POR QUE NO PODEMOS RESPIRAR

No hace falta volver a describir esas terribles imágenes. Todos las vieron. Al instante se convirtieron en un poderoso símbolo que resonó en todo el mundo: Parecían decir “Vamos a mantener nuestra rodilla sobre tu cuello hasta que te mueras”. Pronto se notó que muchos sentían la presión de la rodilla en sus cuellos: la presión de la falta de respeto y la discriminación; la presión de ser despojado de un futuro; la presión de la brutal represión y el control. Por segunda vez, el grito desesperado de un hombre asesinado por la policía por haber transgredido las reglas del comercio, fue asumido por miles: “¡No puedo respirar!”

Pero ahora el clamor es mucho más intenso, está resonando en setecientas ciudades estadounidenses y en todo el mundo. Su simbolismo también resuena poderosamente. “No podemos respirar” es una consigna particularmente apta para hoy en día.

No podemos respirar porque tú avivas el odio y la violencia, el racismo, el nacionalismo y la xenofobia para dividirnos y que tú puedas gobernar;

No podemos respirar porque nos quitas nuestros medios para poder tener una vida digna y nuestras esperanzas para el futuro mientras enriqueces (más y más) a los ricos;

No podemos respirar porque envenenas nuestro medio ambiente, mientras destruyes la vida en la Tierra en pos de tus ganancias;

No podemos respirar porque facilitas las pandemias, y luego nos encierras y envías, a hombres y mujeres con los salarios más bajos, la mayoría de las veces hombres y mujeres negros o de piel oscura, a trabajar en condiciones peligrosas;

No podemos respirar porque, mientras exaltas la libertad, tu Estado es un pulpo que extiende sus tentáculos a todos los aspectos de la vida; nos espías, tu policía es un ejército, entrenado para hostigar, cazar, matar y, sobre todo, para intimidarnos, para mantenernos subyugados.

No podemos respirar porque, si bien afirmas estar dedicado a la justicia, sudas la injusticia por todos los poros. Cuanto más se hunde en crisis tu sistema, tanto más engendra corrupción, opresión, explotación, odio, discriminación y violencia.

Lo que este grito mundial está diciendo, incluso si la mayoría de los que lo están gritando tal vez no sean conscientes de esto, es: Capitalismo, nos estás sofocando.

A excepción de un alcalde retrógrado en Mississippi, que no vio nada malo en el asesinato, toda la clase dominante lo condenó rápida y unánimemente. Incluso los partidarios de la línea dura de la policía estaban “horrorizados”, “aterrados”, “espantados”, “asqueados”, “indignados”, etc. “¡Él no es uno de nosotros!”, querían asegurarnos: “Miren, ¡Nosotros lo pusimos tras las rejas!” Y, de hecho, nunca antes un policía asesino fue despedido y arrestado tan rápidamente. Lo que es en gran parte gracias a la omnipresencia de los teléfonos celulares. Si no se hubiera filmado, este asesinato sólo habría sido una tragedia local. Un mero dato estadístico. La policía estadounidense mata en promedio a unas 1.100 personas cada año, la mayoría negras ó de piel oscura. George Floyd no fue el primer hombre negro asesinado por Derek Chauvin. Tampoco fue excepcional la forma en que el policía lo mató; su “técnica” de asfixia es utilizada por policías de todo el mundo.

 Aquí la “técnica” es usada contra un manifestante palestino

La clase dominante no quería echar más leña al fuego, pero el fuego se extendió de todos modos. El movimiento tuvo erupción como un volcán, imprevisto para los sismólogos políticos. La policía fue movilizada para contenerlo. Hay 700.000 policías en los Estados Unidos. En las últimas décadas han sido fuertemente equipados con entrenemiento y material militar. Inicialmente, se detuvieron. No parecía inteligente tratar de sofocar un movimiento desencadenado por la violencia policial con más violencia policial. Pero a medida que aumentaron las tensiones, la moderación a menudo dio paso a formas brutales de control de multitudes. Innumerables manifestantes fueron golpeados, algunos incluso asesinados con municiones de plomo. Se usaron gases lacrimógenos, gas pimienta y balas de goma en grandes cantidades. Los propietarios de las empresas que producen esto deben haberlo visto con alegría.

