor, no hay territorio virgen que pueda ser inventado para el saqueo del capital y para que la ley del valor penetre y establezca el metabolismo que contraresta las contradicciones del capitalismo.

Al final, no hay nada que el capitalismo pueda hacer contra este cuarto obstáculo, aunque en varios períodos de su historia haya sido capaz de hacer considerables progresos para superar los tres primeros. Esto fue muy notable en el caso del período posterior a la Segunda Guerra Mundial. Con el dólar, como moneda internacional expansiva, todavía estable, con la fuerte reducción del proteccionismo en la vasta economía del dólar, y con los costos de los MTC que cayeron abruptamente cuando las nuevas aplicaciones tecnológicas, frenadas por la guerra, fluyeron en la economía, una extensión del nivel se llevó a cabo, lo que activó los factores que contrarestan las contradicciones del capitalismo y por lo tanto produjeron, durante más de un cuarto de siglo, las cifras de mayor crecimiento que el capitalismo haya conocido jamás.

Lo que ha dado en llamarse “globalización” fue otro ejemplo de la confluencia de factores políticos y tecnológicos, que ampliaron el terreno para el capital desarrollado y, de este modo, suavizaron sus contradicciones. El colapso del bloque ruso y la eliminación de otros obstáculos al libre comercio por un lado y, por otro, la difusión de la tecnología informática y la caída de los costos de los MTC que esta tecnología ayudó a provocar, reavivó el metabolismo. Así lo hizo, principalmente, con la creación de un potencial sin precedentes para combinar la tecnología y los métodos de producción del capitalismo desarrollado con la fuerza de trabajo, cuyo valor está determinado por las condiciones de vida en los países subdesarrollados. Esto elevó la tasa de plusvalía de otros capitales tanto directa- como indirectamente, mediante la reducción del valor de las mercancías que sus trabajadores necesitan, elevando así la pv relativa y, de ese modo, contrarestando de la caída tendencial de la tasa de ganancia. Así, una gran parte de la producción Fordista (el trabajo en línea de montaje) se trasladó a lugares del mundo anteriormente subdesarrollados. La industria que se mantuvo en los países desarrollados se orientó hacia el “post-Fordismo” (con la automatización, en lugar de la tecnología mecánica, en el núcleo de la producción). Dado el exceso de capacidad crónico de la economía mundial desde el final del boom posterior a la Segunda Guerra Mundial, y su arrastre en la tasa de ganancia, la búsqueda de ganancia excedente dirigió al capital fuera de foco de atención del Fordismo, del aumento del volumen de la producción, hacia la búsqueda de una nueva escasez relativa mediante la producción de nuevos productos (bienes de producción y de consumo) que le dan una posición monopólica o semi-monopolica en el Mercado y, por lo tanto, una ganancia excedente. El capital desarrollado depende cada vez más de esta forma de obtención de plusvalía. A pesar de que estas posiciones en el mercado son temporarias, un ritmo acelerado de la innovación tecnológica, o las campañas de mercado que transforman un zapato en “Air Jordan”, aseguran la continuidad de la ventaja competitiva.

Anteriormente han habido momentos en los que el mismo enfoque en la conquista de posiciones semi-monopólicas en el Mercado ha sido sorprendente, sobre todo alrededor del inicio del siglo XX y en la década los años 20, dos períodos en los que las contradicciones del capital también fueron madurando. Al igual que en la última década, fue posible, por un rápido ritmo de innovación tecnológica y de concentración de capital, y fue necesaria, por la amenaza de sobre-capacidad y de una caída de la tasa de ganancia.

