No hace falta volver a describir esas terribles imágenes. Todos las vieron. Al instante se convirtieron en un poderoso símbolo que resonó en todo el mundo: Parecían decir “Vamos a mantener nuestra rodilla sobre tu cuello hasta que te mueras”. Pronto se notó que muchos sentían la presión de la rodilla en sus cuellos: la presión de la falta de respeto y la discriminación; la presión de ser despojado de un futuro; la presión de la brutal represión y el control. Por segunda vez, el grito desesperado de un hombre asesinado por la policía por haber transgredido las reglas del comercio, fue asumido por miles: “¡No puedo respirar!”
Pero ahora el clamor es mucho más intenso, está resonando en setecientas ciudades estadounidenses y en todo el mundo. Su simbolismo también resuena poderosamente. “No podemos respirar” es una consigna particularmente apta para hoy en día.
No podemos respirar porque tú avivas el odio y la violencia, el racismo, el nacionalismo y la xenofobia para dividirnos y que tú puedas gobernar;
No podemos respirar porque nos quitas nuestros medios para poder tener una vida digna y nuestras esperanzas para el futuro mientras enriqueces (más y más) a los ricos;
No podemos respirar porque envenenas nuestro medio ambiente, mientras destruyes la vida en la Tierra en pos de tus ganancias;
No podemos respirar porque facilitas las pandemias, y luego nos encierras y envías, a hombres y mujeres con los salarios más bajos, la mayoría de las veces hombres y mujeres negros o de piel oscura, a trabajar en condiciones peligrosas;
No podemos respirar porque, mientras exaltas la libertad, tu Estado es un pulpo que extiende sus tentáculos a todos los aspectos de la vida; nos espías, tu policía es un ejército, entrenado para hostigar, cazar, matar y, sobre todo, para intimidarnos, para mantenernos subyugados.
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