A veces vimos a los policías soltar sus porras y marchar con los manifestantes, levantar el puño o “arrodillarse” en solidaridad. No nos dejemos engañar por esto. Llegará un momento en que algunos policías rechazarán órdenes y se unirán a la lucha, pero esto no es lo que está pasando ahora. Mientras que estos “buenos policías” calmaron a los manifestantes, sus colegas estaban parados detrás de una esquina, armados hasta los dientes, listos para romper algunos cráneos.

La policía no fue suficiente: la guardia nacional se movilizó en 32 estados, cuatro divisiones regulares del ejército se pusieron en estado de alerta, y todo tipo de agentes policiales como ICE, la DEA y la policía antidisturbios del Buró Federal de Prisiones fueron lanzados a la batalla. La policía militar fue llamada para ayudar a defender la Casa Blanca. Se impusieron toques de queda (no con mucho éxito). Aún así, las manifestaciones de protesta aumentaron y el saqueo aumentó.

La clase dominante nuevamente fue unánime en su condena al saqueo, pero su actitud hacia esto varió. Para la derecha, fue una oportunidad para cambiar la narración: el asesinato de George Floyd se convirtió en una historia de trasfondo, la verdadera historia era ahora nada menos que “una batalla entre la civilización y la barbarie”, como lo presentó Tucker Carlson, un periodista de televisión de Fox News. “Mano dura” es lo que se necesita. El odiador- en-jefe de la Casa Blanca, cuando escapó de su búnker, se unió, amenazando con desplegar el ejército, para desencadenar a los “perros viciosos”, declarando a Antifa 1como organización terrorista (Antifa, si fuera una organización, debería retribuir el favor y declarar a su gobierno como una organización terrorista), exhortando a las autoridades locales a “dominar las calles”, despejando un trayecto con gases lacrimógenos para agitar una Biblia frente a una iglesia, y así sucesivamente. Evidentemente él espera ser reelegido como el candidato de la ley y el orden, el hombre fuerte, implacable e inquebrantable que es necesario en este momento de creciente ansiedad y caos.

Para la izquierda (usando este término de manera muy amplia), la protesta contra el asesinato de George Floyd siguió siendo la historia principal. La mayoría de los grandes medios de comunicación y políticos hicieron una clara distinción entre “los manifestantes pacíficos” y “los elementos marginales violentos”. Al calificar a estos últimos como extraños malvados, alborotadores profesionales, sanguijuelas en el movimiento, todos exhortaron a los manifestantes a mantenerse alejados de ellos y buscar el cambio por medios pacíficos, como votar y rezar. Pero la segunda consigna en popularidad del movimiento es “¡Sin justicia, no hay paz!” ¿Cómo puede el movimiento ser pacífico y rechazar la paz al mismo tiempo? Por “pacífico”, los demócratas y los demás quieren decir inofensivos para el capitalismo, respetuosos de sus reglas. Quieren hacernos creer que se puede lograr un capitalismo mejor y más humano si votamos por ellos. Presentan la realidad al revéz: la sociedad capitalista no es inhumana debido a los malos policías y los malos políticos, estos últimos son el producto de un sistema que es inhumano en su escencia.

En cuanto al saqueo, se necesita tener en cuenta el contexto. El capitalismo se basa en el saqueo. Desde sus comienzos hasta ahora, ha saqueado el trabajo humano y los recursos de la tierra sin descanso para acumular ganancias. Recientemente, su programa de estímulo arrojó cientos de miles de millones de dólares a los propietarios del capital a expensas de todos los demás. Ha mantenido su rodilla en el cuello de los afroamericanos en particular, primero mediante la esclavitud, luego a través del terror de Jim Crow y en la actualidad a través del encarcelamiento masivo. Mantengamos las cosas en proporción.

Así que no derramamos lágrimas cuando vemos en llamas la estación de policía de los policías asesinos de Minneapolis, cuando vemos las ventanas rotas del Bank of America y el Manhattan Chase, cuando la policía es apedreada y los coches patrulla son quemados, cuando son saqueadas grandes cadenas como Target (=”el Objetivo/el Blanco”, con ese nombre, se lo estaban buscando) que pagan mal a sus trabajadores y cobran de más a sus clientes, cuando los niños que apenas ganan lo suficiente para sobrevivir alegremente vacían tiendas de lujo que atienden a los ricos. Se merecen lo que consiguieron.