Estos fueron también tiempos en los que el cambio tecnológico proporcionó el impulso para una extensión del nivel. Cada uno de estos períodos atraviesa dos fases: la primera, en la cual la propagación de nuevos métodos de producción reaviva el metabolismo y crea amplias oportunidades de ganancias excedentes, cuyo origen radica en el crecimiento de la producción de la plusvalía que el metabolismo hace posible, y la segunda, en la que se homogeniza el uso de los nuevos métodos de producción y el metabolismo en consecuencia se reduce. Fue por ejemplo, la homogenización del proceso de producción Fordista en el capitalismo desarrollado, lo que paralizó el boom posterior a la Segunda Guerra Mundial e hizo resurgir la sobre-capacidad y la caída de la tasa de de ganancia.

El mismo cambio tecnológico que creó las oportunidades de ganancia excedente en la era de la “globalización”, exacerbó las contradicciones del capitalismo. En la fábrica automatizada, el trabajo vivo, la fuente de la plusvalía, se reduce considerablemente. El rápido ritmo de innovación acelera la depreciación moral, la encubierta sobreproducción del capital constante. En ninguna parte son estas tendencias tan notables como en el sector más emblemático de la producción postFordista: los productos digitales. No hay duda de que los programas de computadoras y los demás productos de informática desempeñan, en la actualidad, un papel fundamental y creciente en la creación de valores de uso. Pero, a pesar de que pueden producir altos beneficios para los capitales que los producen, estos crean muy poco valor de cambio para el capital total. Lo que Marx escribió acerca de las máquinas: “Por más que la máquina pueda ser nueva y esté llena de vida, su valor ya no está determinado por el tiempo de trabajo necesario objetivado de hecho en ella, sino por el tiempo de trabajo necesario para reproducir, ya sea esa misma máquina o una mejor 27 también es cierto para estos productos. Ya que el ttsn requerido para su reproducción (para copiarlos) es casi nada, estos tienden a devalorizarse rápidamente y por lo tanto contienen muy poca plusvalía. Los beneficios obtenidos con su venta son las ganancias excedentes, que son resultado de posiciones de monopolio, protegidas por patentes y derechos de autor, que han sido considerablemente ampliados en las últimas décadas (Microsoft saca cerca de 3.000 patentes al año) y que son impuestas en el Mercado por el poder del Estado.

Por lo tanto, los programas de informática expresan claramente lo absurdo de la perpetuación de la forma-valor. Por un lado, estos aumentan potencialmente, a niveles hasta ahora inimaginables, la productividad y la versatibilidad de la producción y por lo tanto la riqueza real, por otro lado, hacen que disminuya el valor de cambio, la riqueza capitalista. Por un lado, son un medio para obtener ganancias excedentes, impuestos por el Estado más que por el Mercado, y por el otro, debido a su naturaleza social y su reproducibilidad casi sin valor, se resisten a la mercantilización e invitan a compartir, a la difusión ya no basada en la forma de valor.
En los últimos años, hemos visto una generalización de una miríada de aplicaciones de la tecnología informática en toda la cadena de producción globalizada. Así que también en este período de expansión, posiblemente el último importante en la historia del capitalismo, la fase de homogenización se ha iniciado, enfrentando al capitalismo una vez más con sus contradicciones insolubles.

