¿Por qué Estados Unidos lanzó una “operación militar especial” en Venezuela? ¿Para conseguir con sus codiciosas manos el petróleo y otros recursos en ese país? ¿Para sacar a su rival imperialista China y sus aliados (Rusia, Cuba, Irán) de la región y advertir a otros países latinoamericanos del precio que podrían tener que pagar por su presencia? ¿Para conseguir una victoria fácil y ‘gloriosa’ para reforzar los decaídos números de Trump en las encuestas? La respuesta correcta es “todo lo anterior”.
Lo que sí es seguro es que no se hizo por el contrabando de drogas —ese pretexto fue una mentira tan transparante como la afirmación de Putin de que el propósito de su invasión de Ucrania era la desnazificación— ni tampoco se hizo en defensa de la democracia, Estados Unidos prefiere a la vicepresidenta de Maduro al mando porque cuenta con el apoyo del ejército, en lugar de la oposición que ganó las elecciones – y menos aún por la hostilidad hacia el socialismo venezolano, ya que no existe ni existía socialismo allí, solo un capitalismo de izquierda corrupto y brutal, enemigo declarado de la clase trabajadora. 1
Esto nos dice que diferentes estados capitalistas, las grandes potencias pero también las más pequeñas, están desacreditando abiertamente sus propios ‘valores’ y reglas hipócritas (‘derecho internacional’, ‘derechos humanos’, la convención de Ginebra, etc.) para obedecer lo que ordena la crisis global del capitalismo: cuando tu capital pierde beneficios y mercados, ve y tómalos por la fuerza, no hace falta excusa. Los estudiantes de historia reconocerán este comportamiento como típico de los años previos a las Guerras Mundiales.
Entre las primeras reacciones ante esta escalada, apreciamos el siguiente artículo del grupo Angry Workers, que da en el clavo.
1 Para un análisis del capitalismo de izquierda en Venezuela, véase Venezuela y la “Revolución Bolivariana” (Parte 1) y Venezuela y la “Revolución Bolivariana” (Parte 2)

Venezuela: la lucha de clases contra el imperialismo y el mito de la independencia nacional
Los ataques del ejército estadounidense en Venezuela son una expresión del imperialismo, pero ¿cómo podemos responder a ellos? Es comprensible que la reacción de muchas personas sea manifestarse a favor de la «independencia nacional». Desde la perspectiva de la clase trabajadora y de la emancipación internacional, el grito de guerra por la «soberanía» es un mito peligroso. La situación en Venezuela forma parte de un panorama global de confrontación entre bloques y, como trabajadores internacionales, tenemos que encontrar formas de no quedar aplastados en medio.
Venezuela y China
Una de las razones que esgrime el Gobierno estadounidense para combatir el «comunismo» en Venezuela es su estrecha relación con «enemigos de Estados Unidos»: China e Irán. La noche antes de su secuestro, Maduro recibió a una delegación china de alto rango. Poco después de que terminara la reunión, se encontraba sentado en un helicóptero del ejército estadounidense. China es ahora, en la práctica, el único factor relevante que se opone al avance actual de los movimientos estadounidenses y alineados con Estados Unidos en América Latina (Milei/Argentina, Bukele/El Salvador, Nasrallah/Honduras, Kast/Chile, Mulino/Panamá, etc.).
China importa actualmente aproximadamente el 80 % de la producción diaria de petróleo de Venezuela, que es de 950 000 barriles al día (en noviembre de 2025, es decir, antes de que las tropas estadounidenses confiscaran el primer petrolero). No hay datos sobre los precios reales a los que China ha estado comprando petróleo venezolano durante los últimos 10 años ni sobre los precios a los que se cobra la «enorme colección de bienes» entregados por China a Venezuela a crédito (electrodomésticos de Haier, autobuses Yutong, automóviles). Incluso se instaló una fábrica para ensamblar autobuses Yutong en Yaracuy en 2015.
En Chancay, Perú, el gigante logístico chino COSCO opera un gran puerto de aguas profundas a 100 km al norte de la capital, Lima. Desde allí, el viaje a China dura 23 días, frente a los 40 días que duraba anteriormente. En Panamá, Estados Unidos quiere expulsar a China de los dos puertos situados a ambos extremos del canal (Colón y Balboa). Mientras tanto, Black Rock/MSC y COSCO se disputan las acciones. Panamá ha abandonado de nuevo el proyecto chino de cadena de suministro «Ruta de la Seda».