Pero también está la violencia sin sentido, como los ataques a pequeños almacenes de comestibles, restaurantes, peluquerías, etc., muchos de propiedad de personas negras o inmigrantes que a veces, cuando defendían sus tiendas, fueron golpeados e incluso asesinados a tiros. No hay excusa para esto. Sus víctimas son inocentes. En un barrio pobre de Minneapolis, los únicos lugares donde se vendían alimentos fueron destruidos. Con el servicio de transporte colectivo suspendido, la gente allí vive ahora en un desierto sin comida.

¿Quiénes son estos saqueadores?

Muchos son jóvenes desempleados o que ganan un salario miserable, que aprovechan la oportunidad de obtener cosas gratis, incluso cosas para las que nunca podrían ahorrar lo suficiente para poder comprar. Son niños de escuela que disfrutan de un vertiginoso momento de libertad. Son personas que se llevan comida, zapatos, ropa y, por supuesto, papel higiénico, porque lo necesitan o para poder venderlos para sobrevivir.

Después están los delincuentes profesionales, viendo una oportunidad para obtener ganancias inesperadas. Ellos vienen en equipos bien organizados, con palancas, cortafierros y pistolas, cargando camionetas mientras los ejecutores enfrentan cualquier resistencia. A veces compiten con otras bandas por territorios a saquear.

Además, hay anticapitalistas equivocados que romantizan la violencia y el aruinar por aruinar, creyendo que eso socavará al sistema. En la práctica, es difícil distinguirlos de los supremacistas blancos que anhelan una guerra racial y quieren que Trump sea reelegido y creen que el caos contribuirá para ambos fines. Los hombres blancos que daban vueltas por los barrios pobres de Atlanta dando ladrillos a los adolescentes podrían pertenecer al primer grupo o al segundo. ¿Quiénes fueron los que conducían disparando en Davenport y mataron a un manifestante? Raramente se identifican como sucedió en el caso de una cuenta de Twitter llamada ANTIFA_US que tuiteó: “ALERTA Esta noche es la noche, camaradas. Esta noche decimos” F ** k The City = a la M**da con la Cuidad” y nos vamos a las zonas residenciales … los barrios blancos … y tomamos lo que es nuestro #BlacklivesMaters # F ** kAmerica = a la M**da con los Estados Unidos “. Fue retuiteado por muchos derechistas, incluido Donald Trump jr. quien lo calificó como prueba de que su padre tenía razón al llamar a Antifa una organización terrorista antes de que se revelara que era una cuenta falsa creada por racistas blancos.

Inicialmente, la policía a menudo parecía ignorar el saqueo. Concentró sus esfuerzos en enfrentar las manifestaciones. Los agentes de policía fueron vistos en sus autos, sin hacer nada, mientras se llevaban a cabo saqueos ante sus ojos. Sólo podemos especular sobre sus motivos. ¿Estaban asustados (no sin razón), esperando un refuerzo de seguridad que no llegó? ¿Estaban enojados por ser los chivos expiatorios por todo? ¿Querían que hubieran saqueos con la esperanza de que desacreditaran al movimiento? ¿O mostrarle a “la gente que tiene participación en la sociedad” (para tomar prestada otra expresión de Tucker Carlson) cuan necesarios son ellos?

Cada vez más, los manifestantes comenzaron a resistir el saqueo y los actos de destrucción sin lógica porque los veían sin sentido y que desviaban la atención de su objetivo.

Pero ese objetivo es vago. Obviamente, en este caso, todos están de acuerdo en que los policías asesinos deben ser castigados, y las autoridades con gusto los sacrificarán, si eso calma el estado de ánimo. También reconocen que la policía necesita una mejor capacitación, aunque en la práctica eso probablemente significará que se harán más conscientes de cómo son vistos cuando están siendo filmados. Aumentaron los cargos contra el principal culpable y presentaron cargos contra sus cómplices. Parecen estar preguntando: ¿Qué más quieren?. Pero aún así, las protestas siguen aumentando.

¿Qué queremos? No estamos seguros. Más que esto. Libertad. Respeto. Liberación de las preocupaciones de como sobrevivir. Continuar con la alegría de estar juntos, seamos negros, blancos ó de piel oscura, creyendo y luchando por nuestro futuro común. Eso es lo que queremos, estar juntos, luchar juntos. No nos digas que nos retiremos, que regresemos a la normalidad, que votemos y recemos.