Crisis, guerra y revolución

Ningún capitalista quiere ver a su capital perder su valor. Pero al tratar de evitar ese destino, mediante la reducción del valor individual de su producto por debajo de su valor social, más se acerca a esto. Hemos visto que el capital total sólo puede mantener su valor por la valorización. No puede dejar de acumular. Necesita reproducirse a sí mismo y crecer en el proceso … o desvalorizarse. Inevitablemente, la curva ascendente del crecimiento del capital existente se encuentra con la curva descendiente del desarrrollo de la creación y la realización productiva del nuevo valor. Entonces la crisis se hace necesaria para restablecer las condiciones de acumulación. Cuanto mayor sea el tamaño del capital existente en relación a la creación de nuevo valor, tanto más desvalorización se requiere y, por lo tanto, más profunda debe ser la crisis. La dominación real, inevitablemente, lleva a un punto en que el tamaño del capital existente es tan grande que la crisis por sí misma no puede lograr la desvalorización necesaria.
Teóricamente, siempre puede, ya que, en teoría, no hay un fondo por debajo del cual el valor del capital constante y variable, no puede caer, mientras que sea superior a cero. Por lo tanto, debe ser capaz de hundirse a un punto donde la reproducción expandida se vuelva rentable nuevamente. Pero en el mundo real, no puede. Las necesidades mínimas de la clase trabajadora para seguir siendo viable como capital variable y las necesidades mínimas de la sociedad para seguir siendo viable, son un fondo que se resiste a más desvalorización. Cuanto más profunda es la crisis, más sufren los capitalistas, más sufre la clase trabajadora, más aumentan las tensiones sociales. La inestabilidad del valor se traduce en la inestabilidad de la sociedad. La urgencia por detener la hemorragia, por romper el espiral y comenzar una dinámica inversa, se hace irresistible. En la medida en que todavía pueda, el Estado capitalista tiende a actuar en contra de la tendencia deflacionista bombeando dinero en la economía con el fin de estimular la demanda y apuntalar las tasas de ganancia.

En la medida en que tenga éxito, sabotea el mecanismo de la crisis que el proceso de acumulación necesita para curarse a sí mismo. O más bien, lo extiende, lo empuja hacia el futuro. El capital ficticio es utilizado para detener la desvalorización, pero todo ese nuevo capital ficticio, a su vez reclama beneficios futuros. Si la economía no los puede proporcionar, crece la inclinación a usar el poder industrial para objetivos militares, a tomar por la fuerza, en otras partes, la plusvalía que no puede crear, con el fin de satisfacer los reclamos de su capital y evitar su colapso.Esto encaja muy bien con la necesidad de controlar la turbulencia en la sociedad con el nacionalismo y la fijación de la ira social en un enemigo común.


Por lo tanto el desarrollo de la dominación real, en algún momento muy “naturalmente” conduce a la guerra, si el capitalismo está en condiciones de imponerla en la sociedad. Esta guerra es librada, en primer lugar por el botín, pero al mismo tiempo, se vuelve funcionalmente necesaria para la continuación de la economía basada en el valor. Tiene que terminar lo que comenzó la crisis. Por lo tanto, se convierte en una parte integral del ciclo de acumulación. Esto no significa que la guerra es una respuesta mecánica a la necesidad de desvalorización, que esta última por sí misma determina cuando y donde estallará la guerra, cuanto durará o cuan devastadora será. La historia no es un mecanismo de relojería. Las guerras no son monocausales, pero el presente artículo no es el sitio para examinar su complejidad. Sin embargo, la conclusión teórica de que el desarrollo de la dominación real conduce a un punto donde la crisis por sí misma no puede restablecer las condiciones para la acumulación, corresponde a la realidad de las guerras mundiales del siglo XX.
Las guerras, por supuesto, no eran nada nuevo. El capitalismo libró guerras revolucionarias y guerras de conquista, a veces ambas al mismo tiempo. Pero nunca habían sido tales orgías de autodestrucción. Nunca el capitalismo se había canibalizado a sí mismo, a nivel mundial y con una eficacia industrial. Nunca hubo tanto valor destruido. Al márgen de las intenciones y patologías de los belicistas, esta fue la función que cumplieron las guerras en el proceso de acumulación. Cientos de millones de personas murieron, para que el valor pudiera vivir.