Parece que no hay tropas estadounidenses en Venezuela, al menos no en cantidades significativas. Cuando Trump anuncia que Estados Unidos gobernará ahora el país hasta que se produzca una «transición ordenada», esto solo puede basarse en la amenaza (hecha realidad con el secuestro de Maduro) de que podrían atacar de forma eficaz y letal en cualquier momento y en cualquier lugar.
La guerra en Ucrania y el genocidio en Palestina forman parte de este panorama
Podemos ver el resultado de la supuesta lucha por la «independencia nacional» en Ucrania: la clase trabajadora de ambos bandos es enviada al matadero. El Gobierno ruso necesita la guerra para mantener su poder y se vuelve cada vez más dependiente de los suministros de China e Irán. El Gobierno ucraniano depende totalmente del apoyo militar y financiero de la UE y EE. UU. y, a cambio, vende tierras agrícolas e infraestructuras a empresas occidentales. En lugar de «defender la democracia», el Estado ucraniano restringe los derechos sindicales y políticos y recluta por la fuerza a jóvenes para enviarlos al frente. Los «izquierdistas», como el Partido Verde en Alemania, pero también grupos más cercanos a nosotros, repiten el mito de la «autodefensa nacional» para exigir más y más armas para la masacre.
Ni siquiera el genocidio en Palestina puede entenderse fuera del contexto del enfrentamiento entre bloques. No fue casualidad que el enfrentamiento se intensificara poco después de que el Gobierno chino lograra sentar a la mesa de negociaciones a los Gobiernos de Arabia Saudí e Irán. Estaba claro que esto socavaba los anteriores Acuerdos de Abraham, negociados por Estados Unidos, y que el equilibrio de poder en la región cambiaría drásticamente. En ese momento, todos los que tenían intereses en juego querían ejercer su influencia. El territorio de Palestina se utiliza como moneda de cambio menor, en particular por parte del régimen de Irán, que es el principal patrocinador de Hamás. Por otro lado, Occidente y Estados Unidos refuerzan la maquinaria bélica israelí. Mientras que decenas de miles de palestinos más ricos pudieron huir de la región, la población proletaria local de Gaza paga el precio.
Podemos ver que la idea de «independencia nacional» en un mundo capitalista globalizado es un mito. El problema es que la contraparte del bloque estadounidense —es decir, Estados como China, Irán o Rusia— tampoco tiene nada que ofrecer en términos de liberación de los trabajadores. Mientras vemos banderas iraníes ondeando en las protestas contra la guerra en Gaza, en el propio Irán miles de trabajadores se enfrentan actualmente a las fuerzas estatales, protestando contra la inflación y el régimen. ¿De qué lado estamos?
La resistencia de la clase trabajadora contra la carrera hacia la guerra
Actualmente asistimos a una carrera armamentística mundial, liderada por Estados Unidos, que gastará más de un billón de dólares estadounidenses en defensa militar en 2026. La UE prevé un presupuesto militar de más de 2 billones de euros para los próximos siete años. Está claro que lo pagan recortando nuestros ingresos y prestaciones sociales, como la sanidad y la educación. Todos los gobiernos quieren normalizar esta preparación para futuras guerras; en el Reino Unido se nos repite constantemente que estamos en guerra con Rusia.
Tenemos que rechazar esto en nuestra lucha diaria. Tenemos que desarrollar una estrategia más amplia sobre cómo sabotear la maquinaria bélica, cómo defendernos de la agresión estatal, como los ataques a los migrantes por parte de las unidades del ICE. Necesitamos estrategias de resistencia proletaria clandestina, combinadas con luchas en las que tengamos un mayor poder colectivo. Los trabajadores de ST Microelectronics en Francia se declararon en huelga contra el uso de sus productos para fines militares, los conductores de tranvía de Múnich se negaron a conducir tranvías con anuncios de reclutamiento del ejército, los trabajadores portuarios de Génova bloquearon barcos con entregas de armas y convocaron una huelga general, los estudiantes de Alemania protestaron contra el intento del Estado de reintroducir el servicio militar obligatorio, los trabajadores sanitarios se manifestaron contra los planes de reclutarlos para el aparato médico militar, los trabajadores de DHL protestan contra la participación de su empresa en la logística militar, los trabajadores de VW denuncian el plan de la empresa de vender partes de las plantas a la industria armamentística.
Todas estas pequeñas luchas son expresiones de la cuestión del control obrero: ¿quién decide qué ocurre con las cosas que producimos o los servicios que prestamos? Tenemos que ampliar gradualmente esta batalla por el control al ámbito social. Contra la guerra global, por un futuro libre y comunista.
4 de enero 2025