Pero hoy en día estar juntos conlleva riesgos. Somos testigos de una contingencia sin precedentes: una propagación explosiva del descontento social y, al mismo tiempo, una propagación explosiva de una pandemia. La pandemia tuvo un rol en los eventos. Por un lado, avivó la protesta de diferentes maneras. El número desproporcionadamente alto de víctimas de Covid-19 entre las personas negras y de piel oscura alimentó la ira. Puso en relieve la grave falta de financiación de la asistencia sanitaria en las zonas urbanas pobres, las condiciones de vida poco saludables allí y el hecho de que muchos trabajadores esenciales se vieron obligados a trabajar sin la protección adecuada. No es casualidad que, en Nueva York, por ejemplo, el distrito más rico (Manhattan) tenga el menor número de muertes de Covid per cápita y el distrito más pobre (el Bronx) el número más alto. Otro factor es el relativo vacío de las calles, lo que facilita que los manifestantes las ocupen (y que los saqueadores hagan lo suyo). Luego está la necesidad de muchas personas, especialmente los jóvenes, después de meses de relativo encierro, de estar en la calle, terminar con su aislamiento y estar junto a otros. Para muchos, la alegría de luchar juntos es una experiencia estimulante que no olvidarán.

Las prácticas de distancia social se tiran por la ventana. ¿Cómo podría haber sido de otra manera? Aún así, el miedo al contagio aleja a muchos de la protesta, especialmente a las personas mayores. La gran mayoría de los participantes son menores de 35 años. La mayoría usa máscaras pero están muy juntos. Especialmente cuando son arrestados y encerrados en cárceles superpobladas, lo que le ha pasado a miles de manifestantes. Después está el gas lacrimógeno, que es disparado en abundancia: puede dañar los pulmones y hacer que la gente sea más vulnerables al virus.

Los expertos en salud advirtieron que es probable una segunda ola de contagios, ya antes de que comenzara la agitación actual, porque varios estados comenzaron a “reabrir” la economía, con prisa imprudente, en su afán por hacer que la máquina de ganancias vuelva a funcionar. Esa es la razón principal por la cual los contagios aumentarán nuevamente, porque el riesgo es mayor en los espacios interiores. Pero cuando se materialice esta segunda ola, sin duda Trump va a culpar a los manifestantes.

Como aquí en Louisville, las mujeres blancas a menudo hacían un “escudo” frente a las manifestaciones con la esperanza de mitigar la violencia policial.

Las protestas callejeras terminarán. ¿Significará eso un regreso a la normalidad?

Por lo menos, los participantes de este movimiento global se llevarán a casa algunas lecciones valiosas.

Una es una lección de aumento del potencial. Aprendieron que, al luchar juntos, pueden arrinconar al Estado, que se pone a la defensiva, y enfocar la atención de todos en el objetivo de la lucha. Una nueva generación ha descubierto el potencial y la alegría de la lucha colectiva. Y no se descarrilará por división racial. Probablemente nunca ha habido un movimiento social de masas en la historia de los Estados Unidos que sea tan diverso en su composición racial. Y no se dejó capturar por organizaciones y líderes que hablaban en su nombre, aunque la Red “Black Lives Matter”, que tiene secciones en muchas ciudades y ha recibido financiación de algunas grandes empresas, haya jugado un papel importante en la organización de muchas marchas. La mayor parte de las acciones son espontáneas y fluidas. No hay un conjunto fijo de demandas, las metas son móviles. Pero hasta ahora, no han ido más allá del objetivo de terminar con el maltrato policial de las minorías raciales. En los últimos días, las demandas para “disminuir los fondos de la policía” e incluso para “abolir la policía”, se han vuelto más intensas.