La Primera Guerra Mundial, por lo tanto, puede ser considerada como la manifestación de un nuevo marco histórico para la reproducción de la sociedad. Un marco en el cual, en intervalos irregulares, una combinación de crisis y guerra es necesaria para limpiar el sistema. Este nuevo período se ha denominado “la decadencia” 28. Para la clase trabajadora significa que elegir el capitalismo (confiar en el, aliándose con el, integrándose en el) a final significa elegir el suicidio. Con el inicio de la decadencia, la brecha entre la crítica positiva y la crítica negativa del capitalismo se hace insalvable.
Por definición, las guerras son una enorme pérdida de valor para el capital total. Pero eso es lo que es necesario para el proceso de acumulación. Esto no quiere decir que cualquier guerra necesariamente restablece las condiciones para la acumulación. Lo hace sólo en la medida que tiene el mismo efecto que la crisis, sólo que mayor medida. La guerra desvaloriza al capital destruyéndolo, eliminando así, su reclamo de beneficios futuros, restaurando el equilibrio entre las exigencias de capital existente y la creación de valor real. A este respecto, la Segunda Guerra Mundial fue mucho más eficaz que la Primera Guerra Mundial, lo cual fue una de las razones por las que el boom posterior a la Segunda Guerra Mundial duró tanto tiempo. El que su fin no haya desencadenado de inmediato un colapso económico mundial, no se puede explicar sólo por la intervención del Estado capitalista y la creación masiva de capital ficticio, aunque esto haya contribuido a postponer la hora del ajuste de cuentas. Pero la razón principal por la que pudo ser postpuesto, fue la “globalización” y su impacto beneficioso sobre la tasa de ganancia y el crecimiento de la demanda productiva. Esto no fue suficiente, sin embargo, para restaurar la tasa de crecimiento mundial, la cual se desplomó a principios de la década de 1970 y nunca se ha vuelto a recuperar 29. Mientras tanto, el crecimiento del capital ficticio se ha acelerado desde entonces. En esta década, el desequilibrio entre el dinero como mercancía general, para la circulación de otros productos, y el dinero como mercancía particular, acumulado por su reclamo de valor futuro, ha crecido hasta alcanzar proporciones grotescas. Se ha estimado que el primero representa sólo el 2% de las transacciones monetarias de un día cualquiera. 30 Todo el resto es el dinero cambiado por sí mismo, es decir, por su esperada capacidad de crecimiento en valor, reclamando su parte de la plusvalía que aún no ha sido producida. Por lo tanto, los pocos trillones de dólares, euros y otras monedas que se evaporaron desde el colapso de la burbuja inmobiliaria estadounidense que desencadenó el retorno de la crisis, representan sólo una pequeña fracción de la riqueza capitalista que todavía tiene que desaparecer para el restablecimiento de las condiciones de acumulación.

Así que, una vez más, el capitalismo está en camino hacia el colapso y / o la guerra. Pero el futuro no va a recrear el pasado. No estoy prediciendo la Tercera Guerra Mundial. Lo que sí predigo es que la desvalorización continuará y empeorará. No está dado como va a reaccionar ante esto la clase capitalista, y más importante aún, como va a reaccionar ante esto la clase trabajadora. Pero la clase capitalista en realidad no tiene muchas opciones, salvo las formas y medios que esta emplea para tratar de mantener su control sobre la sociedad. La clase trabajadora tiene una alternativa. Puede no hacer nada y aferrarse a la esperanza irracional de que al final las cosas de alguna manera se resolverán por sí mismas. O puede tomar su futuro en sus propias manos y, finalmente, terminar con el dominio de la forma-valor sobre la sociedad.

El tiempo para pensar en la revolución es ahora.

SANDERR

Junio 2009

1 Marx, Grundrisse (Edición Penguin), p.197-198

2 Ídem, p.212

3 Ídem, p.704-705

4 Marx, Capital vol.1, (edición Penguin) p. 656

5 Marx, Results of the immediate production, apéndice de Capital, vol.1, p.1024

6 Marx consideró a la fuerza de trabajo necesaria para que la mercancía llegue al alcance del consumidor como una extensión de la producción en la fase de circulación, y por lo tanto que adiciona valor a la mercancía y crea plusvalía para el capital.