Algunos políticos, como los alcaldes de Nueva York y Los Ángeles, han expresado su simpatía por la campaña de des-financiación, pero lo que quieren decir con esto es que una cantidad modesta de fondos de la ciudad se trasladaría del presupuesto policial a algunos programas sociales. Dado el tamaño de los presupuestos policiales en los EE. UU. ($ 115 mil millones en 2017, según el Urban Institute; el presupuesto de la policía de Nueva York, $ 6 mil millones, es mayor que el de la Organización Mundial de la Salud) esto no cambiaría mucho, en absoluto . La demanda de abolir la policía es interesante porque nos anima a tratar de imaginar un orden social diferente. ¿Cómo sería un mundo sin policía? MPD150, un grupo con sede en Minneapolis que promueve esta demanda, explica que sería un proceso paso a paso “reasignar estratégicamente recursos, fondos y responsabilidades alejándolos de la policía y dirigiéndolos hacia modelos de seguridad, apoyo y prevención basados en la comunidad”. Pero no tiene sentido querer abolir la policía sin querer abolir también el capitalismo. El problema con este y otros planes que suenan radicales, como el New Deal verde o las fronteras abiertas, es que son demasiado tímidos y utópicos a la vez. Por sí mismos, no resuelven nada y también son imposibles de realizar dentro del capitalismo. Nosotros también queremos abolir la policía, tener fronteras abiertas y una producción que no contamine. Pero estas no son partes opcionales de la sociedad capitalista que puedan ser desconectadas. Tenemos que tomar el toro por las astas.

Este movimiento es un gran paso adelante, pero todavía tenemos un largo camino por recorrer. Muchas ilusiones tendrán que ser dejadas de lado. Aquellos que esperan que, como resultado de este movimiento, la policía se volverá más amable, los pobres serán tratados con respeto y la discriminación racial terminará, tienen por delante un duro despertar. Por supuesto, todos aplaudirán la idea de que las vidas negras importan. La mayoría de las grandes corporaciones estadounidenses han publicado mensajes alegando que están dedicadas a ello. Decenas de políticos se han “arrodillado” en apoyo de esto. Pero en realidad, en el capitalismo las vidas sólo importan en la medida en que son útiles para la acumulación de valor. En este mundo muchos millones no lo son, y sus vidas no importan demasiado. Eso no va a cambiar. El capitalismo siempre ha usado el racismo y la xenofobia para separar a la parte más pobre de la clase trabajadora del resto. Eso tampoco cambiará.

La normalidad a la que volvemos después de este movimiento es un mundo de dolor y miseria. El capitalismo hace que sea imposible usar directamente el potencial creativo humano para satisfacer las necesidades humanas. En términos generales, las necesidades sólo se satisfacen si es rentable hacerlo. Pero ese mecanismo de ganancias tiene problemas. El capitalismo está en crisis y seguirá estando en crisis después de que la actual pandemia haya terminado. La normalidad que nos espera es un mundo de comedores populares, desalojos, ansiedad y depresión, de alto desempleo, mientras que la riqueza social se dirige de la clase trabajadora a los ricos y los gobiernos se preparan para la guerra.

Los crímenes de pobreza aumentarán. Recordemos por qué fueron arrestados los dos hombres cuyas últimas palabras ahora son tan famosas. Eric Garner fue acusado de vender cigarrillos sueltos (robando dinero de los impuestos del Estado) y George Floyd por pagar en un almacén de comestibles con un billete falsificado de 20 dólares (un sacrilegio). Delitos de pobreza. Murieron porque eran pobres y negros.

El malestar social aumentará. Las contradicciones de clase se volverán más evidentes.

Y la policía será la policía. Al márgen de las reformas que ahora puedan ser implementadas, de las leyes que puedan ser promulgadas, de las estatuas confederadas que puedan ser tiradas abajo, la policía hará lo que tiene que hacer, proteger la ley y el orden capitalistas. Para eso están. Será violento y será brutal.

Lo que esperamos que suceda, después de que termine este movimiento, es que muchos se nieguen a volver a la normalidad.

Que el espíritu de lucha sobreviva a las manifestaciones masivas.

Lo que esperamos es que aumente la comprención de que la discriminación racial, la pobreza y la brutalidad policial sólo terminarán cuando termine el capitalismo.

Lo que esperamos es que la lucha se extienda desde las calles hasta los lugares de trabajo. Solo así tendrá el poder de cambiar el mundo.

Lo que esperamos es que el puro absurdo del mundo agite la imaginación hasta el punto en que nos veamos obligados a hacernos una pregunta colectiva: ¿cómo es el mundo en el que queremos vivir y cuál dejaremos atrás ?

PERSPECTIVA INTERNACIONALISTA

7/6/2020

1Antifa, en EE.UU., es una red flexible de activistas antifascistas que se enfocan (a menudo literalmente) en luchar contra la extrema derecha. Antifa no tiene sitio web, estructura organizativa, líderes ni portavoces, pero ahora es mundialmente famosa gracias a Trump.

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