7 Marx, Grundrisse, p.706

8 Ídem, p.340

9 Marx, Economic Manuscripts of 1861-63, tercer capítulo. Capital y Ganancia, parte 6

10 O, en otras palabras, la ganancia excedente. Más información acerca del proceso de igualación de la tasa de ganancia en “Las raíces de la crisis capitalista, parte 3: De la caída al colapso”, Internationalist

Perspective 32-33. La caída tendencial de la tasa de ganancia es uno de los análisis de Marx más impugnados. Parece ir contra lo intuitivo: El incremento de la productividad mediante la innovación tecnológica significa más beneficios para el capitalista, por consiguiente ?por qué no debe significar lo mismo para el capitalismo? La respuesta es que los intereses de los capitalistas individuales y los del capital total, el sistema del valor, frecuentemente entran en conflicto. La irracionalidad del capitalismo es la suma de un sinnúmero de decisiones racionales de los capitalistas. La “prueba”de la caída tendencial de la tasa de ganancia, una mera cortina de humo, que supuestamente fue dada por el teorema de Okishio, quien llegó a la conclusión opuesta a la de Marx. Sé poco de matemáticas, pero sé que cualquier esquema de este tipo sólo puede ser tan bueno como sus supuestos. Okishio parte del supuesto de que las mercancías mismas tienen igual precio antes y después de la producción. El dió por supuesto que su valor es estable mientras que la cuestión para Marx era precisamente, que cae. Así que la conclusión de Okishio y su punto de partida eran lo mismo. Más sobre esto en: Kliman: Reclaiming Marx´s Capital, capítulo 7, Lexington Books 2007.

11 Según Paul Samuelson, ”los economistas de todas las escuelas pueden estar de acuerdo en que Karl Marx hizo una contribución estelar” (con su análisis de la reproducción expandida). (Samuelson, Economics (McGraw Hill, décima edición), p.865.

12 Ver Marx, Capital, vol.3, (New World Paperbacks), capítulo 10, p.191.

13 Marx, Grundrisse, p.340.

14 Marx, Capital, vol.2 (Penguin) p. 470.

15 Marx, Results…op.cit. p.1037

16 Marx, Theories of Surplus-Value, vol.3, (ed. Progress) p.118

17 Marx, Capital, vol.3, p.245.

18 Marx, Capital, vol.3, p.305.

19 Marx, Capital, vol.1, p.726-727.

20 Marx, Results…, p.1046.

21 Marx, Theories…, vol.3, p.88.

22 Marx, Grundrisse, p.218.

23 Stephen Roach: Economic Armageddon Predicted. Boston Herald, 23 de nov., 2004.

24 Entre otros, por: Peter Gowan, ”Crisis in the Heartland”, en New left Review 55.

25 Capital, vol.1, p. 875.

26 Capital, vol.3, p. 238.

27 Capital, vol. 1, p. 528.

28 Este no es un término perfecto, ya que generalmente se asocia con la inmoralidad y, en la política marxista, con la posición de que el capitalismo llega a un punto en el que ya no puede desarrollar sus fuerzas productivas. Nosotros, por el contrario, pensamos que estas se han desarrollado considerablemente durante la decadencia del capitalismo, ya que lo que hace que se desarrollen, la búsqueda de la ganancia excedente, se ha intensificado. Para dar nombre a este nuevo marco, algunos prefieren el término ”era de retrogresión”, otros ”crisis permanente”. Este último término no es, en mi opinión, una buena opción, ya que, por su propia naturaleza, ninguna crisis es permanente. Pero, más importante que la elección de un nombre es el reconocimiento de que se ha iniciado una nueva fase, para el mundo, y para la lucha de la clase trabajadora en particular.

29 El promedio per cápita de la tasa de crecimiento a nivel mundial fue 2,9 % de 1951-1973 y 1,6 % de 1974-2003. (Datos anuales de Angus Maddison)

30 Ver: Bernard Lietaer, The Future of Money, Random House 2002.

 

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